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  9 - Medusa y las Gorgonas || 2010-04-12 || mitología

[Publicado por primera vez en El Jardín de los Dioses hacia 2006. Puedes leer el artículo por aquí o en su formato original]


Medusa y las Gorgonas

1. El mito

Las Gorgonas son uno de los monstruos más complejos de toda la mitología griega, pues su historia se fue haciendo cada vez más sofisticada a medida que poetas y artistas iban descubriendo nuevas posibilidades literarias, pero, en esencia, el mito es el siguiente.

Las 3 Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa) eran hijas de dos divinidades marinas, Forcis y Ceto. Su aspecto era bastante terrorífico: de la cabeza le crecían serpientes en vez de pelo; en su sonrisa lucían un par de afilados colmillos de jabalí; sus manos eran de bronce y sus dos alas de oro, lo que no les impedía utilizarlas para volar; y, si miraban directamente a alguien a los ojos, al momento le dejaban petrificado.

linaje de medusa

De las tres hermanas, la más famosa era Medusa, aunque era la única mortal. Vivían el extremo de Occidente, cerca del reino de los muertos, y no había mortal ni divinidad que no las tuviera temor. El único dios que se atrevió a amarlas fue el rey del mar, Poseidón, que se acostó con Medusa y la dejó embarazada.

De hecho, hay una variante más tardía del mito en la que atribuyen precisamente a este amorío la transformación de Medusa. Según esta versión, Poseidón se acostó con una muchacha muy hermosa que se llamaba Medusa en el templo de Atenea y, cuando la diosa se dio cuenta, transformó a la infeliz joven en el horrendo monstruo con melena de serpientes.

medusa

Medusa (siglo VI a. C.). Museo de Siracusa

En este antiguo bajo relieve podemos apreciar los principales rasgos de una Gorgona: serpientes en la cabeza, mirada penetrante, largos colmillos, alas de oro, manos poderosas y el cuello protegido por una armadura.

En lo que sí coinciden todas las versiones es en el final de la única gorgona mortal a manos del gran héroe Perseo, hijo de Zeus y de una mujer de una belleza irresistible, Danae.

Por razones diversas, madre e hijo han tenido que huir de su Argos natal y se han refugiado en la isla de Sefiros, donde reina Polidectes. Como tantos otros, el rey se enamora perdidamente de Dánae, pero Perseo la defiende de cualquiera que intente obtenerla con violencia, por lo que Polidectes trama un plan para alejar al muchacho de su madre.

Durante una copiosa comida a la que están invitados muchos príncipes, pregunta qué regalo le querrían ofrecer sus amigos. Todos dicen que el mejor obsequio para un rey es un caballo, pero al insensato Perseo no se le ocurre otra cosa que prometer la mismísima cabeza de Medusa si fuera necesario. A la mañana siguiente, el rey le recuerda su compromiso y a Perseo no le queda más remedio que salir en busca de la feroz criatura bajo la amenaza de que Polidectes viole a su madre si no cumple su palabra.

Según otra versión, estos regalos estaban destinados a su amada Hipodamia, pero en esencia es lo mismo: Perseo debe ir en busca de Medusa por una intempestiva promesa hecha bajo engaño al rey.

Pero no todo está perdido pues los dioses sonríen al atrevido joven y acuden en su ayuda. Aconsejado por Atenea y Hermes, Perseo se dirige primero al lugar donde habitan las tres Grayas, que también eran hijas de Forcis y Ceto. Las Grayas eran tres mujeres que ya habían nacido ancianas y se llamaban Enio, Penfredo y Dino. Entre todas tan solo contaban con un solo ojo y un solo diente, que se iban rotando.

Aprovechando un descuido mientras intercambiaban el ojo, Perseo consigue arrebatárselo junto con el diente y no se los devuelve hasta que le indican dónde habitaban las Gorgonas. A las desdentadas hermanas no les queda más remedio que aceptar y le conducen hasta donde viven unas extrañas “ninfas” que le dan varios objetos mágicos: unas sandalias aladas, una alforja y el yelmo de Hades, que volvía invisible a quien se lo ponía. Para terminar de armarse, Hermes le regaló una afilada hoz de acero.

Así preparado, Perseo echa a volar hasta la guarida de las Gorgonas, en los confines del mundo, donde las encuentra dormidas. Sabe que de las tres solo una es mortal, así que, mientras Atenea sostiene delante de Medusa un escudo de bronce tan pulido que reflejaba su feroz mirada, Perseo aprovecha para cercenarle la cabeza con la hoz de Hermes. De la herida salieron entonces los dos hijos que la terrible criatura había concebido con Poseidón: el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor, que nació blandiendo una espada de oro.

Perseo guardó la cabeza en la mágica alforja y, protegido por la invisibilidad que le proporcionaba el yelmo de Hades, escapó antes de que las dos hermanas de Medusa pudieran atraparle. Tras diversas peripecias, Perseo consiguió regresar y la diosa Atenea se hizo cargo de la cabeza de Medusa colocándola en el centro de su escudo. Triste final para la pobre Gorgona, que, en el fondo, tampoco es que le hubiera hecho daño a nadie. ¿No? (Aunque, según Ovidio, andaba petrificando a cuanta criatura se acercaba por donde vivía).

Los 2 hijos de Medusa y Neptuno anduvieron por caminos separados. De Crisaor, que significaría algo así como “el hombre de la espada de oro”, apenas nos han llegado noticias relevantes. Su único papel destacado fue el haber sido padre de dos grandes bestias: Gerión, un gigante con tres cuerpos, y Equidna, un monstruo mitad mujer, mitad serpiente.

A Pegaso, en cambio, sí que le pasaron más aventuras, sobre todo en compañía del héroe Bellerofonte, nieto de Sísifo. Con él por jinete, se enfrentaron victoriosos a la Quimera y las Amazonas. Tras la muerte de Bellerofonte, castigado por Zeús cuando intentaba alcanzar el Olimpo a lomos de Pegaso, volvió a subir al Olimpo y terminó siendo convertido en constelación.

Curiosamente, con el tiempo la figura de Medusa se convirtió en un amuleto que traía suerte y ahuyentaba a los enemigos. Así, por ejemplo, además de decorar los escudos de los guerreros, era frecuente por todo el Mediterráneo romano colocar la cabeza del desdichado monstruo en mosaicos, vasijas, estatuillas que colgaban de las casas, etcétera

alejandro

La Batalla de Assio. Mosaico de Pompeya. (siglo II a. C.).
Museo Arqueológico de Nápoles.

Obsérvese la cabeza de Medusa que luce Alejandro Magno en su coraza.

+ información en la página de Ana María Vázquez

 

2. Textos

Entre las diversas referencias literarias sobre el mito de Medusa, destacan tres por la cantidad de datos que aportan: un texto de Hesíodo, donde se explica el linaje y la descripción de las Gorgonas; un texto de Ovidio, que resulta muy interesante al proponer otra explicación para la monstruosidad de Medusa; y una última referencia en Apolodoro.

2.1. Medusa en Hesiodo.

«A su vez Ceto tuvo con Forcis a las Grayas de bellas mejillas, canosas desde su nacimiento; las llaman Viejas los dioses inmortales y los hombres que pululan por la tierra. También a Penfredo de bello peplo, a Enío de peplo azafranado y a las Gorgonas que viven al otro lado del ilustre Océano, en el confín del mundo hacia la noche, donde las Hespérides de aguda voz: Esteno, Euríale y la Medusa desventurada; ésta era mortal y las otras inmortales y exentas de la vejez las dos.

»Con ella sola se acostó el de la Azulada Cabellera [Poseidón] en un suave prado, entre primaverales flores. Y cuando Perseo le cercenó la cabeza, de dentro brotó el enorme Crisaor y el caballo Pégaso. A éste le venía el nombre de que nació junto a los manantiales del Océano, y a aquél porque tenía en sus manos una espada de oro.

»Pégaso, levantando el vuelo y abandonando la tierra madre de rebaños, marchó a la mansión de los Inmortales y allí habita, en los palacios de Zeus, llevando el trueno y el rayo al prudente Zeus. Crisaor engendró al tricéfalo Gerión unido con Calirroe, hija del ilustre Océano; a éste lo mató el fornido Heracles por sus bueyes de marcha basculante en Eritrea rodeada de corrientes…»

Hesiodo. La Teogonía. Gredos. Traducción de Aurelio Pérez Jiménez. (270).

2.2. Medusa en Hesiodo.

«El hijo de Agenor les contó que había un lugar al pie
del helado Atlas protegido por la defensa de una masa rocosa;
que a su entrada habitaban las hermanas gemelas, las Fórcidas,
que compartían el uso de un solo ojo; que él lo cogió
secretamente mediante un ardid, poniendo la mano debajo
mientras se lo estaban pasando; después, por regiones
muy ocultas, inaccesibles, y rocas erizadas de abruptas selvas
había llegado a la morada de las Gorgonas; por todas partes
por campos y caminos, había visto estatuas de hombres y
animales, convertidos de lo que eran en piedras al ver a Medusa.

»El, sin embargo, había mirado la cara de la horrenda Medusa
reflejado en el bronce del escudo que llevaba en la izquierda;
mientras un profundo sueño embargaba a las culebras
y a ella misma, le arrancó la cabeza del cuello y de la sangre
de su madre nacieron Pegaso, fugaz con sus alas, y su hermano.

»Añadió también los peligros, no fingidos, de su largo viaje,
los mares y las tierras que había visto desde lo alto debajo de él
y las estrellas que tocó con el batir de sus alas.

»Calló sin embargo antes de lo esperado; uno de los nobles toma
la palabra para preguntarle por qué sólo una de las hermanas
llevaba serpientes mezcladas alternativamente con sus cabellos.

»El extranjero dijo “pues preguntas algo digno de contarse,
he aquí la respuesta. Ella era la de figura más bella
y el partido codiciado por muchos,
y en toda ella no había parte más admirable que sus cabellos;
he conocido a quien dijo haberla visto. El soberano
del piélago [Poseidón], cuentan, la deshonró en el templo de Minerva [Atenea];
la hija de Júpiter [Zeus] se volvió y se cubrió el casto semblante
con la égida, y para que el hecho no quedara impune,
cambió la cabellera de la Gorgona en feas hidras.

»Y aún ahora, para aterrar y dejar paralizados a sus enemigos,
lleva delante del pecho las serpientes que creó».

Ovidio. Metamorfosis. Alianza Editorial. Traducción de Antonio Ramírez de Verger y Fernando Navarro Antolín. (Libro IV. - 772)

2.3. Medusa en Apolodoro

«A Acrisio, que había consultado un oráculo sobre el nacimiento de hijos varones, le respondió el dios que de su hija nacería un niño que le daría muerte. Temiendo esto, Acrisio preparó bajo tierra una habitación blindada y puso bajo vigilancia a su hija Dánae. Sin embargo, según cuentan algunos, la sedujo Preto, por lo que surgió entre ellos una disputa, o tal como afirman otros, Zeus se transformó en oro y se derramó a través del techo llegando hasta el seno de Danae.

»Cuando más tarde Acrisio se enteró de que ella había dado a luz a Perseo, no creyó que hubiese sido seducida por Zeus y metiendo a su hija junto con el niño en una cesta los arrojó al mar.

»La cesta fue llevada hasta Sérifos y Dictis la recogió y crió al niño. Reinaba entonces en Sérifos Polidectes, hermano de Dictis, que se enamoró de Dánae y, no pudiendo unirse ya con ella cuando Perseo se hizo un hombre, convocó a los amigos, entre ellos Perseo, dicéndoles que se trataba de reunir una dote para el matrimonio de Hipodamia, la hija de Enómao. Entonces Perseo dijo que no lo rechazaría ni por la cabeza de la Gorgona. Polidectes pidió caballos a los demás, pero no aceptó los de Perseo, sino que le ordenó traer la cabeza de la Gorgona.

»Perseo, bajo la guía de Hermes y Atenea, fue hacia las hijas de Forcis: Enio, Pefredo y Dino. Eran hijas de Ceto y Forcis, hermanas de las Gorgonas y ancianas ya desde su nacimiento. Entre las tres tenían un solo ojo y un solo diente, que se intercambiaban sucesivamente de una en otra.

»Una vez que se adueñó de ellos Perseo, cuando ellas se los reclamaron, les dijo que se los devolvería si le indicaban el camino que llevaba hacia las ninfas. Estas ninfas tenían sandalias aladas y el “kíbisis”, que dicen era una especie de alforja (Píndaro y Hesíodo en el Escudo dice sobre Perseo: "toda la espalda estaba cubierta por la cabeza del terrible monstruo Gorgona, y el kíbisis lo rodeaba". Se llamaba kíbisis porque en ella se metían ropa y alimentos). Tenían también el yelmo de Hades.

»Luego que las Fórcides le señalaron el camino, les devolvió el diente y el ojo, y se fue hacia las ninfas y consiguió lo que buscaba; se echó alrededor del cuello el kíbisis, se ajustó las sandalias a los tobillos y se puso el yelmo en la cabeza, con el cual podía ver a los que quería pero sin ser visto por los demás. Tomó también de Hermes una hoz de acero, echó a volar y llegó al Océano, sorprendiendo a las Gorgonas dormidas. Eran éstas Estenio, Euríales y Medusa. La única mortal era Medusa. Por eso, Perseo fue enviado a por su cabeza.

»Las Gorgonas tenían cabezas rodeadas de escamosas espirales de serpientes, grandes dientes como de jabalíes, manos de bronce y alas de oro, por medio de las cuales volaban. Convertían en piedra a los que las miraban. Perseo, por tanto, se situó sobre ellas mientras dormían y guiando Atenea su mano se volvió y miró al escudo de de bronce por medio del cual veía la imagen de la Gorgona, y le cortó la cabeza.

»Una vez cercenada la cabeza, salió volando de la Gorgona el caballo alado Pegaso y Crisaor, el padre de Gerión. Éstos los tuvo de Poseidón. Entonces Perseo metió en el kíbisis la cabeza de Medusa y regresó, pero las Gorgonas se despertaron del sueño y empezaron a perseguirlo; sin embargo no podían verlo a causa del yelmo que lo ocultaba».

Apolodoro. Biblioteca Mitológica. Akal Clásica.
Edición de José Calderón Felices. (Libro II – 34)

 

3. En el arte

3.1. En la Antigüedad

medusa

Medusa y Crisaor
Templo de Artemisa en Corfú,
(hacia el año 580 a. C.)

 

medusa y crisaor

Perseo asesinando a Medusa con ayuda de Atenea
Metopa del templo de Selinas (en Sicilia),
(hacia el año 530 a. C.)

 

medusa

Medusa Rondanini
(copia romana de un original griego, quizá del siglo VI a. C.)
Gliptoteca de Munich

 

3.2. Otros períodos

medusa

Medusa
Gian Lorenzo Bernini
(1598-1680)
Museo Capitolino, (Roma)

 

medusa

Cabeza de Medusa
Caravaggio (1601)
Galería de los Uffizi (Florencia)

 

El nacimiento de Pegaso y Crisaor

El nacimiento de Pegaso y Crisaor
Edward Burne Jones (1885).
Southampton City Art Gallery

 

medusa

Las tres Gorgonas. Detalle del Friso de Beethoven
Klimt (1902)
Palacio de la Secesión (Viena)


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