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  11 - Apolo y Marsias || 2010-03-09 || mitología || Grecia

En el anterior apunte vimos cómo en el tímpano de Conques un demonio le arrancaba la lengua a un monje, es de suponer, como castigo por haberse entregado a la música profana. El demonio sujeta una flauta de tubos, una siringa, que era característica del dios grecolatino Pan.

pan

Pan persiguiendo a un pastor. Vaso ático, c. 470 a.C. Museum of Fine Arts, Boston

Este dios estaba relacionado con el pastoreo y la fertilidad. Formaba parte del cortejo de Dionisio y, como a los sátiros, le atribuían un apetito sexual desenfrenado. Una tradición le hacía hijo de Penélope, que, en vez de aguardar casta como una pánfila a que volviera Odiseo, se habría acostado con Hermes (Herodoto. II, 145) o con uno de los pretendientes, de nombre Antínoo (Apolodoro. Ep.7, 38).

Un dios de aspecto caprino, relacionado con el sexo y que formaba parte del cortejo de Dionisio, como podemos imaginar, no tardó en ser considerado un demonio por los autores cristianos. Ignoro si fue precisamente porque Pan tocaba la siringa o por una tradición anterior, el caso es que durante el Medioevo estas flautas se relacionaban con el diablo, sobre todo como oposición a la lira y otros instrumentos de cuerda, que se adscribían al ámbito celestial.

Apolo, divinidad solar, por el contrario, era un dios mucho más grato a ojos cristianos. Apolo era un dios del orden, de la razón, de la armonía y ya desde tiempos clásicos se oponía a Dionisio y su corte, vinculada a las pasiones desordenadas. Uno de los atributos de Apolo era la cítara y, por extensión durante la edad media, los instrumentos de cuerda.

Esta oposición entre el viento y la cuerda, el mal y el bien, lo apolíneo y lo dionisiaco, fue reflejada en el arte del renacimiento a través del mito Apolo y Marsias, que era un sátiro fácil de identificar con Pan y, por ende, con Dionisio. Entre otros autores clásicos, lo contó Higino en una de sus fábulas:

«Se dice que Minerva [Atenea] fue la primera en fabricar flautas con un hueso de ciervo y se presentó a tocarla en un banquete de los dioses. Juno [Hera] y Venus [Afrodita] se rieron de ella porque era ojizarca y se le hinchaban las mejillas. Tras pasar por fea y ser objeto de burla al tocar, se marchó a una fuente en el bosque Ida. Se puso a tocar mirándose en el agua y vio que se reían de ella con razón. Entonces tiró la flauta y la maldijo para que, si alguien la cogía, sufriese un grave tormento.

»El pastor Marsias, hijo de Eagro, uno de los sátiros, la encontró. Practicando asiduamente con ella, cada día conseguía un sonido más dulce, hasta que desafió a Apolo para competir con el sonido de su cítara.
»Apolo accedió y tomaron como jueces a las Musas. Cuando ya Marsias se alejaba vencedor, Apolo dio la vuelta a su cítara y la hizo sonar, cosa que no pudo hacer Marsias con su flauta.

»Así pues, Apolo ató al derrotado Marsias a un árbol y se lo entregó a un escita, quien lo despellejó miembro a miembro y dio los restos de su cuerpo a su discípulo Olimpo para que los enterrara. De su sangre nació un río que es llamado Marsias».

(Higino. Fábulas. Traducción de Santiago Rubio Fernaz. Ediciones Clásicas. Madrid, 1997).

Unos ejemplos…

apolo y marsias

Perugino (1450-1523)

apolo y marsias

Rafael, c. 1509-11

apolo y marsias

Bartolomeo Manfredi, 1616-20

apolo y marsias

Giulio Carponi (1613 – 1678)


  10 - Conques || 2010-03-06 || arte || románico

En Conques, un pequeño pueblo del sur de Francia que formaba parte del Camino de Santiago, se encuentra la iglesia abalicia de Sainte-Foy. Fue construida en el siglo XI sobre una anterior, del siglo IX. Una de las razones por la que está considerada una de las obras más destacadas del románico francés es por el hermoso tímpano que decora la entrada.

Abadía de santa Fe, en Conques

Abadía de Sainte-Foy, en Conques. © Theo Jacobs

En el tímpano está representado el Juicio Final según Mateo. La escena se divide en tres niveles. Cristo ocupa la posición central. A su izquierda se muestra el Infierno, a su derecha el Paraíso. Los dos espacios son simétricos, pues el Infierno refleja inversamente la misma estructura del Cielo.

Tímpano de la abadía

División del tímpano sobre una fotografía de Kristobalite

A. Las trompetas del Juicio

En los extremos del nivel superior hay dos ángeles tocando sendas trompetas para anunciar la llegada de Cristo.

«Y enviará sus ángeles con poderosa trompeta y reunirán de los cuatro vientos a los elegidos, desde un extremo del cielo hasta el otro.» (Mateo, 25.29).

Nivel superior del Tímpano

En el centro hay otros cuatro ángeles. Dos nos miran hieráticos y llevan también trompetas, otros dos sostienen la cruz mientras descienden sobre la escena. Como señalan las inscripciones de la cruz, el de la derecha lleva la lanza de Longinus, con la que apuñalaron a Cristo, el de la izquierda, los clavos.

símbolos de la pasión

© Alien'or

B. El Juicio Final

El segundo nivel representa la separación de los justos y los condenados cada uno a un lado de Cristo, que ocupa la posición central. Es una imagen muy habitual y proviene de la descripción del Juicio Final de Mateo:

«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria y todos los ángeles con Él, se sentará sobre su trono de gloria, y se reunirán en su presencia todas las gentes, y se separará a unos de otros, como el pastor separa a las ovejas de cabritos, y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda.» (Mateo, 25.31).

segundo nivel del tímpano

B1. A la derecha, las ovejas, la procesión de los justos, entre los que se reconocen con facilidad a Pedro por las llaves del Cielo que lleva en la mano y, a su lado, a la virgen María. El tercer personaje de este grupo central, con barba y apoyado en un bastón, es el abad Dadon, un ermitaño que fundó la abadía a principios del siglo IX. A continuación, sujetando un báculo, viene el abad Oldoric, que levantó la primera iglesia. Este abad le da la mano a un personaje coronado, que lleva un cetro en la mano. Es Carlomagno, quien sufragó las obras de la primera iglesia.  

Segundo nivel, derecha

Sobre los justos, cuatro ángeles sostienen unas pancartas en las que están escritas las cuatro virtudes teologales: fe, esperanza, caridad y humildad. © Kristobalite (detalle).

Del resto de personajes, el más interesante es el monje Arosnide, que se encuentra en el extremo, medio en cuclillas. Su historia está relacionada con uno de los negocios más rentables del Medioevo, el tráfico de reliquias.

Según la leyenda, santa Fe (1), una mujer que vivió al final del siglo III, sufrió un terrible suplicio durante el mandato de Diocleciano. Había nacido cerca de la pequeña localidad galo-romana de Agen, en la región de Aquitania y había sido bautizada por el obispo de la ciudad, un tal Caprasio. Cuando apenas era adolescente, fue capturada por las tropas del procónsul romano Daciano y terminó decapitada al no renegar de su fe cristiana.

Al parecer, hacia el año 530, el obispo de Agen exhumó los presuntos restos de santa Fe —y digo presuntos porque vete a saber a quién pertenecían— y los atesoró en una iglesia que había a las afueras de la ciudad. Atraídos por la leyenda de la santa, al lugar acudieron multitud de peregrinos y su reputación no tardó en aumentar avivada por rumores sobre su poder milagroso.

Tres siglos más tarde, hacia el año 860, los monjes benedictinos de la abadía de Conqués tenían un problema. Aunque el lugar se encontraba en una de las rutas francesas del Camino de Santiago, carecía del suficiente prestigio para convertirse en un lucrativo foco de peregrinación, así que empezaron a buscar alguna reliquia que potenciara el interés por su iglesia. Se ve que no andaban bien de recursos, a pesar del apoyo que recibían de los monarcas carolingios, porque no se les ocurrió nada mejor que robar las reliquias de Agen (aunque quizá hubo otra motivación que desconozco, como alguna rivalidad entre los dos centros religiosos). El encargado del hurto fue este monje llamado Arosnide, quien, tras pasar seis años en Agen ganándose la confianza del clero local, un día consiguió apropiarse de las reliquias de santa Fe para llevarlas a Conquen, donde se custodian desde entonces. Lo cierto es que no puedo evitar sonreír pensando en este culebrón en torno a los santos despojos.

B2. En el centro se alza Cristo, sentado en el habitual trono en forma de mandorla. Con la mano derecha alzada señala el Cielo, donde irán los justos:

«Entonces dirá el Rey a los que están a su derecha: venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.» (Mateo, 25.34).

Con la mano izquierda indica hacia abajo, al Infierno, donde irán los pecadores:

«Y dirá a los de la izquierda: apartaos de mí, malditos, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles.» (Mateo, 25.41).

Las estrellas que rodean al trono, quizá hagan referencia al momento en que Cristo desciende del cielo para empezar el Juicio.

«Pero luego, en seguida, después de la tribulación de aquellos días, se oscurecerá el sol, y la luna no dará su luz y las estrellas caerán del cielo, y las columnas del cielo se conmoverán. Y entonces aparecerá el estandarte del Hijo del hombre en el cielo, y se lamentarán todas las tribus de la tierra y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad. » (Mateo, 25.29).

En la parte inferior, dos ángeles llevan cirios, símbolo de la luz.

cristo

© Jaufré Rudel

B3. Justo a la izquierda de Cristo hay cuatro ángeles. Dos de ellos miran a Cristo. El de abajo lleva un incensario y el de arriba el libro de la vida, donde está escrito el destino que le aguarda a cada uno en función de su comportamiento en la tierra:

«Y vi un trono alto y brillante y al que en él se sentaba, de cuya presencia huyeron el cielo y la tierra, y no dejaron rastro de sí. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante del trono; y fueron abiertos los libros, y fue abierto otro libro, que es el libro de la vida. Y fueron juzgados los muertos, según sus obras, según las obras que estaban escritas en los libros.» (Apocalipsis. 21.11).

Los otros dos están separando a los condenados impidiéndoles llegar al Paraíso. Uno lleva una espada y el otro una lanza. Sobre el libro hay una inscripción: SIGNATUR LIBER [VI]TE, que se puede traducir como «Aquí está el libro de la vida». En el escudo del ángel que lleva la espada hay otra inscripción, pero no la distingo bien.

angeles

© Jaufré Rudel

C. El Paraíso

C1. La parte correspondiente al Paraíso del nivel inferior incluye tres escenas. En la esquina superior está representada santa Fe, que está arrodillada, rezando, mientras recibe la bendición de la mano de Dios. Tras ella hay tres arcos que representan la iglesia de Conques. Los grilletes abiertos que cuelgan de la arquería simbolizan una de las especialidades milagrosas de santa Fe, la liberación de los cristianos en cautiverio.

Santa Fe

Santa Fe. © Kristobalite (detalle).

C2. A continuación está representada la resurrección de los muertos. Los ángeles ayudan a los difuntos a salir de las tumbas.

resurrección

© Kristobalite (detalle).

C3. Debajo se muestra la Jerusalén Celestial. Esta ciudad ideal se describe sobre todo en el Apocalipsis y, en esencia, simboliza la vida en la Gloria de Dios tras el Juicio Final.

«Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra han desaparecido; y el mar ya no existe. Y vi a la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo del lado de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su esposo. Y oí venir del trono una gran voz que decía: He aquí la morada de Dios con los hombres; él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y Dios mismo morará con ellos.»

Jerusalén Celestial

En el centro se encuentra Abraham, quizá rodeado por los santos inocentes. A su izquierda, con barba y un rollo de pergamino en la mano, están los profetas. A la derecha de Abraham, hay dos hombres, uno lleva un cáliz y otro una hoja de palma. Son los mártires. Tras ellos, dos mujeres simbolizan las vírgenes. Por último, sosteniendo un libro, los apóstoles.

D. Las Puertas

En la parte central del nivel inferior se encuentran, enfrentados, el Cielo y el Infierno.

conques

© Jaufré Rudel

D1. En la parte superior, el arcángel san Miguel y un demonio pesan las almas para ver qué lugar les corresponde. El demonio trata de hacer trampas y apoya un dedo en el platillo de su lado, pero es en balde y la balanza se inclina del lado de san Miguel.

Esta versión de san Miguel como pesador de almas es muy interesante. Parece ser que, en sus orígenes, la imagen provendría de los cristianos coptos de Egipto, que se habrían inspirado en la mitología egipcia, en el pesaje de almas de Anubis, y que se extendió por Europa a partir del románico. Tengo que investigarlo con más profundidad, pero la hipótesis me parece muy sugerente.

pesando las almas

San Miguel y el Diablo pesando las acciones buenas y malas de las almas. Los palos de la balanza se han perdido. © Kristobalite

D2. En la parte inferior, un ángel conduce las almas justas a la Jerusalén Celestial a través de la puerta del Cielo. Enfrente, un demonio, quizá Caronte, empuja a golpe de maza a las almas condenadas hacia la puerta del Infierno. Desde arriba, un alma recién evaluada en la balanza desciende por una trampilla. En el umbral abre las fauces el “monstruo engullidor”, en este caso el Leviatán. Este monstruo simboliza el abismo, el Infierno, y, aunque solía representarse de varias maneras, la más habitual era la de Leviatán.

Leviatán

Las fauces del Leviatán constituyen la puerta al Infierno. © Kristobalite

E. El Infierno

En el Infierno está el mensaje principal del tímpano, el cual está dirigido sobre todo a la nobleza, antes que al campesinado. En general, por entonces la Iglesia mantenía una tensa lucha de poder con los señores feudales por toda Europa. En esta disputa, los nobles disponían de la fuerza de las armas, mientras que el clero recurría al terror. Por eso los castigos infernales se recrean con tanto detalle. Debía quedar manifiesto que, tras la efímera vida en la tierra, aguardaba un tiempo infinito de suplicios para quien no siguiera el camino recto, es decir, para quien no aceptase el poder de la Iglesia (2). Como el mítico Carlomagno, los nobles debían de ser piadosos si no querían terminar en el Infierno para toda la eternidad.

el infierno

El Infierno. © Kristobalite

E1. Al lado del ángel con la espada, hay un demonio alado con una red en la que hay dos pecadores. Uno de ellos lleva una estaca o una lanza. Debajo de la red, un demonio sujeta a otro condenado mientras le muerde la espalda. Según Jean-Claude Fau, el que sostiene el bastón es el obispo Etienne, un antiguo abad de Conques que trató de robar las riquezas de la iglesia, a su lado, uno sobrino que le ayudó en el hurto. El que está siendo devorado es otro abad, un tal Begon II, que también intentó quedarse con el dinero de la abadía. Simbolizan el pecado de la simonía, la compraventa de cargos eclesiásticos y otros asuntos espirituales.

simonía

© Kristobalite (detalle).

E2. A continuación vemos a un demonio pisando a un hombre que sujeta un libro, ¿símbolo de la herejía? Por si fuera poco, otro demonio, con boca de pez, le muerde la cabeza. En el extremo, un demonio está obligando a tragar fuego a un condenado. Podría ser el castigo por la gula. Jean-Claude Fau sostiene que este último personaje representa al falsificador, al fraude, y que el demonio le está haciendo beber metal que ha calentado en el fuego, pero no sé bien en qué se basa.

Herejes

© Kristobalite (detalle).

E3. En la parte inferior, debajo de tres monstruos armados, hay tres condenados en manos de demonios. El que está a la derecha, junto a los ángeles, lleva una corona. Según Pierre Séguret se trata del emperador del sacro imperio Enrique V y con la mano está señalando, envidioso, a Carlomagno. Sigue un hombre regordete, con barba, que se está cubriendo pudoroso e impotente los genitales con las manos. Aunque se ha perdido parte del mástil, aún se aprecia cómo el demonio le está atravesando la cabeza con una lanza (fíjate en la punta que sobresale). Es el antipapa Gregorio VIII. El tercer personaje también está coronado. Se trata de Enrique IV, padre del primer condenado, que fue excomulgado por el Papa de Roma.

El tercero también parece un noble, por lo que en conjunto quizá simbolicen la ambición, la soberbia, el poder político que no respeta a la Iglesia.

conques

© Kristobalite (detalle).

E4. En la siguiente escena, un demonio se cierne sobre una pareja, mientras que otros dos están colgando bocabajo a un hombre, como en la carta del Colgado del Tarot. En este último caso, está representada la traición, pero no sé si sucede lo mismo en el tímpano de Conques. De hecho, la traición la veremos más adelante, está al lado del Diablo, al igual que sucede en la Divina Comedia. Más bien, teniendo en cuenta la pareja que está al lado, quizá esté relacionado con la lujuria, aunque habría que conocer bien la historia de la abadía. Quizá hubo una pareja que cometió alguna traición tremenda... En fin, habrá que investigar.

lujuria

© Kristobalite (detalle).

 E5. Sobre la puerta del Infierno ya hay dos condenados sufriendo tormentos. Uno, que parece un guerrero por la barba y la espada, tiene un demonio encima, el cual le está comiendo el cerebro. Si se está clavando la espada al cuello, que no está claro, podría representar el suicidio, la ira contra uno mismo. De lo contrario, tal vez simbolice la cólera.

conques

E6. El otro, que parece un monje por el peinado, está siendo torturado por dos demonios. Uno le está sujetando mientras le ahorca con su larga lengua; otro le está arrancando la lengua con unas tenazas. En la mano derecha, este último demonio lleva una flauta de tubos, característica del dios grecolatino Pan, por lo que podemos suponer que está siendo castigado por tocar música profana a pesar de ser un eclesiástico, es decir, por haber cometido sacrilegio o blasfemia.

musico

© Kristobalite

E7. En el otro extremo están asando a un condenado. Jaufré Rudel dice que representa a un cazador furtivo.

furtivo

© Jaufré Rudel

E8. En la parte inferior, al lado de la puerta, ale op, un caballero desmontado por dos demonios, que al infierno se entra humillado por muy poderoso que se haya sido en vida. Que no se le olvide a la nobleza cuál será su destino si se enfrentan a la Iglesia.

caballero

© Kristobalite (detalle).

E9. En el otro extremo, un demonio mete la cabeza de una mujer embarazada en las llamas que salen de una olla; bajo ésta hay un sapo, signo de brujería. En la época, las brujas se encargaban de los abortos.

A su lado, dos condenados uno encima de otro. No tengo claro qué pueden significar. A continuación, un diablo está arrancándole la lengua a otro desdichado. Según dicen los expertos representa las mentiras, la calumnia, pero no estoy seguro.

infierno

© Jaufré Rudel

E10. Al lado de Satán, como en la Divina Comedia, Judas, al que están ahorcando por toda la eternidad.. Del cuello le cuelga una bolsa, característica iconográfica habitual, con las monedas que le pagaron los romanos.

judas

© Kristobalite (detalle).

E11. El Diablo preside el Infierno. No consigo distinguir qué lleva en la mano izquierda, parece una serpiente, pero el caso es que parece un enorme falo del que cuelgan dos testículos igual de gigantescos. Un demonio, que quizá tenga un libro en la mano, le está susurrando algo al oído

A sus pies yace un hombre consumiéndose entre las llamas. A su derecha, una pareja, que según Pierre Séguret representan un matrimonio entre una mujer y un sacerdote nicolaíta, un tema que justo se estaba debatiendo en el momento de esculpir el tímpano.

satan

© Kristobalite (detalle).

F. Testigos tímidos

Por último, para terminar este repaso rápido por los personajes del tímpano de Conques, mencionar unos extraños personajes que se encuentran en la parte superior del arco, escondidos en la piedra. Son catorce y se interpretan como ángeles que asisten al Juicio, aunque, quizá sean sólo un mero divertimento del artista. No lo sé. Hay que investigar.

conques

© Jaufré Rudel

Notas

1. Las fuentes esenciales sobre santa Fe de Conques son cuatro libros del siglo XI. En conjunto, reciben el nombre de Liber Miraculorum Sancte Fidis. Los dos primeros fueron escritos por Bernard d'Angers, el tercero y el cuarto por dos monjes anónimos vinculados a la abadía.

Existe una edición contemporánea en latín:

Bernardo di Angers. Liber miraculorum sancte Fidis. Edición de Luca Robertini.
Spoleto: Centro italiano di studi sull'alto Medioevo, 1994.

Que yo sepa, no está traducido a ninguna lengua viva. Lástima.

2. Sobre la situación política y el enfrentamiento entre los señores feudales y los monjes de Conques hay un ensayo muy interesante:

Dominique Barthélemy. Caballeros y milagros: violencia y sacralidad en la sociedad feudal. Publicaciones de la Universidad de Valencia, 2005.


  9 - Ángeles caídos || 2010-03-06 || mitología || cristianismo

angeles caídos

Libro de las horas de Neville de Horny. c. 1440. (BL MS Egerton 2781 fol 1v).

En la parte superior, el Cielo; en la inferior, el Infierno (amurallado como una ciudad). En medio, el Cosmos, es decir, las esferas que van desde la Tierra a la octava, las estrellas. Los ángeles caídos se transforman en demonios cuando son arrojados del Cielo por la luz de Dios.


  8 - Arquitecto universal || 2010-03-03 || códices || cosmogonía

Otra alegoría habitual del Medioevo. Dios como arquitecto del Universo, cuyas raíces parten del Timeo de Platón.

dios, arquitecto del universo

Ilustración de la Biblia Moralizada, c. 1250.
Codex Vindobonensis 2554. Österreichische Nationalbibliothek.

  7 - Leviatán || 2010-03-01 || mitilogía || monstruos bíblicos

El Leviatán es un monstruo bíblico, maligno, de dimensiones gigantescas que vive en el mar. En palabras de Robert Graves y Raphael Patai(1):

«Entre los colmillos del monstruo Leviatán reinaba el terror, de sus fauces salía fuego y llamas, de sus narices humo, de sus ojos un fiero rayo de luz; su corazón era despiadado. Recorría la superficie del mar a voluntad, dejando tras de sí una estela luminosa; o su abismo más profundo, haciendo de él una olla borbotante. Ningún arma del arsenal de la humanidad podía abollar sus escamas. Los propios habitantes del Cielo le temían. Pero Dios pescó a Leviatán con un anzuelo, lo sacó del Abismo, sujetó su lengua con un cordel, le atravesó la nariz con un junco y taladró su quijada con un gancho, como si hubiera sido un pez de río. Después arrojó su cadáver al fondo de una barca y se lo llevó como si fuera al mercado. (Isaías 27,1; Salmo 74, 14; Job 40, 25-32; 41, 2-26)».

Durante la Edad Media fue lugar común situar al Leviatán en la puerta del Infierno. El monstruo se transforma en una especie de cancerbero que engulle(2) a los condenados. Unos ejemplos:

leviatán, conques

Los condenados son conducidos al Infierno por las fauces de Leviatán en el tímpano de la iglesia de iglesia abalicia de Sainte-Foy de Conqués, en Francia (siglo XI). © Kristobalite

cosmos con leviatán

En el centro del cosmos, el Leviatán y los condenados. Gossuin de Metz. La imagen del mundo (siglo XIII).

engullidor, danza macabra

Anónimo. Danza macabra de las mujeres (1491).

engullidor, danza de la muerte

Anónimo. Danza macabra de las mujeres (1491).

 

Notas

1. Robert Graves y Raphael Patai. Los mitos hebreos. Alianza Editorial. Madrid, 2007.

2. Sobre el monstruo engullidor hay un artículo muy interesante que se puede leer on line:

José Javier López de Ocáriz y Alzola. El "Engullidor": Hacia una tipología de la máscara de horror en la escultura románica. En Milenarismos y milenaristas en la Europa medieval: IX Semana de Estudios Medievales. Nájera, 1998. pags. 305-326.


  6 - Plotino y Filocomic || 2010-02-28 || filosofía ||

Después de una conversación sobre neoplatonismo, Crates me ha incluido en una de sus formidables viñetas de Filocomic ^^.

filosofía barata. Viñetas


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  5 - Dos poetas raros: Enio y Orellano || 2010-02-23 || literatura ||

Me envía Raúl Lavalle una de sus deliciosas menudencias, en la que, entre otros asuntos, nos explica qué era la tmesis, empleada por Homero, y la diferencia entre Jesús y un tabernero estafador.

DOS POETAS RAROS: ENIO Y ORELLANO

A Marcos Méndez Filesi, quien gusta de las rarae aves

En la vida conocemos personas a las que llamamos “extrañas”, “raras”, “excéntricas.” No es fácil ser preciso en esto, pero quizás queremos decir que su personalidad se sale bastante de lo común, para bien, para mal o para ninguna de las dos cosas. Pues bien, escribiré aquí sobre dos poetas “raros.” Uno de ellos es antiguo; el otro, mucho más reciente, casi de hoy.

Quinto Enio floreció a comienzos del s. II a. C. Era griego de Calabria. Recordemos que la antigua Calabria era el taco de la bota de Italia, no el empeine, como la actual. Pido disculpas por esta explicación poco académica y continúo. Enio era griego, pero sirvió bajo el ejército romano, vivió en Roma, obtuvo la ciudadanía romana y escribió también en latín. Por ello suele ser considerado el padre de la poesía latina. Una de sus obras era un largo poema épico llamado Anales, de carácter histórico, que al parecer narraba desde la llegada de Eneas al Lacio hasta sus propios tiempos. Solo conservamos fragmentos; de allí tomaré alguna de sus excentricidades poéticas. Cito por la ed. de Luigi Valmaggi (Torino, G. Chiantore, 1923).

Fragm. 53: O Tite tute Tati tibi tanta turanne tulisti. A grandes rasgos: ‘Rey Tito Tacio, tuviste para ti muchas cosas.’ También podría ser ‘llevaste’; o ‘soportaste’. Dejamos a los expertos el arduo trabajo de interpretación. Basta aquí con decir que Tito Tacio era rey de los sabinos, pueblo vecino de los romanos y que finalmente se unió con ellos. Este verso es recordado por el uso superlativo de la aliteración. Se parece en esto al fragmento 408, que no se sabe si es de Enio: Macina multa minax molitur maxima muris (‘Muchas enormes máquinas se acercan amenazantes a los muros’). Varios lectores opinarán, como yo, que es abusivo el uso de la aliteración. Mucho más me gusta el de Garcilaso de la Vega en la octava décima de su Egloga II: “un susurro de abejas que sonaba.”

Fragm. 36: Olli respondit rex Albai Longai. ‘Le respondió el rey de Alba Longa.’ Alba Longa era una ciudad vecina de Roma. Los romanos la tomaron, según dice la historia mítica del Lacio, con un combate en el que lucharon, en representación de sus conciudadanos, solo tres por bando. Los romanos eran los hermanos Horacios y los albanos eran los hermanos Curiacios. Quedó vivo un Horacio y por tanto Roma quedó dueña de Alba. Para ser breve, este fragmento es un hexámetro mínimo. Quiere decir que esa unidad métrica antigua llamada hexámetro (verso de seis “metros”, de seis medidas) podía tener de doce a diecisiete sílabas. Como dijimos, es un caso rarísimo del menor número de sílabas que puede tener un hexámetro. Fragm. 390: Saxo cere comminuit brum. ‘Con una piedra le rompió la cabeza.’ Los griegos llamaron tmesis a la figura retórica que hace un corte dentro de la palabra. En el griego, especialmente en los poetas más antiguos, se daba con alguna frecuencia, pero separaba los elementos simples en una palabra compuesta; por ejemplo, una preposición y un verbo simple. En español no podemos decir “pre sus cosas paró” en vez de “preparó sus cosas”, pero en el griego clásico, -repito, particularmente en Homero-  con cierta frecuencia se daba. En latín era más rara. Y, cuando Enio separa la palabra cerebrum, ‘cerebro’, ‘cabeza’, en dos, emplea de modo muy estrafalario esta figura. Quevedo, cuando quiso burlarse del estilo de Góngora, también se valió de una extraña tmesis: “Quien quisiere ser culto en sólo un día, / la jeri aprenderá gonza siguiente” (poema nº 837 según: Francisco de Quevedo. Obras completas (vol. I Poesía original), ed. José Manuel Blecua. Barcelona, Planeta, 1963).

Fragm. 372: At tuba terribili sonitu taratantara dixit. ‘Pero la trompeta con temible son dijo taratántara.’ Como se ve, aunque no se sepa latín, es voz onomatopéyica, para dar el sonido del instrumento militar. Claro que es como el guau: en la Red encuentro que en inglés es wow, yow y woah y otros; en francés, ouah; en portugués, au; en vasco, también au. Me considero dispensado de citar las páginas que vi, pero creo que todos sabemos que no hay una sola onomatopeya para el ladrido.

En todo caso, ahora me ocuparé un poco del otro poeta raro (sigo usando una denominación que ya sé que no es buena, pero lo hago a falta de otra). El libro al que me referiré es el de Francisco Orellano: Evangelio según “San Fierro” (Buenos Aires, Difusión, 1976, con ilustraciones de Oscar Garibaldi). No pude averiguar nada sobre el autor; pienso que se trata de un sacerdote. En todo caso, si bien San Fierro no fue el primero en expresar el mensaje de Jesús en la lengua de nuestra obra nacional (el P. Amado Anzi publicó en Ágape, en 1964, El Evangelio criollo), creo que hay varias cosas interesantes. Mencionaré aquí algunas que me gustaron. “El casorio de Caná” es el capítulo (p. 44) que corresponde al tan conocido primer milagro público de Cristo. Leamos unas estrofas: 

En lo mejor de la fiesta,
llegó a faltar el carlón;
no fue chico el apurón
de los novios, por supuesto,
y ansí María, viendo esto,
dijo a su hijo en la ocasión:
[…]

“Llenen los cántaros de agua”
a los mozos ordenó
y al prencipal le mandó:
“lleven que pruebe el moscato
al maestre de inmediato.”

Y este al probarlo gritó:
“Todos sirven al comienzo
el vino fino y, después
que han chupado bien el jerez,
sirven del más ordinario,
mas vos has hecho al contrario”
le dijo al novio esa vez.

No soy entendedor en vinos, pero la Academia dice que carlón es voz que en Andalucía, en Argentina y en Uruguay se usa en vez de carló, “vino tinto que se produce en varios lugares.” Supongo que es inferior al jerez, “vino blanco y fino” que especialmente se elabora en Jerez de la Frontera, y al moscato o moscatel (del catalán moscatell). Orellano termina el capítulo con una moralización que le pertenece (p. 45):

Cristo hizo al revés de muchos
“fraccionadores” tal vez,
que con gran desfachatez
sacan tinto del tanino
y en agua cambian el vino
y de un litro sacan tres.

En este libro tenemos un lenguaje que puede recibir el calificativo “gaucho”. Ya sé que no es nada fácil definir tal noción, ni lo intentaré. Pero en medio de lo popular se hallan también, como rareza, término cultos. En “La higuera seca” (p. 116):

Ansí Dios, como un hachero
de nuestro Chaco boreal,
se encuentra listo y puntual,
pa cortar de un golpe rudo
al hombre que ocupa al ñudo
el terreno existencial.

Las últimas palabras de la estrofa me suenan mucho a filosofía del siglo XX y poco a chiripá. Y me suena más a periodístico lo que se dice en “La china de Samaría” (p. 113), “que existía gran tensión / entre Samaría y Judea.” Y me suena a pastoral de hoy lo que leo en “Ascensión de Jesús” (p. 207): “Y, en rezo comunitario, / estaban en el santuario, / alabando a Dios. Amén.” En fin, dentro de lo curioso que es el Evangelio en criollo, está lo curioso de lo culto entre lo popular, por así decir.

También me sorprendió algo jocoso, que está en “Nacimiento de Jesús” (p. 22):

Lo acostó en una batea,
a falta de otro “moisés”,
y de rodillas después
lo adoró profundamente
y con José juntamente
lo abrazó y besó a la vez.

Moisés es palabra del español general. Aunque la Academia no lo dice, pienso que sale de la historia bíblica, según la cual Moisés, en una cestilla de papiro calafateada con betún y pez, fue dejado a orillas del Nilo (Ex 2, 3). Por otra parte, la Academia nos informa que batea es voz de origen árabe. ¡Qué extraña amalgama! Pues el antiguo Egipto, el Israel bíblico, el Evangelio y la lengua criolla se unen aquí.

En fin, terminado el recorrido, creo que algún lector habrá disfrutado de estas curiosidades. No a todos gustan tales juegos literarios. Más aún, algunos abominan de ellos. Todo está muy bien. Simplemente confieso mi afición, al menos en dosis medianamente moderadas. Por otra parte Juan Pueblo más de una vez hizo el tonto. Recordemos los palíndromos como: “Dábale arroz a la zorra el abad”; y los trabalenguas como: “El arzobispo de Constantinopla / se quiere desconstantinopolizar: / aquel que lo desconstantinopolizare / buen desconstantinopolizador será.”

Raúl Lavalle

Más textos de Raús Lavalle en su web:

http://litterulae.blogspot.com


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  4 - Heracles en la encrucijada || 2010-02-21 || arte || alegorías

Heracles ad bivium

La metáfora de Heracles en la encrucijada (Heracles ad bivium) ha sido una de las más célebres de la historia de la filosofía. En esencia, cuenta que, siendo aún adolescente y sin saber qué rumbo tomar en la vida, Heracles se encuentra con dos mujeres. Una, hermosa y de sobria elegancia, es una alegoría de la Virtud; la otra, más lozana, es la Felicidad (material), también conocida como la Maldad. Las dos exponen al héroe distintos argumentos para que siga un camino u otro.

El texto de partida es del filósofo Pródico, aunque fue transmitido por Jenofonte en el libro II de sus Recuerdos de Sócrates(1). Felicidad anima a Heracles a seguir su camino, mucho más fácil, ya que disfrutará de todos los placeres materiales, como el sexo, vivir a costa del trabajo ajeno y la buena gastronomía.

Pero Virtud responde explicando que para obtener los placeres más elevados —como la amistad, el reconocimiento ciudadano, el amor de los dioses, o el estar cachas— hay que invertir esfuerzo. Además de que obrando de forma virtuosa recibirá alabanzas de mortales y dioses, argumenta con mejor tino que es mejor que siga su camino, a pesar de que es más largo y difícil, porque nada hay más hermoso que una buena acción realizada por uno mismo. (Donde hermosura va más allá de ser una cualidad estética para entroncar con el deleite que supone participar del bien).

Las opciones de esta encrucijada se han ido adaptando a cada época y circunstancia cultural, pero la esencia siempre es la misma: un camino corto de placeres inmediatos a costa de algo o alguien; y un camino largo de esfuerzo y sacrificio tras el que nos espera la verdadera felicidad.

La Y pitagórica

Esta metáfora de la encrucijada de Heracles derivaba de otro tópico literario más antiguo conocido como la «Y pitagórica», cuya paternidad, al menos literaria, se debe a Hesíodo:

«Yo qué sé lo que te conviene, gran necio Perses, te lo diré: de la maldad puedes coger fácilmente cuanto quieras, llano es su camino y vive muy cerca. De la virtud, en cambio, el sudor pusieron delante los dioses inmortales; largo y empinado es el sendero hacia ella y áspero el comienzo; pero cuando se llega a la cima, entonces resulta fácil por duro que sea»(2).

El tópico gozó de gran popularidad entre griegos y latinos. Por no enfangarnos en una ristra de citas, baste una de Platón:

«Unos confieren a la maldad fácil acceso, de modo que “también en abundancia se puede alcanzar a la perversidad fácilmente; el camino es liso y ella mora muy cerca”. Frente a la excelencia, en cambio, los dioses han impuesto el sudor»(3).

Durante la Edad Media, esta metáfora se transmitió, sobre todo, por san Isidoro(4), dado que resultaba acorde con la moral cristiana y la idea de las dos sendas:

«Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa es la senda que lleva a la perdición, y muchos los que por ella entran. ¡Qué estrecha es la puerta y que angosta la senda que lleva a la vida, y cuán pocos los que dan con ella!». (San Mateo, 7.13).

En el arte...

el sueño del caballero, rafael

El sueño del caballero. Rafael (1501). El joven se trata de Escipión el Africano (cf. Comentarios al Sueño, de Macrobio).

 

dossi

Alegoría de Heracles. Dosso Dossi (c.1535). Esta versión del tema resulta extraña. En esta ocasión, Heracles, el anciano de la esquina, se ha decantado por el vicio.

 

joven entre la virtud y el vicio, veronés

Joven entre la virtud y el vicio. Veronés (1580).

 

Ercole al bivio, Carracci

Heracles en la encrucijada. Annibale Carracci (c. 1596).

 

baglioni

Heracles en la encrucijada. Giovanni Baglioni (c. 1640). Para mi gusto, esta obra no es muy acertada. Con esas caras aleladas, poca tensión hay en el cuadro.

 

heracles en la encrucijada, battoni

Heracles en la encrucijada. Pompeo Batoni (1765). Como en el cuadro de Carracci, la Virtud, en este caso representada por la diosa Minerva, señala el templo de la fama, al que podrá llegar Heracles si sigue su camino. A los pies de la hermosa Felicidad, que parece Venus, símbolos de los placeres efímeros, como la música y el baile.

 

Notas

1. El libro Recuerdos de Sócrates de Jenofonte se puede consultar on line en la web del profesor Francisco Conde Núñez. Copio el pasaje en cuestión (transcrito de Jenofonte. Recuerdos de Sócrates; Económico; Banquete; Apología de Sócrates. Gredos, 1993).

Y el sabio Pródico en su escrito sobre Hércules, del que hizo muchas lecturas públicas, se expresa de la misma manera acerca de la virtud, diciendo más o menos, según recuerdo:

«Cuando Hércules estaba pasando de la niñez a la adolescencia, momento en el que los jóvenes al hacerse independientes revelan si se orientarán en la vida por el camino de la virtud o por el del vicio, cuentan que salió a un lugar tranquilo y se sentó sin saber por cuál de los dos caminos se dirigiría. Y que se le aparecieron dos mujeres altas que se acercaban a él, una de ellas de hermoso aspecto y naturaleza noble, engalanado de pureza su cuerpo, la mirada púdica, su figura sobria, vestida de blanco. La otra estaba bien nutrida, metida en carnes y blanda, embellecida de color, de modo que parecía más blanca y roja de lo que era y su figura con apariencia de más esbelta de lo que en realidad era, tenía los ojos abiertos de par en par y llevaba un vestido que dejaba entrever sus encantos juveniles.

Se contemplaba sin parar, mirando si algún otro la observaba, y a cada momento incluso se volvía a mirar su propia sombra. Cuando estuvieron más cerca de Heracles, mientras la descrita en primer lugar seguía andando al mismo paso, la segunda se adelantó ansiosa de acercarse a Heracles y le dijo:

—Te veo indeciso, Heracles, sobre el camino de la vida que has de tomar. Por ello, si me tomas por amiga, yo te llevaré por el camino más dulce y más fácil, no te quedarás sin probar ninguno de los placeres y vivirás sin conocer las dificultades. En primer lugar, no tendrás que preocuparte de guerras ni trabajos, sino que te pasarás la vida pensando qué comida o bebida agradable podrías encontrar, qué podrías ver u oír para deleitarte, qué te gustaría oler atacar, con qué jovencitos te gustaría más estar acompañado, cómo dormirías más blando, y cómo conseguirías todo ello con el menor trabajo. Y si alguna vez te entra el recelo de los gastos para conseguir eso, no temas que yo te lleve a esforzarte y atormentar tu cuerpo y tu espíritu para procurártelo, sino que tú aprovecharás el trabajo de los otros, sin privarte de nada de lo que se pueda sacar algún provecho, porque a los que me siguen yo les doy la facultad de sacar ventajas por todas partes.

Dijo Heracles al oír estas palabras:

—Mujer, ¿cuál es tu nombre?  

Y ella respondió:

—Mis amigos me llama Felicidad, pero los que me odian, para denigrarme, me llaman Maldad.

En esto se acercó la otra mujer y dijo:

—Yo he venido también a ti, Heracles, porque sé quiénes son tus padres y me he dado cuenta de tu carácter durante tu educación. Por ello tengo la esperanza de que, si orientas tu camino hacia mí, seguro que podrás llegar a ser un buen ejecutor de nobles y hermosas hazañas y que yo misma seré mucho más estimada e ilustre por los bienes que otorgo. No te vaya engañar con preludios de placer, sino que te explicaré cómo son las cosas en realidad, tal como los dioses las establecieron. Porque de cuantas cosas buenas y nobles existen, los dioses no conceden nada a los hombres sin esfuerzo ni solicitud, sino que, si quieres que los dioses te sean propicios. tienes que honrarles, si quieres que tus amigos te estimen, tienes que hacerles favores, y si quieres que alguna ciudad te honre, tienes que servir a la ciudad; si pretendes que toda Grecia te admire por tu valor, has de intentar hacerle a Grecia algún bien; si quieres que la tierra te dé frutos abundantes, tienes que cuidarla; si crees que debes enriquecerte con el ganado, debes preocuparte del ganado, si aspiras a prosperar con la guerra y quieres ser capaz de ayudar a tus amigos y someter a tus enemigos, debes aprender las artes marciales de quienes las conocen y ejercitarte en la manera de utilizarlas. Si quieres adquirir fuerza física, tendrás que acostumbrar a tu cuerpo a someterse a la inteligencia y entrenarlo a fuerza de trabajos y sudores.

La Maldad, según cuenta Pródico, interrumpiendo, dijo:

—¿Te das cuenta, Heracles, del camino tan largo y difícil que esta mujer te traza hacia la dicha? Yo te llevaré hacia la felicidad por un camino fácil y corto.

—Entonces dijo la Virtud: ¡Miserable!, ¿qué bien posees tú? ¿O qué sabes tú de placer si no estás dispuesta a hacer nada para alcanzarlo? Tú que ni siquiera esperas el deseo de placer, sino que antes de desearlo te sacias de todo, comiendo antes de tener hambre, bebiendo antes de tener sed, contratando cocineros para comer a gusto, buscando vinos carísimos para beber con agrado, corriendo por todas partes para buscar nieve en verano. Para dormir a gusto, no te conformas con ropas de cama mullidas, sino que además te procuras armaduras para las camas. Porque deseas el sueño no por lo que trabajas, sino por no tener nada que hacer. Y en cuanto a los placeres amorosos, los fuerzas antes de necesitarlos, recurriendo a toda clase de artificios y utilizando a los hombres como mujeres. Así es como educas a tus propios amigos, vejándolos por la noche y haciéndolos acostarse las mejores horas del día. A pesar de ser inmortal, has sido rechazada por los dioses, y los hombres de bien te desprecian. Tú no oyes nunca el más agradable de los sonidos, el de la alabanza de una misma, ni contemplas nunca el más hermoso espectáculo, porque nunca has contemplado una buena acción hecha por ti. ¿Quién podría creerte cuando hablas?, ¿quién te socorrería en la necesidad?, ¿quién que fuera sensato se atrevería a ser de tu cofradía? Ésta es la de personas que, mientras son jóvenes, son físicamente débiles y, de viejos, se hacen torpes de espíritu, mantenidos durante su juventud relucientes y sin esfuerzo, pero que atraviesan la vejez marchitos y fatigosos, avergonzados de sus acciones pasadas y agobiados por las presentes, después de pasar a la carrera durante su juventud los placeres, reservando para la vejez las lacras.

Yo, en cambio, estoy entre los dioses y con los hombres de bien, y no hay acción hermosa divina ni humana que se haga sin mí. Recibo más honores que nadie, tanto entre los dioses como de los hombres que me son afines. Soy una colaboradora estimada para los artesanos, guardiana leal de la casa para los señores, asistente benévola para los criados, buena auxiliar para los trabajos de la paz, aliada segura de los esfuerzos de la guerra, la mejor intermediaria en la amistad. Mis amigos disfrutan sin problemas de la comida y la bebida, porque se abstiene de ellas mientras no sienten deseo. Su sueño es más agradable que el de los vagos, y si se sienten molestos cuando lo dejan ni a causa de él dejan de llevar a cabo sus obligaciones. Los jóvenes son felices con los elogios de los mayores, y los más viejos se complacen con los honores de los jóvenes. Disfrutan recordando acciones de antaño y gozan llevando bien a cabo las presentes. Gracias a mí son amigos de los dioses, estimados de sus amigos y honrados por su patria. Y cuando les llega el final marcado por el destino, no yacen sin gloria en el olvido, sino que florecen por siempre en el recuerdo, celebrados con himnos. Así es, Heracles, hijo de padres ilustres, como podrás, a través del esfuerzo continuado, conseguir la felicidad más perfecta».

Así fue más o menos como contó Pródico la educación de Heracles por la Virtud, si bien embelleció sus conceptos con expresiones magníficas en mayor grado que las que yo he usado ahora. De modo que merece la pena, Aristipo, que lo medites e intentes preocuparte tú también del tiempo que te queda de vida.

2. Hesíodo. Trabajos y días (287). Traducción de Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez. Gredos. Madrid, 2000.

3. Platón. República (II, 365b). Traducción de Conrado Eggers Lan. Gredos. Madrid, 2000.

4. No tengo a mano una traducción al español: «Litteram Pythagoras Samius ad exemplum vitae humanae primus formavit; cuius virgula subterior primam aetatem significat, incertam quippe et quae adhuc se nec vitiis nec virtutibus dedit. Bivium autem, quod superest, ab adolescentia incipit: cuius dextra pars ardua est, sed ad beatam vitam tendens: sinistra facilior, sed ad labem interitumque deducens».


  3 - crisis económica || 2010-02-20 || actualidad ||

crisis


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  2 - Filosofía cortesana II || 2010-02-19 || filosofía || juegos

Apéndice documental

De la Filosofía cortesana apenas hay ediciones disponibles. De tiempos modernos, sólo hay una edición no comercial de la Comunidad de Madrid, de la que apenas se tiraron ejemplares:

 Barros, Alonso de. Filosofía cortesana; estudio y edición de Trevor J. Dadson. CAM. Madrid, 1987.

Por lo tanto, incluyo el texto completo de publicación de 1587 que recoge la edición de Trevor:

Filosofía cortesana moralizada. 

Por Alfonso de Barros, criado del Rey nuestro Señor. 

Dirigida a Mateo Vázquez de Leca, del consejo de su majestad y su secretario, y de la santa general Inquisición, arcediano de Carmona, y canónigo de la santa Iglesia de Sevilla. 

En Nápoles por Iosep Cacchÿ. 
1588 
 
[1v]
[blanco] 

[2r] 

EL REY 

Por cuanto por parte de vos Alonso de Barros, nuestro criado, nos ha sida hecha la relación que vos habéis compuesto una pintura intitulada Filosofía cortesana, con ciertas diferencias de figuras y letras que se contiene en un pliego grande, y la habéis moralizado en una relación aparte; y nos suplicasteis que, teniendo consideración en ello [2v] habéis tratado, os diésemos licencia y mandásemos que vos o la persona que vuestro poder hubieren, lo podáis imprimir y vender en estos nuestros reinos, y no otras algunas, o como la nuestra merced fuese, y porque, habiéndose visto por nuestro mandado, pareció ser obra de mucho ingenio y que será útil a la República por ser de honesto y gustoso entretenimiento, por la presente os damos licencia y facultad para que por tiempo de diez años primeros siguientes, contados desde el día de [3r] la fecha de esta nuestra cédula en adelante, vos, o la persona o personas que para ello vuestro poder hubieren, podáis imprimir y vender en estos nuestros reinos y señoríos la dicha pintura y moralidad de ella. 

Y mandamos que otras personas algunas no lo puedan imprimir ni vender, ni impriman ni vendan en estos dichos nuestros reinos y señoríos, so pena que cualesquier personas que, sin tener el dicho vuestro poder, lo imprimieren o hicieren imprimir o lo vendieren o hicieren vender, pierdan toda [3v] la impresión que hicieren y vendieren, y los moldes y aparejos con que lo hicieren, y más incurran por cada vez en pena de cincuenta mil maravedíes: la tercia parte para nuestra cámara, y la tercia parte para el juez que lo sentenciare, y la otra tercia parte para el denunciador. Y mandamos que cada pliego de la dicha pintura con la dicha moralidad se venda al precio que por los del nuestro Consejo fuere tasado. A los cuales y a los Presidentes y Oidores de las nuestras Audiencias, y a otros [4r] cualesquier jueces y justicias de estos dichos nuestros reinos y señoríos, mandamos asimismo que guarden y cumplan, y hagan guardar y cumplir, esta nuestra cédula y lo en ella contenido. 

Fecha en Madrid a nueve de febrero de mil y quinientos y ochenta y siete años. 

YO EL REY 
Por mandato del Rey nuestro señor. 
Juan Vázquez [4v] 

APROBACIÓN 

Yo he visto esta obra que se intitula Filosofía cortesana moralizada por Alonso de Barros, criado del Rey nuestro señor, obra de mucho ingenio y que será útil a la República, por ser [como es] de gustoso y honesto entretenimiento, y en este género la mejor que he visto. Por lo cual me parece que se puede muy bien imprimir, y que será muy acepta y bien recibida de todos. A trece de enero de mil y quinientos y ochenta y siete años. 

Don Alonso de Ercilla [5r] 

De Liñán de Riaza 
SONETO 

Reducir a placer la pesadumbre 
de pretensiones que consumen vidas; 
aprender a ganar y a ver perdidas 
las esperanzas con incierta lumbre; 
Mirar como arrojadas de la cumbre, 
cuanto más levantadas más caídas 
están nuestras venturas, reducidas 
al fallo de ambiciosa servidumbre: 
Esta filosofía, no hallada
en el discurso de la edad primera 
que tuvo sus deseos limitados, 
estaba a vuestra pluma reservada, 
como de Platón regida fuera,
para norte de gusto y de cuidados. [5v] 

De Miguel de Cervantes 
SONETO 

Cual vemos del rosado y rico Oriente
la blanca y dura piedra señalarse, 
y en todo, aunque pequeña, aventajarse 
a la mayor del Cáucaso eminente, 
tal este humilde al parecer presente
puede y debe mirarse y admirarse,
no por la cantidad, mas por mostrarse
ser en su calidad tan excelente. 
El que navega por golfo insano 
del mar de pretensiones verá al punto 
del cortesano laberinto el hilo: 
felice ingenio y venturosa mano 
que el deleite y provecho puso junto 
en juego alegre, en dulce y claro estilo. [6r] 

Al Lector 

Materia es ésta del pretender, donde, cuando todos los escritores de buen entendimiento que ha habido y hay hoy en el mundo quisieran mostrarse, por mucho que hubieran continuado la pluma, quedarán cortos, según los altos y bajos de próspera y adversa fortuna, contentos y [6v] quejas de agravios que en ella hay. Y cuando yo lo quede, quedaré disculpado, pues mi intento no ha sido sino mostrar entre burla y juego las veras y desventuras que siguen a una larga pretensión, y reducir a orden lo que tan sin ella se trata. El que con más curiosidad lo quisiere mirar, muestre su habilidad en hacer otra cosa [7r] mejor, y no ponga mucho estudio en notar sus faltas, que en ninguna de las letras humanas dejan de hallarlas los ojos cavilosos de los que las miran. Y es de creer que todos como yo han deseado acertar, y no por eso se han librado de este peligro. Esta consideración disculpa mi atrevimiento, con que si la obra no [7r] fuere tal como yo quisiera, su brevedad la asegura de ser fastidiosa, que de lo malo no es lo peor. [8r] 

A Mateo Vázquez de Leca, del Consejo de su Majestad y su secretario, y de la Santa General Inquisición, arcediano de Carmona y canónigo en la Santa Iglesia de Sevilla. 

La Filosofía cortesana que presento a v.m. es doctrina (según ha parecido a los [8v] hombres cuerdos que la han visto) necesaria, para que los que por elección o por necesidad pretenden ser acrecentados sepan los principios, los medios y los fines por do caminan y vienen a parar las pretensiones humanas. Por esta razón no he podido excusar de ofrecer a v.m. esta tan pequeña obra en las palabras, y tan grande en [9r] la sustancia y verdades que en ella hay; y porque el lugar que v.m. tiene, que es de tanta importancia y consideración, y como un centro de los negocios de esta monarquía, lo entenderá mejor que otros, y con el valor de su persona y la antigua grandeza de las casas de Leca y Colona, de donde desciende, la defenderá de los que, no considerando el trabajo que estas cosas cuestan, [9v] ni el buen ánimo con que se hacen, aplican el suyo sólo para calumniarlas. 

El mío ha sido hacer este beneficio a la República y mostrar el grande amor y estimación que tengo de su clara y generosa persona, debajo de cuyo amparo pongo esta obra, como lo está el autor de ella, que es premio de los mayores que puedo desear de mis trabajos. [10r] 

Comienza la Filosofía cortesana de Alonso de Barros, criado del Rey nuestro señor.

El fin de la obra es principio de ella, porque primero que se ponga la primera piedra del cimiento de una casa, se tiene el fin de vivirla. Consideración es ésta que, si muchos [10v] hombres la tuviesen en sus negocios y se diesen una vuelta a sí mismos para conocerse, no pretenderían cosas que, alcanzadas, se hallasen embarazados con ellas.  

Y otros también recogerían las velas de su esperanza, no se engolfando en alta mar con tan pequeño navío, que por su flaqueza cualquier borrasca les baste a anegar [11v]. Y si por ello se pierden, ponen toda la culpa a la fortuna llamándola injusta, que tuvo su inconsideración temeraria. Para cuyo desengaño se pinta aquí un discurso de pretensores con los medios más usados, que son Liberalidad, Adulación, Diligencia  Trabajo, con que, pasando por la esperanza, se da en la casa del privado, y tiene por azares al olvido y que dirán, falsa amistad, mudanza de ministros, muerte de valedor y fortuna mal aprovechada, el pensé que y pobreza, por medio de algunos de los cuales se suele alcanzar la palma de lo pretendido, aunque no de balde como muestra el hombre que está por defuera. 

Y [12r], finalmente, ello es un retrato al vivo de las muertes que se padecen, para que, su fuese posible, alguno escarmentase en cabeza ajena, contentándose cada cual con su suerte, supuesto que en ninguna faltan trabajos, como parece por su letra: 

No puede el hijo de Adán
sin trabajo comer pan. [12v] 

El que comienza a pretender entra por la puerta de la opinión, engañado de su pensamiento con la estimación propia y satisfacción que de sus valedores tiene; con la cual va tan vano, haciendo alarde de su merecer, que hace la rueda como el Pavón, hasta que el tiempo le avisa que se mire a los pies de sus deméritos y la [13r] deshaga. Y para mostrar que muchas veces de la elección del principio nacen las dificultades del fin, está encima de la puerta un Cisne con un pie levantado sobre una muerte como fin de las cosas, y una trompa dando voces que cada uno se conozca a sí mismo y mire al fin de lo que pretende, porque después [13v] no se queje de su fortuna si le fuere contraria, que por ventura no le hace agravio. Y así dice su letra: 

A los pies mira razón
y a la rueda la opinión. 

Con esto echa la suerte de su deseo, y tanto pasa más adelante cuantos más puntos de ventura tiene, pero con los que pinta, se señala en la casa [14r] donde cae, hasta que si el competidor le saca de ella, ha de tomar la que él dejó porque así es el uso de la competencia. 

En las casas del Trabajo no se debe parar, porque en las pretensiones no ha de haber punto de descanso, so pena de quebrar el hilo a los frutos que de él resultan. Esto [14v] se figura por dos bueyes arando con unas frutas enhiladas, que son los frutos del justo trabajo, enhilados unos de otros, y los bueyes son los animales que más trabajan y menos lo sienten, si les pagan con regalo. Como el hombre, que no parece que siente el cansancio de sus trabajos sino cuando se le niega la paga que [15r]  le había prometido su esperanza, a cuya causa dice su letra:

Nunca se siente el trabajo 
sino cuando el premio es bajo. 

Y porque todo lo que se puede pretender ha de ser (de pura necesidad) mediante trabajo, por medio del cual se alcanza la quietud de la vida, la perpetuidad del nombre, y se conquista el [15v] cielo, y el que le huye no merece coger el fruto de su deseo, pues falta a la obligación propia particular y a la general con que todos nacimos y estamos obligados por herencia de nuestros primeros padres, se manda al jugador que cuando la suerte le pusiere en algún trabajo, no repare en él sino que con buen ánimo pase [16r] otras tantas casas adelante como puntos echó para allegar allí. 

En el número de las casas del Trabajo no se guarda orden, porque no la tiene la materia de que aquí se trata; no obstante que hay sin la primera otras ocho casas, que todas ellas con sus letras animan al pretensor para que no le tema, y le enseñan a que le busque y [16v] procure por lo mucho que importa y bienes que de él resultan, que son las siguientes: 

Frutos del trabajo justo
son honra, provecho y gusto.

Del ocio nace pobreza
y del trabajo riqueza. 

No es grande trabajo aquel 
que basta a sacarnos de él. 

Al fin se rinde fortuna 
si el trabajo la importuna. [17r] 

El fruto de la esperanza 
por el trabajo se alcanza. 

Trabajo es no le tener 
el que de él ha de comer. 

Trabajo es no le tener, 
el que de él ha de comer. 

Aunque fortuna es mudable, 
al trabajo es favorable. 

El trabajo gana palma 
y quita el orín del alma. 

Luego, a quince casas, se pone el paso de la esperanza, que es con la que se anima el nuevo pretendiente [17v] cuando, visitando a sus amigos y valedores y habiéndoles dado cuenta de su negocio, ellos le responden con tan gran encarecimiento de palabras y exageración de sus méritos que los juzga por mayores que su deseo, paga el portazgo y, preguntando quién puede con fulano, que es el privado, acude a su casa a [18r] pedirle favor, mas como es nuevo en el pretender siente tanto el rogar que va diciendo entre sí: 

Ninguna esperanza es buena
que está en voluntad ajena. 

Llegado a la casa del privado, le ofrece las primicias de su hacienda porque le dé grato oído, habiendo primero para ello aguardando coyuntura, y como [18v] de la experiencia saca lo que esto importa, sale diciendo: 

No pidas la mano ajena 
si la tuya no va llena. 

Y porque con la diversidad de negocios, de que se encargan algunas veces, se olvidan de los de mayor obligación, está puesto a treinta y dos casas el pozo del olvido, donde los [19r] echan, con una letra que dice: 

El ingrato echa en olvido 
cuanto bien ha recibido.

El que cayere en el pozo ha menester sogas de liberalidad para salir, ganando la voluntad de los que algo pueden con el valedor, para que le acuerden su negocio. Y así se le manda que, habiendo estado olvidado [19v] dando una mano, dé para ellas un tanto a cada unos de los jugadores y dos en la polla. 

Camínase por el Trabajo adelante, hasta que a fuerza de mohínas y desengaños da el pretensor en el miedo (del “¿qué dirán?”), que es nacido de ir cayendo en la cuenta de su perdición, cuando halla trocadas [20r] sus esperanzas de la figura en que al principio las tuvo, y que le va faltando el caudal para asistir en lo comenzado. Y para volver a su tierra está con un temor grandísimo (del “¿qué dirán?”) si vuelve manivacío, según las muchas prendas que para ello ha puesto. Lo cual le hace suspenso en su determinación, hasta que la toma de dar de mano [20v] a este miedo y hacer lo que mejor pudiere; y para que así lo haga, dice la letra: 

El que sirve al “¿qué dirán?”
tome el pago que le dan. 

Vuelve a los dados veintiocho, a buscar otra suerte de negociar, mas, como para el desdichado que en todo cuanto mano pone halla azar, le sería la mejor suerte [21r] un breve desengaño. Están pintados con un azar de menor y una letra que dice: 

Si no hay dicha en negociar, 
la suerte se vuelve azar. 

Más adelante, a treinta y nueve casas, está la de la falsa amistad, que es de la que usan los falsos amigos, que, como Raposa que se hace muerta por coger los pájaros que la vienen a picar, ellos se hacen muy humildes y fáciles al trato, prometiendo imposibles, que lo son de cumplir, hasta coger lo que puedan. A lo cual es menester, aunque se entienda sirviendo al tiempo, disimular con ellos, y para no hacer de amigos enemigos, ni dar lugar a que del todo se declaren por tales [22r], mostrando satisfacción de su voluntad, hacer lo que dice su letra:

Dando gracias por agravios,
negocian los hombres sabios.

Para cuyo remedio se manda al negociante que vuelva a ser pródigo con los que tuvo antes por más sospechosos, que al principio todos lo son hasta que se topan con otros peores. Lo cual va significado por un Pelícano [22v], que lo es tanto que deja de dar sus entrañas (que es la hacienda) a sus hijos y lo da a unos gatos, mostrando la fuerza que se hace a la razón con el pretender. Pues no sólo ha de ser el hombre liberal con los amigos, sino pródigo con los enemigos, aunque conozca lo poco que en ello se granjea, pues no dura más su amsitad [23r] de lo que dice su letra:

El pródigo tiene amigos
cuanto come con testigos.

Tras esta desgracia sucede otra no menos grave, que es la mudanza de ministros puesta a cuarenta y tres casas, porque habiendo el pretensor granjeado con todas sus fuerzas algún personaje, ministro [22r] de su negocio, de quien se pensaba valer, se le mudan o él se muda; con lo cual se halla tan falto de acogida, por ser solo, que le es fuerza decir:

Quien limita su esperanza
sufra el golpe de mudanza.

Mándasele que vuelva de nuevo a la Adulación y haga reverencia al que sucediere en aquel lugar [24r], lo cual se figura por una Sirena con un espejo en la una mano y en la otra un Camaleón, porque el adulador persuade al que pretende engañar con ejemplos de casos viciosos que han sucedido a personas graves, mostrándoselos como en un espejo (y para que los imite y no los conozca, los cubre con capa de virtud), y también se [24v] muda de diferentes figuras, llevando el gusto del engañado, como se muda el Camaleón del color de lo que está más cerca. Y finalmente su canto y plática es como el de la Sirena, para matar por engaño al suspenso que, elevando su vanidad, gusta de su música y no se pone algodón en los oídos en tan peligroso [24r] paso como éste. Y así dice su letra:

Muestra fina y falso paño
vende adulación y engaño.

No para aquí su desventura, sino que al tiempo que esperaba conseguir el fin de su deseo, le ve del hombre que más le favorecía, que es la muerte del valedor, puesta a cuarenta y seis casas, de donde vuelve con [25v] lágrimas a comenzar el juego de nuevo, buscando otro favor, porque como dice la letra:

El hombre que en hombres fía
queda cual ciego sin guía.

Tras la adversa fortuna viene la próspera, para mostrar que no hay ninguno tan falto de ella a cuya puerta no llegue y le ayude, si él se sabe [26r] aprovechar del tiempo; y por eso se pone la fortuna a cincuenta y una casas con una letra en la mano que dice “Yo trueco y mudo el consejo”, que es lo mismo que decir “Yo soy la que dispongo vuestros consejos en las determinaciones, y guío vuestras obras en los efectos, para que hagáis o dejéis de hacer diligencias”. De donde se colige que no [24r] es la diligencia (como algunos dicen) madre de la buena ventura, sino hija y criada a sus pechos, porque hablando bien, no hay fortuna sino una disposición de la voluntad de Dios, universal gobernador de todas nuestras acciones, para que con este conocimientos toleremos con paciencia nuestros males, que haciendo de [27r] la fuerza virtud, los convertiremos en bienes. Pues como la letra muestra:

Todo está a disposición
de fortuna y permisión.

Y porque la demasiada dicha muchas veces no aprovecha, antes destruye y daña al que no la tiene en saberse aprovechar de ella, se manda al jugador que llega a [27v] la casa de la fortuna, juegue dos veces, como lo hace el que es dichoso, para que se vea si lo es, estando el juego de manera que con dos suertes se gana la polla y con las de más se pierde o se dilata.

También se debe notar que aunque tiene mano la fortuna en la elección de las diligencias, no se han de fiar todas de ella, ni es causa bastante para [27r] que el pretensor se descuide en hacer lo que pudiere, que con medios ordenados para este fin sin poderle nosotros juzgar. Y la tibieza confiada para el dejarlo todo es escudo de los holgazanes, y más de los que son tales que, no haciendo ellos diligencia en sus negocios, piensan que otros lo harán. Por esto, y porque es muy de dichosos el descuidarse se pinta [28v] a cincuenta y cinco casas la del “pensé qué”, figurado por un asno echado, por la semejanza que con él tiene el que dice “Quién pensará” y no lo previene. De los cuales es cierto que dice su letra:

Del “Pensé que” huye ventura,
y la que tiene no dura.

Mándasele al tal descuidado que torne y haga diligencia, [29r] mirando como la hace el Escarabajo, que con más carga que fuerzas procura llevar a su cueva una bola de estiércol (como en efecto lo es todo lo que se pretende), y por ella se muestra lo mucho que en el mundo se trabaja, y el porqué. Lo cual está figurado a veinte casas con una letra que dice:

Cuanto trabajo y procura,
el mundo todo es basura. [29v]

Y con el tiempo, engaño y dilaciones viene el pretensor a la pobreza, que está figurada a sesenta casas por una tierra tan seca que no hay hoja ni fruta en los árboles, para mostrar lo que va a decir de la Primavera de la abundancia al Invierno de la necesidad; especial en el efecto que hace en el valedor [30r] conocer de su pretensor que ha venido a pobre, porque en viendo que lo es, luego se le seca de palabras con ser hora que lleva el viento, y mucho más de obras, fruto de la obligación que nos tenemos unos a otros. Lo cual era muy al revés en el tiempo que él tuvo hoja y fruto de gusto para ganar voluntades; que como le ha [30v] faltado el riego, todas se le han secado. A cuya causa dice su letra:

Pobreza seca el humor
de la raíz del favor.

Mándale dar limosna con que se vaya a buscar otra suerte de negociar, y va a los dados cincuenta y tres, donde está una suerte de once que suele ser buena y agradable para el que juega, [31r] pero como para el pobre ninguna lo es, aunque él la escoja, dice su letra:

En la casa do hay pobreza,
cualquier suerte es de tristeza.

Por fin de estos trabajos se pone en la casa de la victoria una palma, con que fueron antiguamente coronados los que tuvieron valor de sufrimiento en las adversidades, [31v] y para ventura en los sucesos, para tanta dificultad como tiene el vencer, en cuyo tronco está una letra que dice “Ni lo mucho, ni lo poco”. Porque no se han de echar más ni menos puntos de los justos para llegar a ella, ni hacer más ni menos diligencias de las necesarias para conseguir lo que se pretende. Y por ella también se muestra la templanza que el [32r] hombre debe tener, no se ensoberbeciendo en la prosperidad de la ganancia, ni se acobardando en la adversidad de la pérdida, guardando en todo el medio, que es el nivel de las cosas y quien les da perfección. Mas como ninguna de las que se alcanzan es segura, especial dignidades, dice su letra:

Cuando tengas más fortuna,
mira que es como la luna. [32v]

Asido a las ramas de esta palma, está por defuera un hombre forcejeando por levantarse contra la bajeza de su suerte. Porque es la palma árbol que dobla y no quiebra, y por su natural levanta a quien a ella se arrima; figura de la contienda, que tiene el hombre valeroso y la fortuna contraria. Este hombre parece [33r] que ha pescado un pez en el mar de su trabajo, pero deja un zapato; donde también da a entender que no se alcanza nada en balde, ni se puede juzgar por verdadera victoria donde no se arrisca y se pone trabajo y costa. Y para que esto no se tema, siendo (como es) al parecer mayor que el recibo, dice su letra: [33v]

Nunca subirá gran cuesta
quien mirare lo que cuesta.

En medio de lo cual está un mar que se llama Sufrimiento, por el mucho que debe tener el que se engolfare en este abismo de pretensiones, pues ha de andar siempre con zozobra, corriendo diferentes fortunas, con más paciencia que un pescador de caña, cuya [31v] sumisión es tan forzosa, como lo dice su letra:

Quien pretende ha de sufrir,
como quien nace morir.

Para epílogo y significación de todo lo cual, se han de considerar las tres figuras que están puestas en las esquinas de afuera. En la primera, un Delfín con una áncora, que significa velocidad y firmeza. Y en la otra, una mujer con un manojo de cabellos en la frente y la cabeza calva, que significa la ocasión. Y en la otra, una mano señalando las horas de un Reloj, con una letra que dice “Hasta la postrera”, que significa el tiempo y cómo se pasa. Que todo junto quiere decir: “que porque en el discurso de una pretensión no hay cosa segura hasta el fin de ella, le [35r] es necesario al que pretende asista en lo comenzado con gran solicitud y firmeza, sin temer trabajo ni costa, ni perder ocasión ni tiempo, porque lo que de esto se pierde jamás se cobra; y ninguno es tan mal perdido como aquel en que por desconfianza se dejan de hacer diligencias. Pues hasta la postrera hora, y no [35v] más, se nos concede tiempo de poderlas hacer; las cuales, como fueren, serán después de la muerte testimonio de la vida.

Y esto es en todo lo que se pretende desde la tierra hasta el cielo; especial que lo es de la tierra está sujeto a una señora que, por ser tan mudable, se dice de ella:

No sería Fortuna,
si fuese siempre una. [36r]

Y porque queda probado que toda pretensión está sujeta a la variedad y mudanzas de la inestabilidad de la, [36v] vida humana, a quien los antiguos llamaron Fortuna, no parece fuera de propósito poner en rasguño algunas, por donde se conozcan las demás, para que por ellas aceptemos el suceso de lo que viniere con igual ánimo, no fiando nada de nuestro juicio, como finito, sino que, refiriendo al infinito nuestras obras y palabras, [37r] conozcamos que todo pende de su voluntad.

Pónese sobre un globo que es el universo, por el dominio y superioridad que muestra tener sobre todo lo criado que es corruptible. Y de pies sobre una bola, que con facilidad se vuelve lo de arriba abajo, significando la poca firmeza que promete en lo que da.

Píntase desnuda [36v] como lo está siempre de consideración en sus efectos, oscureciendo el sol y dando luz a la noche, atropellando el orden ordinario de las cosas tan a caso y por su voluntad que confunde el juicio de los que la quieren juzgar por el suyo y consideran sus obras. Y esto es porque las miden con el nivel y regla de su entendimiento. [38r]

Está con brazos para mostrar cómo sostiene los flacos y levanta los caídos y derriba a los más altos en su soberbia. Y en edad juvenil, porque nunca pierde las fuerzas, ni le faltan para la ejecución de sus operaciones.

Está con alas por la velocidad con que vuela y huye de sus más favorecidos y confiados, [38v] y por las que ella toma en el trocar el señorío de los hombres.

Tiene dos caras, de que usa con los unos mansa, benigna y favorable, cortada a medida de su deseo, de manera que, tan soberbios como ingratos, con la mucha prosperidad, olvidados totalmente de su condición, la niegan el poder, atribuyendo a su propio [39v] valor la gloria que de ella reciben. Y con los otros se muestra tan contraria, áspera y terrible que, aunque con humildad la reconocen en todo por señora, no la han visto alegre en el discurso de la vida.

Pusieron la copete y caballos sólo en la frente, avisando de la diligencia y cuidado con que debemos estar, [39v] para no perder la ocasión que se ofrece, antes que con arrebatada vuelta muestre su calva cabeza y deje burlados a los que pudiendo no la asieron y se aprovecharon de ella.

Tiene en la mano derecha un ramo de palma, insignia del vencedor, y un yugo de buey, que es la del vencido, mostrando la poca seguridad con que [40r] se vive, pues el que ayer como victorioso entró triunfando en su deseada patria, puede hoy como vencido ser despojo del vencedor y sufrir el trabajoso yugo de la servidumbre.

Tiene en el brazo izquierdo una sonaja, instrumento de alegría, y una espada, señal de rigor, para mostrar que en medio del gusto y del contento [40v] está el cuchillo de la muerte y desventuras de la vida, y en medio de la desventura y tristeza puede haber alegría. Y que es en todo tan trocada y mudable su suerte, como aquí se pinta, para que, visto, ninguno fíe ni desconfíe de la que tuviere, sino que en esta imagen aprenda a pelear, venciéndose a sí mismo en la prosperidad [41r] y animándose en la adversidad, para vencerla a ella:

Que no sería Fortuna,
si fuese siempre una. [41v]

Declaración del juego y orden de jugarle

Las pesadumbres del pretender son muchas, y aunque para su reparo fuera necesario mayor remedio, el que se ofrece ha sido hacerle del juego, del cual se ha hecho relación hasta aquí. Y para mejor entenderse hubiera de ir junto con el libro. Pero porque no estorbe al [42r] uso de jugarse, anda aparte en un papel grande pintado con 63 casas o divisiones, que son los años de la vida que se gastan en una pretensión y los que también la gastan a ella.

Tiene en la puerta de la primera casa un pavo real, que cuando se considera llevar el carro de la diosa Juno, significa grandeza, y cuando con gallardía hace la rueda, significa opinión. Y para desengaño del que, en hacerla, algunos reciben, está sobre [42v] ésta un cisne denunciador de su propio fin, y aquí lo es del ajeno, con que el tan celebrado dicho que los antiguos tuvieron por palabras caídas del cielo: “Conócete a ti mismo”, avisando de lo que nos conviene en todo.

En la postrera casa está una palma, premio del trabajo que en ello se pone, y asido a ella está un hombre que ha perdido un zapato por pescar un pez, mostrando que no hay gloria sin dificultad se alcance [43r].

En las otras casas hay ciertas figuras y correspondencias, que por sus significados puede rastrear el que con atención lo mirare qué es a lo que se aventura y qué medios le son necesarios. Y como cuando haya hecho todo lo que ha sido de su parte, serán dudosos sus fines, para que de tal manera se gobierne y lo trate que no le cause daño juzgar por suyo lo que pende de voluntad de otro.

Y con esto podrá con más facilidad [43v] y menos dolor prevenir al remedio en lo que es veras y advertir en lo que es juego lo siguiente.

Estando este papel tendido sobre una tabla o pegado en ella, y habiendo puesto cada uno de los que quisieren jugar un tanto del valor que se concertaren, se juega con dos dados pintados por todas partes, desde uno hasta seis puntos, o con seis arenillas pintadas por una. Y pueden jugar en él dos o más personas, los que quisieren [44r], que cuantos más fueren tiene más donaire el juego, por el derribarse de los competidores unos a otros, y el bajar de los que iban confiados muy adelante el subir, y llevarse la polla el que menos pensaba.

Ha de llevar cada uno de los jugadores una señal para ponerla en la casa y el número de los puntos que pintare con el dado, el que le lanzare jugando por su orden y pasándola a la casa y número de los puntos que [44v] más echare cuando tornare a jugar.

Ejemplo: juegan tres: Pedro, Diego, Rodrigo. Tomó Pedro por señal una sortija, y Diego un real de a dos, y Rodrigo un doblón, y si hubiere más jugadores, ha de tener cada uno su señal diferente uno de otro. Con esto jugó Pedro de mano y echó 6 puntos: puso por señal su sortija en la casa 6. Jugó luego Diego y echó 4 puntos, con que llegó a la casa del trabajo. Y porque, como dice [45r] su moralidad, fol. 14, no debe el que pretende reparar en ningún trabajo, a trueque de alcanzar lo que desea, ha de pasar otros tantos puntos adelante y poner su señal, que es un real de a dos, en la casa 8. Y esta regla se ha de guardar todas cuantas veces se diere en trabajo, que es en cualquier casa donde hubiere bueyes.

Jugó luego Rodrigo y echó 5 puntos; puso su doblón en la casa 5. Tornó a jugar Pedro, y sobre 6 que tenía echó 9 [45r], con que llegó a la casa 15 que es el paso de esperanza; y mirando a lo que está escrito encima, cerrado con una raya, halla que dice “Al privado. un. 26. pi.”, que quiere decir que no ha de parar allí, sino ir a buscar favor a la casa del privado. Paga un tanto a la polla por la buena esperanza que se le ofrece y, poniendo su señal en la casa 26, paga otro por el favor que espera.

Torna Diego a jugar y echó 5 puntos, con que puso su señal en la casa [46r] 13.

Juega luego Rodrigo, que estaba en 5, y echó 10. Llegó con ellos al paso de esperanza; ha de pasar, mirando lo que está escrito encima, a la casa del privado, hállala ocupada con la sortija de Pedro, quítala, y pone su doblón. Paga dos tantos por la razón arriba dicha, y vuelve Pedro su señal a la casa 5, que es donde estaba Rodrigo, pagando un tanto porque volvió atrás.

Y así por esta orden se ha de ir jugando, y advirtiendo que, aunque [46v] se ha hecho relación de solas estas casas y de tres jugadores, se ha de entender que es lo mismo de las otras casas y de los jugadores que más hubiere, de manera que si dieren dos en una casa, se ha de quedar el segundo, y el primero ha de tomar la que el otro dejó. Y si fuere en el principio del juego, se ha de quedar sin casa el primero, pues el que después jugó no la tenía. Y si da en los bueyes, pasa otras tantas casas delante como puntos [47r] echó para llegar allí.

Llegado al paso de la esperanza, que es a quince casas, pasa a la del privado, que es a ventiséis, pagando un tanto por cada una de las dos. Y si da en el pozo del olvido, que es a treinta y dos, paga un tanto a cada uno de los jugadores y dos en la polla para sogas, habiendo estado sin jugar una mano. Y si da en el “¿Qué dirán?”, que es a treinta y seis, vuelve a los dados veintiocho, y de la falsa amistad, que es a [47v] treinta y nueve, vuelve al pródigo, que es a siete casas. Y de la mudanza de ministros, que es a cuarenta y tres, vuelve a Adulación, a diez; y de la muerte del valedor, que está a cuarenta y seis, vuelve a comenzar el juego de nuevo. Y en la casa de la fortuna, que es a cincuenta y una, juega dos veces; y del “Pensé que”, que es a cincuenta y cinco, vuelve a la diligencia, que está a veinte. Y de la pobreza, que está a sesenta, vuelve a la suerte [48r] cincuenta y tres, y danle por limosna un tanto cada uno.

Y si echa más puntos de los justos para llegar a la palma, vuelve atrás los que sobran, pagando un tanto por cada vez que volviere atrás de cualquier suerte que sea, salvo, el que da en la casa de la pobreza, que no solo no paga, sino que todos le dan cada uno un tanto.

Y el que llega con los puntos del dado al justo a la casa sesenta y tres en que está la palma, se lleva [48v] todo lo que está puesto en la polla. Así lo que se puso al principio como lo que más fueron poniendo los jugadores.

Lau Deo.

En Madrid

Por Pedro Madrigal.

1587

 


  1 - Filosofía cortesana || 2010-02-18 || filosofía || juegos

El nuevo y muy didáctico juego de la oca

La referencia más antigua que se ha encontrado, por el momento, sobre el juego de la oca proviene de un libro de Pietro Carrera titulado Il giuoco de li scacchi, publicado en Militello en 1617, en el cual se dice que hacia 1580 Francesco dei Medici envió a Felipe II, rey de España, «Il nuovo e molto dilettevole giuoco dell’Oca». Esta referencia no se ha podido contrastar por ninguna otra fuente, pero sí es probable que fuera cierta teniendo en cuenta que menos de diez años después Alonso de Barros publicó su peculiar versión del juego de la oca, que veremos más adelante.

La siguiente referencia es una inscripción del 16 de junio de 1597 en la que se habla una vez más «Il nuovo e molto dilettevole giuoco dell’Oca», que fue llevado a Londres por un tal John Wolfe (1). A partir de aquí se irán multiplicando por toda Europa. Valgan dos ejemplos más como síntoma de esta rápida difusión: en Francia, un tal Héroard, médico y preceptor del futuro rey Luis XIII, menciona en sus memorias, publicadas en 1612, que al infante le gusta relajarse jugar a la Oca; y, en Italia Michelangelo Vaccari menciona un «Gioco dell’Oca» en un inventario de imágenes profanas y religiosas que publica en 1614 (2).

tablero de Carlo Coriolani

Tablero de Coriolani

El tablero más antiguo que ha llegado hasta nuestros días fue publicado en Venecia, en 1640, por Carlo Coriolani y llevaba por nombre «Il dilettevole gioco di loca». El dibujo no es muy bueno, lo que podría denotar su carácter popular. Consta de 63 casillas, más la de llegada, y en el centro se muestra a una familia sentados a comer. Las casillas normales van en blanco y entre las especiales se distinguen ya algunas que serán habituales del juego: el puente (6), la posada (19), los dados (26), el pozo (31), el laberinto (42), la muerte (58), y las ocas, que duplican el movimiento.

En síntesis, el origen del juego es incierto. Tal vez fue inventado, efectivamente, en Florencia hacia 1580, pero es probable que se basara en un modelo mucho más antiguo, quizás proveniente de oriente, como explica la catedrática Sagrario López Poza (3):

«Entre lo mucho que se ha escrito sobre el juego de la oca, parece que su origen primigenio pudo estar en China, en un juego inventado bajo la dinastía Ming (1368–1644) llamado Shing Kunt t’o, que puede traducirse como la promoción de los mandarines».

En cualquier caso, parece seguro que para principios del siglo XVII ya se había extendido con gran rapidez por Europa. Parte de este éxito se debió, probablemente, al terreno abonado que había dejado la literatura emblemática.

Tebeos morales: la emblemática

En 1531 se publicó en Augsburgo una obra titulada Emblematum liber que en seguida alcanzó gran éxito. Una tras otra se sucedieron las ediciones en diversos idiomas y por toda Europa se escribieron libros similares. El libro consistía en una serie de dibujos simbólicos acompañados de una frase y una breve enseñanza moral. Por ejemplo, en uno de estos dibujos o emblemas, el llamado In astrologos, se muestra un astrólogo y en el texto se explica que, como le sucedió a Ícaro, estos impostores también caerán de cabeza de tanto acercarse a las estrellas.

In astrologos

Dibujo de In astrologos, de Alciato, en una edición francesa e 1536.

La popularidad del Emblematum liber se debió a un golpe de fortuna y el buen tino de un editor. Su autor se llamaba Andrea Alciato y en un principio carecía de ilustraciones. Estaba dedicado a Maximiliano Sforza, duque de Milán, y fue pasando de mano en mano hasta que lo recibió un impresor llamado Steyner. Intuyendo que al libro le faltaba algo para estar completo, Steyner decidió publicarlo incluyendo 99 grabados acompañando al texto. No se equivocó. En apenas dos siglos se duplicaron los grabados, se superaron las 175 ediciones y, por toda Europa, los autores humanistas se lanzaron entusiastas a escribir nuevos libros de emblemas, como La Filosofía cortesana de Alonso de Barros que, además es un juego,

Alonso de Barros

En un artículo brillante sobre Alonso de Barros y su Filosofía cortesana (4), José Martínez Millán nos explica que nació en Segovia hacia 1552. Su padre, Diego López de Orozco, había trabajado como ayudante de cámara gentilhombre de Cámara del emperador Carlos V, lo cual le abrió las puertas de la corte. En 1563 entró a trabajar como aposentador de la casa real y hasta su muerte, en 1604, estuvo vinculado con la corte, primero con Felipe II y después con Felipe III.

No fue un autor prolífico. Apenas tenemos constancia de unas tres obras suyas, aunque quizá algún día se encuentre alguna que otra más, pues resulta algo extraño que sea tan parca. La más conocida es La perla de los proverbios morales y, como indica el título, es una recopilación de citas moralizantes, expuestas a modo de pareados moralizantes concatenados por la conjunción «ni».

Ni más bebedora esponja
que la sed del usurero.

Ni más perdido dinero
que el del recién heredado.

Ni valeroso soldados
sino es ambicioso de honra.

Ni verdadera deshonra
sin la culpa del paciente […]. (1050).

Al lado de cada pareado, incluye la cita latina de la fuente correspondiente: Aristóteles, san Agustín, Apolodoro, Boecio, Cicerón, Eclesiastés, Luciano, Macrobio, Petrarca, Platón, Propercio, etcétera (5).

la perla de los proverbios

Páginas 56 y 57 de La perla de los proverbios morales. En las páginas pares vienen las locuciones moralizantes y en las impares la cita latina de la que provienen.

Sobre la segunda obra conocida de Alonso de Barros, que lleva por título Memorial sobre el reparo de la milicia, me permitirá el lector que pase de largo, a pesar de que el contenido promete ser tan apasionante como emparejar calcetines. El tercer libro suyo, La filosofía cortesana moralizada, en cambio, es el que vamos a ver en detalle en cuanto conozcamos un poco mejor la corte castellana en tiempo de los Austrias.

La corte laberíntica

La idea de que la corte es un nido de víboras, donde resulta imposible medrar sino es a fuerza de engaños, hipocresías y traiciones, constituye un tema recurrente en algunos literatos españoles del siglo XVI. Un ejemplo paradigmático es el emblema 31 de los Emblemas morales de Sebastián de Covarrubias, en el que vemos a un cortesano perdido en el laberinto que supone la corte.

Tanta est fallacia tecti, Covarrubias. Emblemas morales

Sebastián de Covarrubias. Emblemas morales, 31.

El lema reza Tanta est fallacia tecti, «Tan grande es la trampa de aquel edificio», el cual proviene del libro octavo de las Metamorfosis de Ovidio (168), justo del pasaje en el que está describiendo cómo Dédalo construyó un edificio tan complicado que casi ni él mismo consiguió escapar. El texto explicativo en verso termina de aclarar la enseñanza:

Mañana, es otro, partiré a mi casa,
dice el entretenido Cortesano.
Un año y otro en este medio pasa,
porque salir de allí, no es en su mano.
La salud gasta, la hacienda abrasa,
con pretensión de un pensamiento vano,
y el más prudente y cortesano viejo,
pierde la vida, y deja allí el pellejo. (6)

Es decir, la Corte es un peligroso laberinto del que resulta imposible escapar y, mientras espera en vano ascender un peldaño, pierde la salud y el dinero hasta el más prudente de los cortesanos (7).

De entre los varios ejemplos más que abordan el tema (8), destaca, por calidad y por pionero, el Menosprecio de corte y alabanza de aldea (Valladolid, 1539) de Antonio de Guevara (9). Con esta obra se popularizan algunas bases del tema, como la corte laberíntica de la que sólo se puede escapar con una voluntad férrea.

«Viniendo, pues, al propósito, es de notar que el proverbio más usado entre los cortesanos es decir a cada palabra: «A la verdad, señor compadre, quiero ya esta maldita de corte dejar e irme a mi casa a morar, porque la vida de esta corte no es vivir, sino un continuo morir.» ¡Oh!, a cuántos he oído yo esta palabra prometer y a cuán poquitos la he visto cumplir, porque el anzuelo de la corte es de tal calidad, que al que una vez prende dale cuerda, mas no le suelta». (Cap. 3).

Aunque es tarea en la que bien vale emplearse pues:

«El que deja la corte y se va a su casa, con más razón puede decir que se va a vivir que no se va a morir; porque en escapar de la corte ha de pensar que escapa de una prisión generosa, de una vida desordenada, de una enfermedad peligrosa, de una conversación sospechosa, de una muerte prolija, de una sepultura labrada y de una república confusa». (Cap. 4).

Otro tópico del género es la ruina de la vida en la corte frente a la saludable vida en el campo.

«¡Oh!, cuán bienaventurado es aquél a quien cupo en suerte de tener qué comer en el aldea; porque el tal no andará por tierras extrañas, no mudará posadas todos los días, no conocerá condiciones nuevas, no sacará cédula para que le aposenten, no trabajará que le pongan en la nómina, no tendrá que servir aposentadores, no buscará posada cabe palacio, no reñirá sobre el partir la casa, no dará prendas para que le fíen ropa, no alquilará camas para los criados, no adobará pesebres para las bestias, ni dará estrenas a sus huéspedas. No sabe lo que tiene el que casa de suyo tiene; porque mudar cada año regiones y cada día condiciones es un trabajo intolerable y un tributo insufrible».

En suma, que la corte saca lo peor de cada uno:

«En la corte no sólo se mudan las complexiones, más aun las condiciones. Para probar esta sentencia no hemos menester a Platón que lo diga ni a Cicerón que lo jure, pues vemos de cuerdos tornarse locos; de mansos, presuntuosos; de abstinentes, golosos; de pacientes, mal acondicionados; de nobles, maliciosos; de pacíficos, revoltosos; de callados, chocarreros; de honestos, amancebados; de ocupados, vagabundos; y aun de devotos, tibios cristianos».  (Cap. 9).

Y encima todos viven a disgusto:

«En la corte ninguno vive contento y no hay quien no diga que está agraviado, porque se queja del rey que no le hace mercedes, del privado que no le es amigo, del émulo que se lo estorba, del pariente que no le ayuda, del amigo que no le habla, del presidente que no le despacha, del aposentador que no le aposenta, del portero que no le abre, del contador que no le libra, del tesorero que no le paga, del alguacil porque le desarma, del trapero porque no le espera, del banquero porque le ejecuta, y aun del truhán si le dijo alguna malicia». (Cap. 9).

Es lo que se dice un auténtico lodazal.

«Hay en las cortes de los príncipes tantos vagabundos, furiosos, desalmados, blasfemos, tramposos y mentirosos, que no nos escandalizamos ya de ver tantos malos, sino que nos maravillamos topar con algunos buenos. No tiene ya el mundo en sus rosales sino espinas, en sus árboles sino hojas, en sus viñas sino rampojos, en sus bodegas sino heces, en sus fraguas sino cisco, en sus graneros sino paja y en sus tesoros sino escoria. ¡Oh, siglos dorados!, ¡oh, siglos deseados!, ¡oh, siglos pasados!, la diferencia que de vosotros a nosotros va es que antes de nosotros veníase el mundo perdiendo, mas ahora en nuestros tiempos está ya del todo perdido. En ti, ¡oh, mundo!, cada uno dice lo que quiere, inventa lo que quiere, toma lo que quiere, emprende lo que quiere, hace lo que quiere y, lo que es peor de todo, vive como quiere y se sale con lo que quiere. Poco hay ya en ti, ¡oh, mundo!, que conservar, poco que defender, poco que gozar y muy poquito que guardar, y por otra parte hay en ti mucho que desear, mucho que enmendar y aun mucho que llorar. Gozaron nuestros pasados del siglo férreo y quedó para nosotros, ¡míseros!, el siglo lúteo, al cual justamente llamamos lúteo pues nos tiene a todos puestos del lodo». (Cap. 19).

Otro caso lo encontramos en el divertido y extenso poema Aula de cortesanos (10), del poeta mirobrigense Cristóbal de Castillejo (1490-1550).  Un joven llamado Lucrecio, por lucro, quiere emprender una carrera que le reporte pingües beneficios, así que piensa ir a la corte, donde ve que todos los chicos

llegan sin inconviniente
a ser muy grandes y ricos
y dichosos,
y los veo andar pomposos,
ufanos y bien vestidos
honrados y poderosos,
privados y favoridos
y contentos […] (vs. 410)

Pero, como alguna duda le queda, lo consulta con un pariente suyo llamado Prudencio, por prudencia, que ha sido cortesano durante más de cuarenta años, desde que apenas contaba quince años de edad. Durante el resto del poema, Prudencio insistirá en lo espantoso del ambiente cortesano, donde todos andan angustiados por si bajan un escalón en el escalafón social como resultado de la voluble fortuna, una fuerza que escapa al margen de maniobra de los seres humanos.

aunque no es como pensáis,
todo oro lo que reluce,
ni es igual
a todos en general
en palacio la fortuna;
que a unos es parcial,
y a otros brava, importuna;
a unos da muy por tasa
los bienes bien merescidos,
con otros excede y pasa
de los límites debidos
de favor. (vs. 463)

Ni siquiera los que parecen más afortunados son felices, pues

todos andan de cuidados,
congojas y ruinas llenos, no bastante
bien ninguno, aunque abundante,
a que no pene por más,
y por pasar adelante
o por no volver atrás,
y crecer […] (vs. 480).

Sigue Prudencio con la descripción de los cuatro tipos de personas que hay en la corte. Unos son los nobles y caballeros, que «gastan sus dineros por su placer y deporte». A estos sólo les atormentará la envidia, el miedo y el ansia por medrar en sociedad, pero parece que están a salvo de penurias físicas. Otros hay, como Lucrecio, que piensan salir bien parados gracias a su tesón y talento, pero no se rige la corte por la igualdad de oportunidades, y, sin dinero, su destino es terminar en la miseria, alimentados en un hospital en el mejor de los casos. Tampoco les aguarda mejor destino a los que llegan, peregrinos, desde alguna corte extranjera con una misión encomendada, ya que

padescen de mil maneras,
y prueban bien a qué sabe ser fatores;
por servir a los señores
o negociar de otra suerte,
 sufren duelos y dolores,
y algunas veces la muerte
temerosa,
tras la justicia dudosa,
andando contino en vela,
o como la mariposa
en torno de la candela
deslumbrados […]

Aunque también es cierto que son los únicos que pueden aferrarse esperanzados a recobrar la libertad algún día.

mas los menos mal librados
son estos a la verdad,
pues los pleitos acabados,
vuelven a su libertad.

El cuarto grupo está formado por los que ejercen algún cargo importante «y de sudores ajenos se enriquecen», son los que mandan «y en pos de ellos se ya la gente golosa». Aunque pudieran parecer afortunados, en realidad también lo pasan mal, pues viven muy preocupados por cualquier giro de fortuna que les rebaje un ápice el estatus social y nunca se conforman con la situación en la que están.

Como Lucrecio no termina de comprender cuan terrible es la vida en la corte, Prudencio continúa su exposición estableciendo una analogía metafórica entre la corte y la navegación por un mar de moralidad inmunda, la cual recuerda a la Nave de los necios que formularan El Bosco y Sebastian Brandt entre otros. En resumen, la corte, como el Infierno, es un lugar terrible, del que no se puede escapar una vez que se ha probado apenas una migaja.

¿Qué sabéis,
Lucrecio, si lo podréis
hacer como lo pensáis,
y si de corte saldréis
si una vez en ella entráis
a probar
lo que sabe su manjar? (vs. 3185)

La filosofía cortesana moralizada

En 1587, Alonso de Barros publicó un juego que llevaba por título Filosofía cortesana moralizada. Era una especie de juego de la oca, pero adaptado a la visión de la corte como un hervidero de intrigas y mezquindades. Las casillas especiales hacían referencia a los vericuetos de la corte y la manera de pasarlos con menor dificultad, la cual, en palabras de Barros, consistía en emplear liberalidad, adulación, diligencia y trabajo. De hecho, frente a las visiones fatalistas de Antonio de Guevara y Cristóbal de Castillejo, que, poco más o menos que se rinden ante los caprichos de la Fortuna, motor de la corte, la cual sólo puede ser guiada mediante un esfuerzo ímprobo de la voluntad, Barros propone una filosofía algo más optimista. Si bien es cierto que la corte es un laberinto lleno de peligros, en el que un giro de Fortuna nos puede enviar al punto de partida, también es verdad, según Barros, que mediante el trabajo se puede salir adelante e, incluso, coronar la cima de las esperanzas cortesanas, la palma del éxito.

El tablero se ha perdido y del juego apenas queda el manual de instrucciones, que es lo que se conoce como Filosofía cortesana moralizada. Por lo que se indica en este manual, el pliego del tablero debía de ser bastante grande, acorde con el tamaño de las fichas y la abundancia de textos e ilustraciones, por lo que Alonso de Barros recomendaba clavarlo a una tabla. Por analogía con los tableros más antiguos que se han conservado, podemos suponer que quizá siguiera un recorrido en espiral. Constaba de 63 «casas», es decir, casillas, «que son los años de la vida».

Tres esquinas estaban decoradas con sendas ilustraciones. En una se mostraba un delfín arrastrando un ancla, símbolo de la velocidad y firmeza. En otra, una mujer con cabellos en la frente y rasurada la coronilla, la cual denotaba la ocasión. En la tercera una mano señalando las horas de un reloj, con una frase que decía «Hasta la postrera» (la Muerte). En su conjunto, con estas tres ilustraciones se

«quiere decir: “que porque en el discurso de una pretensión no hay cosa segura hasta el fin de ella, le es necesario al que pretende asista en lo comenzado con gran solicitud y firmeza, sin temer trabajo ni costa, ni perder ocasión ni tiempo, porque lo que de esto se pierde jamás se cobra; y ninguno es tan mal perdido como aquel en que por desconfianza se dejan de hacer diligencias. Pues hasta la postrera hora, y no más, se nos concede tiempo de poderlas hacer; las cuales, como fueren, serán después de la muerte testimonio de la vida».

Como fichas bastaba con emplear cualquier objeto pequeño que identificase a su propietario —como un reloj, una moneda o una sortija— y se jugaba con dos dados de seis caras.

Podían participar tantos jugadores como quisieran. Al principio de la partida cada jugador ponía una cantidad de dinero estipulado de antemano, la «polla» que dice Alonso de Barros, que se situaba en el centro del tablero. A medida que transcurría el juego, los jugadores podían ganar tantos de este monto o tener que sumar otros al caer en casillas fatídicas. El primero en alcanzar la casilla 63, la Palma del éxito, se llevaba la banca.

Por lo menos las casillas especiales, si no todas, constaban de una ilustración y un pareado, separado del dibujo por una raya horizontal. Barros describe las siguientes casillas especiales. Entre paréntesis, la posición en el tablero; justo debajo, el mote del emblema:

Puerta de la opinión (0 ó 1)

A los pies mira razón
y a la rueda la opinión. 

La casilla muestra una puerta en cuyo vano hay un cisne pisando un esqueleto, símbolo de la muerte. Además, quizá hubiera una trompeta de la que salía una máxima invitando al jugador a conocerse a sí mismo, para que luego no se queje si es desafortunado, pues, en el fondo, viene a decir, la Fortuna no nos provocará grandes desastres si somos de recta intención.

Pródigo (7)

El pródigo tiene amigos
cuanto come con testigos.

La imagen muestra a un pelícano de cuyo pico están alimentándose unos gatos, pues el pródigo da de comer hasta a sus enemigos naturales.

Adulación (10)

Muestra fina y falso paño
vende adulación y engaño.

Estaba representada por una sirena, monstruo de la mitología clásica cuyo canto era la perdición de los navegantes, con un espejo en una mano y en la otra un camaleón, pues el adulador se cambia de color al gusto del engañado.  

Paso de la esperanza (15)

Te conducía a la casilla 26, del Privado, pero había que pagar dos tantos a la banca, uno «por la buena esperanza que se le ofrece» y otro «por el favor que espera». Si la casilla del Privado ya estaba ocupada por una ficha, ésta se quita y se pone en la posición desde la que salió la recién llegada antes de caer en esta casilla de la esperanza.

Diligencia (20)

Cuanto trabajo y procura,
el mundo todo es basura.

Está representada por un escarabajo pelotero empujando una bola de estiércol.

Privado (26)

(¿?) No pidas la mano ajena 
si la tuya no va llena. 

Azar (28)

Si no hay dicha en negociar, 
la suerte se vuelve azar. 

Esta casilla parece inspirada en la de los Dados, del juego estándar de la oca (26), pero en sentido inverso, ya que en vez de enviar para adelante, es receptora de una posterior.

Pozo del olvido (32)

El ingrato echa en olvido 
cuanto bien ha recibido.

En la versión estándar del juego de la oca hay un pozo en la casilla 31, en el que probablemente se inspiró Alonso de Barros para diseñar el suyo.

Es una casilla bastante mala, pues el jugador que cae en el pozo del olvido pierde una mano y debe pagar un tanto a cada uno de los demás y dos más a la banca, para pagar las sogas con que sacarle de ahí.

¿Qué dirán? (36)

El que sirve al “¿qué dirán?”
tome el pago que le dan. 

Al caer en esta casilla se retrocede hasta la 28.

Falsa amistad (39)

Dando gracias por agravios,
negocian los hombres sabios.

Al caer en esta casilla fatídica se retrocede hasta la séptima, el Pródigo.

Mudanza de ministros (43)

Quien limita su esperanza
sufra el golpe de mudanza.

Esta casilla te hace retroceder hasta la décima, Adulación.

Muerte del valedor (46)

El hombre que en hombres fía
queda cual ciego sin guía.

La peor casilla de todas, pues te lleva de nuevo al punto de partida, al igual que sucede con la casilla de la Muerte (58) en el juego estándar. Estamos en el siglo XVI y la muerte, claro está, no podía faltar en un juego relacionado con la fortuna.

La fortuna (51)

Todo está a disposición
de fortuna y permisión.

Se vuelven a tirar los dados.

La diosa fortuna con una banda en la que dice «Yo trueco y mudo el consejo».

Pensé qué (55)

Del “Pensé que” huye ventura,
y la que tiene no dura.

Se vuelve a la diligencia (20). Está representado por un asno, que no prevé nada.

Pobreza (60)

Pobreza seca el humor
de la raíz del favor.

La imagen muestra una tierra seca. Se vuelve a la casilla 53, pero todos los jugadores deben darle un tanto por limosna.

La palma del éxito (63)

Para entrar en esta casilla, meta del recorrido, hay que sacar una tirada justa. En caso de que se saque una tirada mayor, hay que retroceder los puntos sobrantes pagando un tanto a la banca por cada uno de ellos, salvo que el rebote conduzca a la casilla de la pobreza, en cuyo caso, como vimos, son los demás quienes deben pagar un tanto al jugador.

Debía de constar de varios dibujos y emblemas. El principal era una palmera en cuyo tronco estaba escrito «Ni lo mucho, ni lo poco», máxima aristotélica esta del término medio, la templanza, que resulta acorde con la puntuación que había que sacar para alcanza la casilla, es decir, la justa medida. Quizás, por algún lado de este dibujo estaba el lema:

Cuando tengas más fortuna,
mira que es como la luna.

Además, sujetándose a las ramas de la palmera en una isla estaba un hombre tratando de alzarse (con la victoria). A su lado, quizá se encontrase un pez, otro símbolo de su triunfo, pues lo ha pescado en el mar de su trabajo, aunque en el intento ha perdido un zapato, para que se entienda que todo cuesta y nada es en balde. El lema que le acompaña dice:

Nunca subirá gran cuesta
quien mirare lo que cuesta.

Por último, en el mar, que se llama Sufrimiento, tal vez, estaba una tercera locución moral:

Quien pretende ha de sufrir,
como quien nace morir.

Casillas del Trabajo

Estaban representadas por dos bueyes unidos por un yugo, del que pendía unos frutos (los del trabajo).

Equivalen a las casillas de la oca del juego actual. Al caer en ellas, el jugador avanza tantas casillas como la tirada que le ha llevado hasta allí. Por ejemplo, si ha sacado un cuatro para llegar a la casilla, avanza cuatro casillas.

Había nueve casillas de este tipo, lo cual quizás esté relacionado con la combinación de “tres veces tres”, tan cara al neoplatonismo imperante de la época, como se puede apreciar en El Escorial. Alonso de Barros no explica en qué posición se encontraban, pero es de suponer que se repartían de forma equidistante a lo largo del tablero cada 6 ó 7 casillas. Cada una llevaba su propio pareado moralizante:

Frutos del trabajo justo
son honra, provecho y gusto.

Del ocio nace pobreza
y del trabajo riqueza.

No es grande trabajo aquel 
que basta a sacarnos de él. 

Al fin se rinde fortuna 
si el trabajo la importuna.

El fruto de la esperanza 
por el trabajo se alcanza. 

Trabajo es no le tener 
el que de él ha de comer. 

Trabajo es no le tener, 
el que de él ha de comer. 

Aunque fortuna es mudable, 
al trabajo es favorable. 

El trabajo gana palma 
y quita el orín del alma. 

Además, en general, cuando una ficha caía en una casilla ocupada por otra, esta última debía retroceder a la casilla desde la que había salido la que acababa de llegar.

Bueno, pues hasta aquí por hoy. Otro día analizamos la relación entre Fortuna, predestinación y voluntad durante la Edad Media y el humanismo.

Notas

1. Referencia reportada por Murray en el clásico A History of Board Games other than Chess. Oxford University Press, 2002. [volver]

2. Un resumen atinado sobre el origen del juego de la oca y las primeras fuentes documentales es el artículo de Domini Donatino Il Gioco dell'Oca, en

Berti, Giordano; Vitali, Andrea. La vite e il vino. Carte da gioco e giochi di carta. Fondazione Lungarotti- Edigraf. Roma, 1999.

On line, la mejor web al respecto, que conozco, es la de Luigi Ciompi y Adrian Seville: www.giochidelloca.it, con abundantes documentos gráficos y escritos. [volver]

3. Sagrario López Poza. Expresiones alegóricas del hombre como peregrino en la tierra. En De oca a oca... por el Camino de Santiago. Xunta de Galicia. Santiago de Compostela, 2004. (Leer PDF). [volver]

4. José Martínez Millán. Filosofía Cortesana de Alonso de Barros (1587). En Política, religión e inquisición en la España moderna: homenaje a Joaquín Pérez Villanueva. 1996. (Leer PDF). [volver]

5. Se puede leer una edición on line de la Junta de Andalucía. François par Sebastien Hardy tradujo este libro al francés en una edición parisina de 1639, la cual lleva por título Desengagño [sic] de cortesanos. Está recogida en Google y hay una copia en la BNE. [volver]

6. Desde Archive.org se puede descargar una versión PDF de la edición de 1610, muy recomendable. [volver]

7. Por otro lado, como explico en El laberinto, historia y mito, quién sabe si el propio Sebastián de Covarrubias no se sentiría identificado en este emblema. Sebastián y su hermano Juan provenían de una ilustre familia de eruditos, teólogos y arquitectos, muy ligada a Felipe II por parte de su tío Diego. Ambos tenían un problema para medrar en la Corte: su padre descendía de una familia de judíos conversos. Quizá por esto, en su vida profesional siempre trató de mantener un precario equilibrio entre el deseo de obtener el favor real, el cual obtuvo primero con Felipe II y más tarde con Felipe III, y la necesidad de mantenerse lo más alejado posible de la rancia corte castellana, donde no habrían tardado en hostigarle los demás cortesanos si le hubieran percibido como un peligro para sus respectivas carreras. [volver]

8. Explica José Martínez Millán que:

«Fue durante el período de los Trastámara —sobre todo en el reinado de Juan II— cuando surgió este género literario que trataba de explicar las contradictorias situaciones por las que atravesaban los más relevantes cortesanos; si bien, en aquella época, la evolución de la fortuna  se explicaba desde un plano moral; es decir, la próspera o adversa fortuna se proyectaba al comportamiento moral del cortesano. A este propósito, la vida de don Álvaro de Luna, [un favorito caído en desgracia], servía como paradigma adecuado según se desprende de las numerosas obras, aparecidas a finales del siglo XV y durante el siglo XVI, con dicho argumento».

Menciona Milián tres ensayos claves sobre esta relación entre la fortuna y los avatares de la corte castellana:

  • Jesús Gutiérrez. La “Fortuna bifrons” en el teatro del Siglo de Oro.
  • Juan de Dios Mendoza Negrillo. Fortuna y Providencia en la literatura castellana del siglo XV. Madrid, 1973.
  • Raymond R. Mac Curdy. The tragic fall: Don Álvaro de Luna and the other favorites in Spanish golden age drama. Chapell Hill, 1978 (caps. 4º y 5º).

En cuanto a las obras clásicas, además de los casos expuestos , destacan:

  • Martín de Córdoba. Compendio de la Fortuna. [Publicado por Biblioteca de autores españoles; t. 171. Prosistas castellanos del siglo XV / edición y estudio preliminar de Mario Penna, Fernando Rubio].
  • Diego Valera. Tratado de la Providencia contra Fortuna. [Publicado en el mismo volumen de la BAE]
  • Juan de Mena. Laberinto de Fortuna. (Publicada on line por la Biblioteca Cervantes).
  • Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana. Bías contra la Fortuna. (Edición facsímil, un tanto ilegible, por la Biblioteca Cervantes). Complemento de esta obra es el artículo de Álvaro Alonso. El estoicismo y el debate de Bías contra Fortuna. En Dicenda: Cuadernos de filología hispánica, nº 4. 1985. (Leer on line).

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9. Del Menosprecio de corte y alabanza de aldea se puede consultar una buena edición on line de Emilio Blanco en www.filosofia.org. [volver]

10. El poema Aula de cortesanos está editado on line por la Biblioteca Cervantes. [volver]


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