Seguimos con las barajas del tarot. Hoy toca el tarot de París, que fue realizado, probablemente, a principios del siglo XVII. En cierta manera, el dibujo de las figuras me recuerda al cubismo del siglo XX, pero lo más interesante de esta baraja es la iconografía de algunos triunfos, como la Luna o el Sol, que es distinta a la tradición francesa.
Loco
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I. Mago
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II. Papisa
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III. Emperatriz
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IV. Emperador
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V. Papa
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VI. Amor
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Carro
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VIII. Justicia
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IX. Ermitaño
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X. Diablo
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XI. Fortaleza
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XII. Colgado
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XIII. Muerte
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XIV. Templanza
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XV. Diablo
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XVI. Torre
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XVII. Estrella
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XVIII. Luna
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XIX. Sol
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XX. Juicio
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XXI. Mundo
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1. De la importancia de la geomantia
Por extraño que parezca a primera vista, en esta vida no está de más saber cómo funciona la geomancia, en latín, geomantia, dado que así podremos entender mejor cómo funciona el libro Le risposte della signora Leonora Bianca: dove ingeniosissimamente et con mirabil arte, si pronostica, & risponde à diverse & molte curiose dimande & richieste, circa le cose future, escrito por la mencionada señora Bianca Leonora y publicado en Venecia por Francesco Rampazetto en 1565.
Con este objetivo podríamos consultar un libro de magia muy en boga en el siglo XVI, el De occulta philosophia libri tres (Los tres Libros de la filosofía oculta), de Heinrich Cornelius Agrippa, donde se explica la geomantia. Sin embargo, esto sería contraproducente si queremos entender también cómo funcionaba la geomantia en el siglo XV, dado que fue escrito hacia 1531. Vamos a ver, por lo tanto, una obra más antigua: el tratado de Geomantia de Pietro di Abano.
Pietro d’Abano o Petrus de Apono o Aponensis (c. 1250 – c. 1316) fue un médico italiano que trabajó como profesor de medicina, filosofía y astronomía en la Universidad de París y, desde 1306, en la de Pavía. Interesado por los textos de Galeno y Avicena, fue profundizando cada vez más en filosofías orientales hasta que sus escritos llamaron la atención de la Inquisición. Como solía suceder en estos casos, fue acusado de nigromancia, torturado y ejecutado.

Pedro Abano. Justus van Gent y Pedro Berruguete (c. 1475). Museo del Louvre.
2. Figuras binarias
La geomántica es una técnica de adivinación que ya practicaban en la Edad Antigua. Fue muy empleada por los astrólogos árabes y, de aquí, volvió con fuerza a Europa a finales de la Edad Media. La razón principal de su atractivo es que es muy sencilla. A diferencia de la astrología, que demanda conocimientos astronómicos para armar el discurso, en este caso, bastaba con tener un poco de intuición, labia y empatía para contar una milonga interesante para el príncipe de turno.
Todo el sistema se basa en un sistema binario. El que consulta hace una pregunta concreta: ¿conviene ir a la guerra?, ¿mato a Lorenzo di Medici?, ¿me caso con María de Saboya?, ¿subo los impuestos de la lana? o cualquier otro asunto que se nos ocurra. Entonces, el mago realiza la consulta geomántica, que consiste en lo siguiente.
Tirando un dado o unas piedrecitas, haciendo marcas en la arena, dibujando en un papel o mediante cualquier sistema similar, el mago realiza una «tirada», la cual ofrece un resultado par o impar. Si es par son dos puntos y si es impar, un punto. Cuatro tiradas de este tipo, que pueden ser par o impar, forman una figura, la cual se dibuja poniendo de arriba abajo uno o dos puntos según corresponda. Este galimatías se entiende fácilmente con un ejemplo. Imaginemos que tiramos 4 veces un dado de seis caras y obtenemos este resultado:
Convertimos el resultado en posiciones binarias:
Si dibujamos la figura resultante quedaría algo así:

Sin embargo, en la geomántica occidental se prefiere centrar el punto, que así queda más bonito y permite relacionar las figuras con imágenes simbólicas más fácilmente, como veremos a continuación. Por lo tanto, vamos a dibujarlo así:
3. Las 16 figuras geománticas
Dado que cada fila puede tener dos posiciones (una o dos bolitas, impar o par) y hay cuatro filas, las figuras posibles son 16. Estas son:

Cada una de estas figuras tiene una serie de características. Entre las más importantes, según Petrus Albanus, que no Agripa, no lo olvidemos, destaca su clasificación en función de temperamentos y elementos.

En función de su naturaleza, cada figura adquiere unas peculiaridades básicas. En esencia, según Albano, son las siguientes:
Lo ígneo tiene que ver con lo cálido, lo seco, las cosas meridionales, diurnas, masculinas, soberbias, furiosas. Son del sur.
Lo aéreo, con lo cálido, lo húmedo, las cosas sanguíneas, masculinas, diurnas, fuertes, bondad y la templanza. Son del este.
El agua, con lo frígido, lo húmedo, flemático. Son las cosas femeninas, nocturnas, afortunadas y buenas. Son del norte.
Por último, la tierra se relaciona con la melancolía y lo femenino. También son las cosas nocturnas. Son del oeste.
También se pueden agrupar en fijas, móviles y mixtas. Las figuras fijas tienen un solo cuerpo singular, las móviles son de medio cuerpo y diminuto (¿?).

Además, hay figuras afortunadas, negativas y neutras. De hecho, se agrupan en pares opuestos. Por ejemplo, Albus, blanco, se opone a Rubeus, que significa rojo (en Oriente, la oposición blanco-rojo equivale a la oposición blanco-negro occidental). Esto queda claro si traducimos los nombres:
Latín |
Español |
Figura binaria |
| Aquisitio | Ganancia | 1010 |
Amisio |
Pérdida | 0101 |
| Letitia | Alegría | 0111 |
Tristitia |
Tristeza | 1110 |
Fortuna Mayor |
Fortuna Mayor | 1100 |
Fortuna Menor |
Fortuna Menor | 0011 |
Coiunctio |
Reunión | 1001 |
| Carcer | Cárcel / soledad | 0110 |
| Albus | Blanco | 1101 |
| Rubeus | Rojo | 1011 |
| Puella | Niña | 0100 |
| Puer | Niño | 0010 |
Populus |
Pueblo | 1111 |
| Via | Camino | 0000 |
| Caput Dragon | Cabeza de Dragón | 1000 |
Cauda Dragon |
Cola de Dragón | 0001 |
Así, según Albano, las figuras se clasifican en:

4. Madres, hijas y jueces
Aclarado esto, veamos cómo se hace una consulta. Lo primero es construir cuatro figuras: las madres. Como hemos visto, para construir una figura se tira cuatro veces un dado (o lo que sea) y se van poniendo uno o dos puntos según el resultado sea par o impar. Imaginemos que el resultado es este (se escriben de derecha a izquierda, porque así escriben los árabes):
Para dibujar la quinta figura, se cogen los puntos de la primera fila de cada una de estas cuatro madres y se van poniendo en orden. Primero los de la primera, luego los de la segunda, etcétera.

Siguiendo este mismo procedimiento, se forma la sexta figura tomando los puntos de la segunda fila; la séptima, con los de la tercera; y la octava, con los de la cuarta.

Estas otras cuatro figuras se llaman hijas y se dibujan, también de derecha a izquierda, al lado de las madres

Para las siguientes figuras, el procedimiento cambia. Se van sumando, por parejas, los puntos de cada fila. Si el resultado es par, se ponen dos puntos, si es impar, un punto. Por ejemplo:

Así, con la primera y la segunda, se saca la novena; con la tercera y la cuarta, la décima; con la quinta y la sexta, la undécima; y con la séptima y la octava, la duodécima. Estas cuatro figuras resultantes son los sobrinos.

Con el mismo procedimiento de ir sumando figuras por parejas, se obtienen las figuras 13 y 14. La 13 sumando la 9 y la 10; y la 14 con la 11 y la 12. Estas dos nuevas figuras se denominan testigos.

Siempre de la misma manera, sumando la 13 y la 14, se obtiene la figura 15, que es la más importante. Recibe el nombre de juez y es la que determina la respuesta. Además, también se emplea otra figura más, el superjuez (sobregiudice), que se obtiene duplicando a la inversa el juez: donde hay un punto se ponen dos y viceversa.
Hasta aquí se obtiene una respuesta simple. Por ejemplo, imaginemos que somos Filippo Maria Visconti y hemos preguntado si conviene declararle la guerra a Venecia. Como el juez es la figura 15, la Via, el mago podría responder que sí, dado que es una figura positiva. Bueno, en realidad lo diría de forma más enrevesada y ambigua, que para eso es mago. Sin embargo, la consulta se podía hacer más compleja distribuyendo las figuras en casas.
4. Las casas
Para relacionar la geomantia con la astrología y otros menesteres mánticos, la lectura de los puntos puede encuadrarse en las casas, que es como se denominan a los triángulos de esta figura:
Los Anguli son las casas más importantes, son las que determinan la respuesta. Las Sucedens hacen referencia a los que sucederá y las Cadens a lo que ha sucedido. Abano no explica dónde deben situarse las figuras, por el contexto parece que se van poniendo en el número equivalente, es decir, la primera madre en la casa 1, la segunda en la 2, etcétera, y los testigos y el juez en el centro. Sin embargo, Agrippa indica un orden diferente:
Cada una de estas casas potencia el vaticinio de la figura. Además, tiene sus propias características. Por ejemplo, en palabras de Abano:
«La primera casa significa la vida, el Cuerpo, el ser, el ánimo y la intención del consultante, es decir, por el que se hacen estas figuras. Y la consulta significa el principio de cada cosa planteada. Y se opone a la séptima casa. Y significa la sustancia y el asunto del prisionero. Y es alegría de Mercurio».
De esta descripción críptica, vamos a quedarnos con la última referencia a Mercurio, porque aquí está la clave de las casas. El gran problema que tenían los magos occidentales es que no conseguían cuadrar la geomantia con la otra gran superstición del momento, la astrología, por los números que emplean una y otra mántica. Como hemos visto, la geomantia emplea 16 figuras, mientras que la astrología utiliza o bien las 12 constelaciones o bien los 5 planetas y las dos luminarias (Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio, Luna y la Tierra). Es decir, necesitaban encajar un sistema de 16 elementos con otro de 19 ó 18, según tomaran en consideración o no la Tierra. Por ejemplo (sitúo las constelaciones al azar, que me da pereza investigar dónde va cada una según Abano):

Así, en función de las figuras resultantes, de dónde había salido cada figura (no es lo mismo, por ejemplo, que Amissio sea juez por combinar Letittia con Fortuna Mayor o por combinar Tristitia con Fortuna Menor) y de su posición en el cuadro de las casas zodiacales, el mago vaticinaba un pronóstico que se solía ajustar a lo que quería escuchar el príncipe de turno, tal y como suelen hacer el ejército de mánticos diversos de la actualidad.
Bueno, pues ya sabemos algo más sobre la magia durante el Renacimiento y, lo que es más importante, ya podemos entender cómo funciona el libro de vaticinios de la señora Bianca.
El tratado de Abano se puede consultar en guglebucs.
En un foro me decían esto:
Eso de que los símbolos no son universales, en algunos casos habría que negociarlo. Especialmente, las que encajan con la geometría sagrada. Un par de ejemplos bastan: Las plantas aureas de edificios. La hindú Cruz Gamada, que lucía Buda y los nazis, unas veces destrógira y otras levógira.
Algo así ocurre con las edificaciones con proporciones aureas. Por ejemplo. Se siguen, tanto en Egipto y en la Grecia clásica, como en el Románico, Mesoamérica y Polinesia. Demasiada coincidencia para ser casualidad. Por cierto, la inadecuada expresión "arquitecnos del románico", efectivamente es una generalización que me tomé la licencia de usar para no alargar el texto.
Saludos
Y yo he respondido esto:
Bueno, antes de responder quiero dejar clara una cosa:
Mis contestaciones, por impertinentes que pudieran parecer en un medio inaudible, están escritas desde el cariño. No quisiera, de verdad, que te lo tomaras a mal a pesar de que te pudiera parecer firme. Es la letra, silenciada, que engaña. De ahí que me afane en emoticonizar mis post ;)
Y ahora voy pallá :D
1) La similitud formal de un símbolo con otro no denota, ni mucho menos, su concomitancia conceptual. Eso, para el caso, es como decir que Marcos Méndez Filesi, el que esto escribe, piensa de igual manera que Georges Bush porque a ambos nos molesta la lluvia. Cubos, esferas, cuadrados, triángulos, espirales, laberintos, grecas, esvásticas... Equiparar sistemas de pensamiento a partir de estos esquemas simples es negar la mayor, esto es, que cada uno percibe los símbolos de una forma distinta según sus parámetros culturales. Por poner un ejemplo cinematográfico, en el filme Apocalypto de Mel Gibson se muestra, con erudita intuición histórica, que no veían de la misma manera una pirámide los pobres desgraciados de las aldeas de la selva a los que arrancaban el corazón, que los sacerdotes que vivían del negocio de sacar corazones.
Pero incluso dentro de una misma cultura me parece un insulto, sí un insulto, para los artistas el reducir sus inquietudes a unos paradigmas universales. La riqueza simbólica, emotiva, intelectual de un paisano de Asturias en el siglo IX no es la misma que la de los arquitectos de Chartres y, desde luego, no tiene absolutamente nada que ver con la India, América precolombina o cualquier otra con la que no tiene un contacto físico... Y sí, digo físico, porque las ideas no viajan en el aire. Si no hay libros, comerciantes, embajadores, médicos o lo que sea que lleva una idea de un lado a otro, la idea, per se, no se mueve.
2) Los ejercicios matemáticos me producen cierta pereza porque, en general, tal y como se aplican en los esoterismos varios, demandan un esfuerzo ingente para ir demostrando que son una falacia detrás de otra. Corrijo. No son falaces, sino parciales. Sesgan, tajan, seleccionan determinados aspectos de la realidad estudiada para que coincida con la Gran Teoría... Así, en mayúsculas, porque estas cosas se suelen escribir en mayúsculas, que no es lo mismo la gran obra, que la Gran Obra, la geometría, que la Geometría.
¿Quéremos comparar plantas arquitectónicas? Vale, vamos para allá. Pero no me vale con una o dos y tomando no sé qué parámetros. Tomemos TODAS las pirámides que se conocen de Egipto, que cad una era de su padre y de su madre, y comparémoslas, en términos matemáticos, con TODAS las pirámides mesoamericanas... o las catedrales góticas, para el caso es lo mismo.
¿Queremos decir que es lo mismo un Ahau de Rapa Nui, en la Polinesia, que el Cristo de no sé qué Iglesia? Vale, entonces que me expliquen:
a) ¿Cómo diantres hizo un isleño de Rapa Nui para conocer Chartres en el siglo XIV?
b) O ¿En qué lado del cerebro está el amasijo neuronal que hace que Chartres y un Ahau sean lo mismo?
Y no me valen obviedades, que a fuerza de escribirse en mayúsculas parecen verdades transcendentales cuando no son más que máximas de perogrullo... "La búsqueda de Dios en lo Inmanente", "La trascendencia del YO en el Devenir"...
A ver, que las cosas son más sencillas. Si queremos deducir qué diantres pensaba un monje de tal o cual monasterio, vayamos a sus bibliotecas, veamos qué libros leían, estudiemos sus estudios, analicemos sus peculiaridades... Claro, que esto es mucho más trabajoso. Es muchísimo más fácil coger una regla y un compás y, en más o menos un par de horas de trabajo, desde casa, desentrañar los secretos de Chartres haciendo dibujicos que leerse toda la filosofía de la Escolástica y luego pasarse diez años en la Biblioteca Nacional Francesa analizando fuentes de la época.
En fin, lamento si he parecido dogmático, pero me ha parecido importante dar mi opinión en este foro.
Saludos cordiales a todos.
When a man has a theory by Ross G. R. Caldwell
When a man has a theory
Can’t keep his mind on nothing else
He’ll fight the world
For the good thing he’s found
If it’s bad he can’t see it
No way it can be wrong
Turn his back on his colleagues
If they put it downWhen a man has a theory
In the library all the time
Tryin’ to find the proof that he needs
He’d give up all his comfort
Search a hundred books in vain
If it seems that’s the way it ought to beWell this man has a theory
I think it’s pretty strong
Tryin’ to hold on to the precious insight
Research, please don’t prove me wrongWhen a man has a theory
Down deep in his mind
It can bring him such misery
If it plays him for a fool
He doesn’t give a damn
Obsessed eyes can never seeWhen a man has a theory
He can do a lot of wrong
He’d even make a forgery
Yes when a man has a theory
I know exactly how he feels
‘Cause theory, theory, theory you’re my world
Ya conocemos muchas barajas del tarot de la Italia del siglo XV, aunque aún faltan algunas que iré subiendo. Empezamos con las francesas. La que os muestro hoy se conoce como Tarot de Jean Noblet. Los expertos piensan que fue realizada en París, hacia 1650, por un maestro naipero llamado Jean Noblet.
Loco
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Mago (charlatán)
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Papisa
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Emperatriz
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Emperador
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Papa
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Amor
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Carro
|
Justicia
|
Ermitaño
|
Rueda de la Fortuna
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Fuerza
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Colgado
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Muerte
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Templanza
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Diablo
|
Torre
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Estrella
|
Luna
|
Sol
|
Juicio
|
Mundo
|
Para Guido Arbizzoni, navegante de la República Literaria
En el 2007 se incendió el Cutty Sark, un barco del siglo XIX que se conservaba en la ciudad de Londres, en el barrio de Greenwich, a unos 10 kilómetros del centro de la ciudad. Cuando lo visité, en el año 2005, me quedé fascinado y saqué un montón de fotografías, que vuelvo a publicar aquí.
•
El Cutty Sark fue botado en 1869 en los astilleros de Dumbarton (Escocia) y estuvo destinado al transporte de té desde las lejanas costas de China. En 1895 fue vendido a una compañía portuguesa y, finalmente, fue adquirido en 1954 por The Cutty Sark Preservation Society, que lo transformó en el actual museo.

Cubierta. En las casetas de madera se econtraban los camarotes y los principales habitáculos del trabajo cotidiano.


Cocina. La cocina de la tripulación quizá no pasase en la actualidad una inspección de sanidad.

Carpintería. La carpintería era fundamental pues en los antiguos barcos de madera había que ir reparando constantemente las piezas que se deterioraban por las duras condiciones de la mar.

Servicio. El único espacio donde podían disfrutar de algo de intimidad no era precisamente un vergel florido.

Camarote de la tripulación. Los camarotes eran muy pequeños. Los cajones, cada uno con el nombre de su propietario, les servían de asientos, además de guardar sus efectos personales.

Tantos meses navegando, con no sé qué frecuencia de lavado de ropa y aseo personal, debía dar como resultado un peculiar hedor inimaginable.


O eran muy bajitos, o debían de dormir con las piernas encogidas. Esos camastros no tendrán más de metro y medio de largo.
Timón. Justo debajo de donde se encuentra el timón, estaba el camarote del capitán. También muy pequeño.

Comedor de oficiales. Aquí me llamó la atención el artefacto pendulante que les servía para dejar los vasos sin que cayeran rodando por el oleaje.


Office de oficiales. Algo más limpito que las cocinas de la tripulación sí que es.

Camarote de oficiales. El primero y el segundo de a bordo disponían de un camarote propio, aunque igual de chiquitujo que los demás.

Camarote de invitados. El más grande y cómodo.

[Publicado por primera vez en El Jardín de los Dioses hacia 2006. Puedes leer el artículo aquí o en su formato original]
A. EL MITO
1. Los Centauros
Los centauros son unos monstruos formidables, mitad caballo, mitad humanos, que se ven envueltos en un sinfín de trifulcas y problemas por su salvaje temperamento. Aunque alguno de ellos es de una bondad extraordinaria, en general son seres de fácil ira y en cuanto beben vino se ponen insoportables.

Unas hermosas centauras sostienen una corona sobre la diosa Afrodita. Mosaico romano del siglo IV. Museo Bardum, Túnez
Los centauros nacieron gracias a los celos de Zeus. Aunque el padre de los dioses no desperdiciaba ocasión para iniciar un romance con cuanta diosa o mortal se cruzase en su camino, quería comprobar si Ixión tendría la osadía de acostarse con su esposa, Hera; así que le preparó una pequeña trampa dándole la forma de Hera a una nube. Ixión se acostó con esta nube, que se llamaba Nefele, y de aquella unión, según algunos, nacieron los centauros. Otros, por contra, sostienen que quien nació fue un tal Centauro, que al unirse con unas yeguas se convirtió en padre de los centauros propiamente dichos.
Como veremos, de Ixión heredaron su mal carácter y su falta de respeto para con el género femenino; lo que unido a la bestialidad de sus costumbres les llevó a meterse en un sinfín de líos y trifulcas.
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Hipodamía murió al poco de dar a luz a su hijo Polipetes, a quien encontramos en la Iliada en el bando de los aqueos. Según Homero, tenía a su mando 40 naves y, entre otras hazañas, consta el haber sido uno de los griegos que se encontraba en el interior del traicionero caballo de madera |
2. Ixión o la desmesura del deseo
Ixion era un mal tipo que no escarmentó de sus primeros errores. Este hombre era el rey de los lapitas y, para evitar tener que regalarle a su suegro Deioneo los tesoros que le había prometido a cambio de la mano de su hija, Día, no se le ocurrió otra cosa que echar al pobre hombre dentro de una fosa llena de carbones ardientes. Como castigo por semejante crimen los dioses le volvieron loco, pero Zeus se apiadó de él y le perdonó.
Si Ixion hubiera aprendido la lección quizá habría vivido el resto de sus días en paz, pero insensata es la naturaleza de los mortales y el osado rey se enamora nada más ni nada menos que de Hera, a quien pensaba violar si la ocasión se terciaba. Al principio, Zeus no se lo puede creer. ¿Es qué existe alguien tan loco como para pretender a su esposa? Por si acaso decide ponerle a prueba, dándole la forma de Hera a una nube, con la que se acuesta el ingrato Ixion.
Fue la última de sus equivocaciones, pues Zeus, encolerizado, le castigó al más genuino estilo de los griegos: Hermes le ató con serpientes a una rueda de fuego y lo arrojó al infierno (el Tártaro), donde permanece rodando entre dolores y llamas por toda la eternidad.

Ixión atado a la rueda en una lápida clásica.
3. Unos invitados con ganas de bronca
Entre sus diversas peleas destaca la lucha que tuvieron contra los lapitas. Este pueblo de Tesalia estaba gobernado por Pirítoo, hijo de Ixión, y, por tanto, pariente de los centauros. Así que no le quedó más remedio que invitarlos a su boda, a la que por fortuna también acudió su amigo Teseo, un gran héroe ateniense que entre otras hazañas había derrotado al Minotauro.
La boda iba transcurriendo con tranquilidad: la gente bailaba y comía, las risas se mezclaban con la alegre música de las flautas, y la esposa, Hipodamía, vigilaba risueña que no le faltara nada a los invitados. Sin embargo, los centauros estaban cada vez más borrachos. A medida que el vino iba anegando sus pensamientos, su salvaje y bestial naturaleza se iba desbocando en un torrente de ira y deseo que terminó por desembocar en una gran violencia cuando empezaron a acosar a las muchachas e intentaron raptar a Hipodamía.
A continuación se produjo una feroz batalla entre centauros y lapitas, que finalmente pudieron ganar los humanos gracias a la ayuda de Teseo. Los cuadrúpedos que sobrevivieron a la pelea se exiliaron de Tesalia y se refugiaron en las montañas, en lo más profundo de los bosques. Pero su incapacidad para beber vino les iba a volver a costar muy caro.
(Según Diodóro de Sicilia, en una versión que no he podido comprobar todavía, tras la pelea de la boda, lapitas y centauros, que se habían refugiado en la tierra de los Etici, en el monte Pindo, volvieron a enfrentarse en una feroz batalla; pero esta vez los centauros pillaron por sorpresa a los lapitas y les provocaron un sinfín de bajas. Tal había sido el furor de los caballos, que los humanos tuvieron que huir de sus territorios y asentarse en la lejana Malea).

Centauros contra lapitas, c. 450 a. C. Metopas del Partenón de Atenas. Robadas de Grecia, hoy día se encuentran en el Brithis Museum, Londres. Al igual que las peleas contra Heracles (y las de este héroe con todo tipo de monstruos), la lucha entre lapitas y centauros puede interpretarse como el enfrentamiento entre la civilización y la barbarie. De hecho, los atenienses eligieron este mítico acontecimiento para conmemorar en las metopas del Partenón su triunfo sobre los persas que marchaban contra la ciudad en el siglo VI antes de Cristo.
4. Ceneo
Muy relacionada con los centauros está la historia del singular Ceneo, que como Tiresias probó qué se sentía siendo hombre y mujer. Ceneo era hija del lapita Elato y de una mujer llamada Cenite. Un día, Poseidón se acostó con ella y como regalo Ceneo le pidió ser transformada en un hombre invulnerable. Según cuenta Apolodoro, durante la batalla entre lapitas y centauros, los cuadrúpedos, viendo que no podían herirle con sus armas, le golpearon con árboles arrancados hasta enterrarle vivo. Y como era invulnerable pero sí que necesitaba respirar, el pobre Ceneo murió.

Ceneo es machaco por dos centauros. Cerámica ática del siglo V a.C. Musée du Louvre, París. «Ceneo fue primero mujer, pero después de que Poseidón se uniera con ella, pidió hacerse un hombre invulnerable, por eso, en la batalla con los Centauros, desdeñando las heridas, aniquiló a muchos Centauros, pero los restantes lo rodearon y golpeándolo con abetos, lo cubrieron de tierra». Apolodoro. Biblioteca mitológica. Epítome I – 22
5. Folo y Quirón
Hay dos centauros –Quirón y Folo– que no guardan relación con el resto de su especie, por lo menos en cuanto a carácter y benevolencia. Folo era hijo de Sileno, una especie de sátiro tan borracho como feo, y una ninfa; mientras que Quirón era hijo del todopoderoso Cronos, padre de Zeus, y de Filiria.
Quirón, el más amable y sabio de los centauros, le debía su híbrida naturaleza a la forma de caballo que había adoptado su padre para cortejar a Filira, hija de Océano. Nacido inmortal, vivía en una cueva del monte Pelión, en Tesalia, y era muy atento y generoso con los humanos, sobre todo con Peleo, padre de Aquiles, el gran héroe de los aqueos durante la guerra de Troya.
De hecho, Peleo tenía buenas razones para estarle muy agradecido a Quirón, al que le debía la vida. Una noche se había quedado dormido en medio del monte Pelión y, por una serie de razones, un tal Acasto le había robado las armas. Cuando despertó se encontró en medio de una manada de enfurecidos centauros que pretendían matarlo. Pero por fortuna entre las malas bestias estaba Quirón, que le devolvió sus armas y con ellas disuadió a los cuadrúpedos de emprender ataque alguno.
Pero, además, Peleo también le debía el amor a Quirón; pues fue él quien le explicó cómo podía conseguir capturar a la diosa marina Tetis, a la que pudo retener en un abrazo mientras ella se transformaba sucesivamente en fuego, agua, viento, árbol, pájaro, tigre, león, serpiente y pulpo. De los hijos tenidos en aquel matrimonio tan solo consiguió sobrevivir Aquiles, que de chico fue instruido por el sabio Quirón en sus doctas artes, que incluían la música, la caza, la guerra, la medicina y la ética.
Quirón debía de ser muy atento con los niños, pues también le fueron encomendadas la educación de Jasón y Asclepio (Esculapio), entre otros, pero este buen centauro, al igual que el amable Folo iban a encontrar la muerte a manos a manos del prepotente Heracles, el héroe más fiero de toda la antigüedad.

Peleo, Aquiles y Quirón, c. 500 a.C. Vaso ático. Musée du Louvre, París
6. El fin de los centauros
Andaba Heracles (Hércules) en pos del jabalí de Erimanto para cumplir la cuarta tarea que le habían encomendado, cuando se encontró con Folo. Viéndole hambriento, el centauro le invitó a comer en su caverna. Tuvo incluso el detalle de cocinar las viandas que le ofreció aunque era costumbre entre los centauros comer la carne cruda. Al poco de empezar a comer, Heracles le pidió vino para saciar su gran sed pero Folo tan solo tenía una tinaja que les había dado tiempo atrás Dionisio y que pertenecía a toda la manada de centauros. La tinaja estaba intacta pues el dios del vino les había dicho que no la abrieran hasta que Heracles fuera su huésped.
-Bueno, pues aquí estoy, -dijo el poderoso héroe. Así que lo podemos abrir sin miedo.
Así se hubiera callado que nos habríamos ahorrado los espeluznantes acontecimientos que provocó su sed. Fue abrir la tinaja y todos los centauros que vivían en la montaña intentaron entrar enloquecidos en la caverna atraídos por el olor a vino. Iban armados con rocas y abetos que habían arrancado de cuajo y su madre Néfele les ayudaba enviando feroces tormentas, pero Heracles llevaba su arco y unas flechas en cuya punta había untado un veneno letal.
Tras las primeras bajas, los centauros huyeron hasta el cabo Maleo, donde vivía Quirón, mientras Heracles los perseguía lanzando flechas, una de las cuales hirió al bueno de Quirón que cayó al suelo entre inenarrables dolores. Heracles intentó curarle pero no había remedio capaz de paliar su enorme sufrimiento y, como Quirón era inmortal, ni siquiera podía encontrar alivio en la muerte. Por suerte, Prometeo se apiadó de él y le pidió a Zeus que cambiase su condición de mortal por la inmortalidad de Quirón, que por fin pudo expirar en paz.
A todo esto, Folo se había quedado rezagado enterrando a los centauros que iba matando Heracles y, mientras examinaba una flecha preguntándose qué las hacía tan poderosas, se pinchó por descuido con su envenenada punta en una zampa. Murió al instante y Heracles le enterró con todos los honores en el monte Fóloe, llamado así en su memoria.
Mientras Heracles enterraba a Folo, el resto de los centauros aprovechó para salir pitando antes de que el centauricida volviera a por ellos. Éurito escapó al monte Fóloe; Neso al río Eveno; otros se despistaron, se acercaron a Sicilia y las sirenas terminaron con ellos; y otros pocos fueron acogidos por Poseidón, que los escondió en Eleusis bajo un monte.

Heracles contra los centauros. Siglo VI a.C. Kantaro ateniense. Antikenmuseen, Berlín
7. Neso
Curiosamente, años después de la hecatombe centáurica perpetrada por Heracles, uno de ellos se vengó de quien tantos compañeros suyos había asesinado. Neso, o mejor dicho, lo que quedaba de Neso, terminó con la vida del poderoso heraclida de una forma espantosa.
Tras la matanza que había protagonizado Heracles, el centauro Neso se había refugiado en la orilla del río Eveno, donde empezó a ganarse la vida transportando a la gente de una orilla a otra Así fue pasando el tiempo hasta que un día pasó por allí Heracles y su mujer Deyanira.
Con una confianza fuera de lugar, teniendo en cuenta las pasadas trifulcas, Heracles decidió que él cruzaría el río a nado mientras que su mujer sería transportada por el centauro. Mala elección, pues en mitad del río Neso intentó violar a Deyanira, que empezó a gritar alertando a Heracles.
Al momento, el héroe le disparó una flecha al cuadrúpedo, que antes de morir le confió un secreto a Deyanira para que le perdonase por su maldad: si algún día sentía que estaba perdiendo el amor de Heracles, podría recuperarlo con solo empapar las ropas de su amado en un potingue mágico elaborado con su sangre y el semen derramado mientras la intentaba violar.
Tiempo después Heracles se enamoró de otra mujer, Iole, y, todo celos, Deyanira se acordó de los consejos del centauro; así que embadurnó la túnica de Heracles con aquel extraño mejunje con la esperanza de recuperar su amor. Sin embargo, en realidad todo era una trampa del vil centauro y en vez de despertar el amor, aquello llamaba a la muerte. En cuanto la ropa envenenada le rozó la piel, Heracles sintió una llamarada de infinito dolor.
En la agonía trató de quitarse la túnica, pero cada vez que lo intentaba se desgarraba grandes jirones de su propia carne y, al final, el dolor le resultó tan insoportable que se arrojó a las llamas de una pira que mandó levantar en la cima del monte Eta. Sin embargo, justo antes de morir, una nuble le transportó al cielo de los inmortales olímpicos.

Neso, Heracles y Deyanira, c. 425 a. C. Copa ática. Museum of Fine Arts, Boston
B. TEXTOS
1. Ixión y el origen de los Centauros
a) Diódoro de Sicilia. Biblioteca Histórica. Libro IV – 69. Edición: Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2004. Traducción de Juan José Torres Esbarranch (muy buena, por cierto)
«Éste, según se dice, tras prometer a Eyoneo que le daría muchos presentes como pretendiente de su hija, se casó con Día, la hija de Eyoneo, con la que engendró a Pirítoo. Pero luego Ixión no entregó los presentes prometidos por la mano de su mujer, y Eyoneo, en contrapartida, se quedó con sus yeguas como fianza. Entonces Ixión convocó a Eyoneo, asegurándole que atendería todas sus demandas, y cuando se presentó Eyoneo, lo arrojó a un foso en llamas.
»A causa de la enormidad de este crimen, nadie quería purificarle. Finalmente, según los mitos, fue purificado por Zeus. Pero se enamoró de Hera y tuvo la osadía de hacerle proposiciones. Entonces Zeus hizo una imagen de Hera con una nube (Nephéle) y se la envió; Ixión se unió a la nube y engendró a los seres de naturaleza humana llamados centauros. Al final, Ixión fue encadenado por Zeus a una rueda debido a la enormidad de sus transgresiones y, después de su muerte, se vio abocado a un castigo eterno».
b) Apolodoro. Biblioteca Mitológica. Epítome I – 20. Edición: Akal clásica. Madrid, 1987. Editado por José Calderón Felices
«Ixión se enamoró de Hera e intentó violarla; ella se lo comunicó a Zeus y, queriendo saber si el hecho había sido así, Zeus hizo una nube parecida a Hera y la reclinó al lado de Ixión; entonces a este, que presumía de haberse unido a Hera, Zeus lo encadenó en una rueda en la que va girando por el aire impulsado por los vientos. La nube dio a luz de Ixión a Centauro».
c) Píndaro. Odas y fragmentos. Pítica II. Edición: Biblioteca Básica Gredos. Madrid, 2004. Traducción de Alfonso Ortega
A Hierón de Siracusa, vencedor en la carrera de carrosEpodo
[…]
Por mandato de los dioses, se cuenta que a los mortales Ixión
va diciendo talmente en alada rueda
de un lado a otro volteado:
«¡Que al bienhechor se pague la deuda
acudiendo con dulces recompensas recíprocas!»Estr. II
Bien aprendido lo tuvo. Pues entre los benévolos Crónicas
dulce vida logrando, no pudo resistir la larga
dicha, ya que con locas entrañas
a Hera deseó, que en suerte tocara al lecho de Zeus
abundante de goces. Pero indómita pasión a violenta ceguera
lo lanzó. Pronto sufrió merecido castigo ese hombre
y recibió tormento extraordinario. Este doble delito
le causa dolores; lo uno por ser el héroe que primero entre [todos
la sangre fraterna vertió, no sin astucia,
en medio de los mortales,Ant.
y porque antaño en los tálamos anchurosos
quiso tentar a la esposa de Zeus. Es preciso ver siempre,
conforme a sí mismo, la medida de todo.
Los coitos extraviadotes a ingente infortunio
precipitan. También a él –Ixión– llegaron,
pues se acostó con una nube,
a la caza del engaño dulce, ignorante hombre.
Porque en su forma semejaba la nube a la altísima hija
de Crono nacido de Urano. Como engaño la formaron
para él las manos de Zeus, hermosa tortura. Y la cadena
de cuádruple radio fabricó para síEpod.
él mismo, su propia ruina. Y en irrompibles lazos, que anudan [los miembros
cayendo, asumió transmitir el general anuncio.
Sin favor de las Gracias parió para él una estirpe insolente
la nube, única ella a él único, que ni entre los hombres
encuentra honor ni en los espacios de los dioses.
La que lo crió le puso por nombre Centauro, y él
se ayuntó con las yeguas de Magnesia al pie
del Pelión, y nació una horda
asombrosa, semejante a los dos
progenitores, igual a la madre en la parte de abajo,
igual por arriba a su padre.
2. Centauros y lapitas
a) Diódoro de Sicilia. Biblioteca Histórica. Libro IV – 70. Edición: Biblioteca Clásica Gredos. Madrid, 2004. Traducción de Juan José Torres Esbarranch
«Los centauros, al decir de algunos, fueron criados por las ninfas del monte Pelión; y cuando fueron adultos, se unieron a yeguas y engendraron a unas criaturas de doble naturaleza llamadas hipocentauros. Otros, sin embargo, afirman que fueron los centauros, nacidos de Néfele e Ixión, quienes fueron llamados hipocentauros, porque fueron los primeros en practicar la equitación, y en el momento de forjar el mito se les catalogó entre los seres de doble naturaleza.
»Se dice asimismo que, dado que eran parientes, pidieron a Pirítoo su parte del reino paterno, y que, al no satisfacer Pirítoo su demanda, emprendieron una guerra contra él y contra los lapitas. Posteriormente, una vez que se hubieron reconciliado, Pirítoo se casó con Hipodamía, la hija de Butes, e invitó a la boda a Teseo y a los centauros; y se cuenta que los centauros, al emborracharse, se abalanzaron sobre las mujeres invitadas y se unieron a ellas por la fuerza, y que, indignados ante aquella fechoría, Teseo y los lapitas mataron a un buen número y expulsaron a los otros de la ciudad.
»Por esta razón los centauros en masa hicieron una expedición contra los lapitas y mataron a muchos; los supervivientes se refugiaron en el monte Fóloe, en Arcadia, y finalmente fueron a parar a Malea y se establecieron allí, mientras que los centauros, exaltados por sus éxitos, y tomando el monte Fóloe como base, saqueaban a los griegos que pasaban por allí y mataban a muchos habitantes de las tierras circundantes».
3. Heracles y los centauros
a) Diódoro de Sicilia. Biblioteca Histórica. Libro IV – 12. Edición: Biblioteca Clásica Gredos. Madrid, 2004. Traducción de Juan José Torres Esbarranch
«En la época que tenían lugar estas hazañas, Heracles luchó contra los llamados centauros por la razón siguiente. Folo era un centauro que del vecino monte Foloe tomó su nombre. Al ofrecer a Heracles una acogida hospitalaria, abrió una tinaja de vino que había sido enterrada. Se cuenta, en efecto, que Dionisio, en otro tiempo, había entregado esa tinaja a un centauro, con la orden de abrirla solamente cuando Heracles llegara a aquel lugar. Por ello, cuatro generaciones más tarde, al acoger a Heracles, Folo se acordó de la orden de Dionisio. Abrió, pues, la tinaja y, al esparcirse el vino, debido a su añejamiento y a su fuerza, y llegar hasta los centauros que habitaban en la vecindad, ocurrió que éstos se vieron transidos de furor.
»En esta situación, se lanzaron todos a la vez contra la morada de Folo y se pusieron a saquearla de manera terrible. Folo, espantado, se escondío, pero Heracles entabló la contienda con aquellos violentos de modo extraordinario, puesto que debía luchar contra adversarios que, por su madre, eran dioses, que tenían la rapidez propia de los caballos, la fuerza de fieras de doble cuerpo, y poseían, además, la experiencia y la inteligencia de los hombres.
»Unos centauros le atacaron con troncos de pino arrancados de con sus raíces, otros con piedras enormes, algunos con antorchas encendidas y otros con hachas como las que utilizan los sacrificios de los bueyes. Pero él resistió imperturbable y sostuvo un combate digno de los entablados anteriormente. La madre de los centauros, Néfele, les ayudó en la lucha derramando copiosa lluvia que no perjudicaba a los que tenían cuatro patas, pero que a él, que se sostenía sobre dos piernas, le hizo el suelo resbaladizo.
»Pese a ello, Heracles se hizo con la victoria de una manera asombrosa contra aquellos que se aprovechaban de tales ventajas; mató a la mayor parte de ellos y obligó a huir a los supervivientes. De los centauros que encontraron la muerte, los más famosos eran Dafnis, Argeo y Anfión, así como Hipoción, Óreo, Isoples y Melanquetes, y también Tereo, Dupón y Frixo. A continuación, cada uno de los que habían huido del peligro recibió el merecido castigo, Hómado, por ejemplo, fue muerto en Arcadia, cuando intentaba violar a Alcíone, la hermana de Euristeo. Ocurrió que, por este acto, Heracles fue especialmente admirado, porque, pese a que detestaba personalmente a su enemigo, por piedad respecto a la que era ultrajada, decidió sobresalir por su equidad.
»También ocurrió algo singular en relación al amigo de Heracles llamado Folo. Éste, en efecto, debido a su parentesco, emprendió la tarea de enterrar a los Centauros que habían caído; y mientras trataba de extraer de uno de ellos una flecha, fue herido por su punta y, al ser la herida incurable, llegó al fin de sus días. Heracles le hizo unos magníficos funerales y lo enterró al pie de un monte, que se ha convertido en un tributo a su gloria superior a una estela, puesto que, al ser llamado Fóloe, recuerda al que allí estaba sepultado por el propio nombre y no por medio de una inscripción.
»De modo semejante, Heracles mató involuntariamente, con una flecha disparada por su arco, a Quirón, admirado por sus conocimientos médicos. En fin, respecto a los centauros, lo que hemos dicho es suficiente».
b) Apolodoro. Biblioteca Mitológica. Libro II – 77. Edición: Akal clásica. Madrid, 1987. Editado por José Calderón Felices
«Como cuarto trabajo [Euristeo] le ordenó traer vivo el jabalí de Erimanto. Esta fiera asolaba la Psófide, precipitándose desde un monte que llaman Erimanto. Por tanto cruzó Fóloe y se hospedó con el centauro Folo, hijo de Sileno y de una ninfa Melíade. Éste le ofreció a Heracles carne asada mientras él tomaba carne cruda. Al pedir Heracles vino, le dijo que temía abrir la tinaja común de los Centauros. Pero Heracles le animó a que tuviera confianza y la abrió; no mucho después sintiendo el aroma llegaron los Centauros armados con piedras y abetos a la gruta de Folo.
»A los primeros que se atrevieron a entrar dentro, Anquio y Agrio, Heracles los hizo huir lanzándoles brasas, a los demás los asaeteó persiguiéndolos hasta Malea; de allí huyeron al lado de Quirón, que habiendo sido expulsado por los Lapitas del monte Pelión, se había instalado en Malea. A los Centauros, apiñados junto a él, Heracles les disparó dardos y uno, atravesando el brazo de Élato, se clavó en la rodilla de Quirón. Afligido, Heracles corrió hasta él y le arrancó el proyectil, aplicándole un ungüento que le dio Quirón. Pero la herida era incurable y Quirón se retiró a su cueva, donde deseaba morir sin lograrlo porque era inmortal. Entonces Prometeo ofreció a Zeus hacerse inmortal en su lugar, y así logró Quirón morir.
»Los restantes Centauros huyeron cada uno por su lado; algunos llegaron al monte Malea, Éurito llegó a Fóloe y Neso al río Eveno. A los demás los acogió Poseidón en Eleusis y los ocultó en un monte. En cambio Folo sacó un dardo del cadáver y quedó admirado de que algo tan pequeño pudiese destruir a sus compañeros, que eran seres tan grandes. Pero en esto que se le resbaló el dardo de la mano y cayó sobre el pie y al punto lo mató. Y cuando Heracles regresó a Fóloe vio a Folo muerto, lo enterró y continuó con la caza del jabalí; haciéndolo salir de una espesura con gritos, lo lanzó aturdido hacia la espesa nieve y así lo apresó y se lo llevó a Micenas».
4. Neso
a) Diódoro de Sicilia. Biblioteca Histórica. Libro IV – 36. Edición: Biblioteca Clásica Gredos, Madrid 2004. Traducción de Juan José Torres Esbarranch.
«En su viaje, cuando llegó al río Eveno, encontró al centauro Neso, que cobraba el transporte de una orilla a otra. Éste hizo pasar primero a Deyanira y, prendido de su belleza, trató de violarla. Al llamar a su marido para que la socorriera, Heracles alcanzó con una flecha al centauro, y Neso, que entretanto intentaba unirse a la mujer, cuando estaba a punto de morir a causa de la profundidad de la herida, dijo a Deyanira que le daría un filtro para que Heracles no quisiera acercarse a ninguna otra mujer.
»Así, pues, le encargó que recogiera el semen que se había desprendido de él, que lo mezclara con aceite y con la sangre que goteaba de la punta del dardo; y que untara con ello la túnica de Heracles. Y después de dar ese consejo a Deyanira, expiró al instante. De acuerdo con las instrucciones de Neso, Deyanira recogió el semen en una vasija en la que sumergió la punta del dardo, y lo guardó a escondidas de Heracles».
[El que esto escribe estaría muy agradecido sobre cualquier información que pudieran facilitarme sobre la procesión de la tarasca en la ciudad de Avignon entre 1450 y 1550, aprox. Grasias ^^]
Ando estos días investigando sobre la tarasca... Unas ideas dispersas:
1. La tarasca medieval
La tarasca, en francés, la tarasque, pronunciado taRask, es una especie de dragón monstruoso cuyos orígenes podrían remontarse a la mitología celta. Durante la Edad media, alcanza gran popularidad una leyenda sobre la tarasca y santa Marta en la región francesa de Provenza, que se recoge en La leyenda Dorada de Jacobo de Vorágine (c. 1256).
« Al dispersarse los discípulos de Cristo después de la Ascensión de su Maestro al cielo, Marta, María Magdalena, san Maximino –que las había bautizado y estaba encargado por el Espíritu Santo de velar por ellas–, Lázaro su hermano y muchas otras personas mis, por orden de los infieles embarcaron en un navío desprovisto de remos, velar, timón, de cualquier instrumento que pudiera servir para gobernarlo, y de alimentos para sustentarse; y a bordo del mismo, conducido milagrosamente por Dios, arribaron a Marsella, donde desembarcaron; poco después se trasladaron a Aix y convirtieron a la fe de Cristo a los habitantes de la región.
»Marta fue una mujer simpática y muy elocuente. En un bosque situado en las proximidades del Ródano entre Arlés y Aviñón había por aquel tiempo un dragón cuyo cuerpo más grueso que el de un buey y más largo que el de un caballo, era una mezcla de animal terrestre y de pez; sus costados estaban provistos de corazas y su boca de dientes cortantes como espadas y afilados como cuernos. Esta fiera descomunal a veces salía de la selva, se sumergía en el río, volcaba las embarcaciones y mataba a cuantos en ellas navegaban. Se tenía por cierto que el espantoso monstruo había sido engendrado por Leviatán y por una fiera llamada onaco u onagro, especie de asno salvaje propio de la región de Galacia, y que desde este país asiático había venido nadando por el mar hasta el Ródano, y llegado a través del susodicho río al lugar donde entonces se encontraba. Se decía también que este dragón, si se sentía acosado, lanzaba sus propios excrementos contra sus perseguidores en tanta abundancia que podía dejar cubierta con sus heces una superficie de una yugada; y con tanta fuerza y velocidad como la que lleva la flecha al salir del arco; y tan calientes que quemaban como el fuego y reducían a cenizas cualquier cosa que fuera alcanzada por ellos.
»Marta, atendiendo a los ruegos de las gentes de la comarca, y dispuesta a librarlas definitivamente de los riesgos que corrían, se fue en busca de la descomunal bestia; en el bosque la hallo, devorando a un hombre; se acercó la santa, la asperjó con agua bendita y le mostró una cruz. La terrible fiera, al ver la señal de la cruz y al sentir el contacto del agua bendita, se tornó de repente mansa como una oveja. Entonces Marta se arrimó a ella, la amarró por el cuello con el cíngulo de su túnica y, usando el ceñidor a modo de ramal, la sacó de entre la espesura del bosque, la condujo a un lugar despejado, y allí los hombres de la comarca la alancearon y mataron a pedradas.
»Hasta entonces la zona aquella en que el monstruo se escondía, por lo sombrío y tenebroso del paraje, se llamaba Nerluc, que quiere decir lago negro; pero a partir de la captura y muerte del dragón, al que la gente designaba con el nombre de Tarascón, en recuerdo de la desaparecida fiera comenzó a llamar Tarascón a lo que antes había llamado Nerluc (1)».
Esta leyenda denota la popularidad de la tarasca durante la Edad Media en Provenza, pero habría que analizar esto con más profundidad. Un buen indicio a seguir son los topónimos, de los que conozco dos que podrían estar relacionados con esta criatura: –Tharaux y, claro está, Tarascoun (Tarascón)–, aunque hay que tener muchísimo cuidado con esto, que por ahí cerca estaba Tarraco y la Tarraconensis, cuyas etimologías no terminan de estar claras.
2. Imágenes de la tarasca medieval
Otra buena pista son las representaciones iconográficas. En general, la presencia de personajes folclóricos en las iglesias es un buen síntoma de su popularidad. Unas representaciones interesantes:
a) Un dibujo de la tarasca realizado por Opicino de Canistris durante su estancia en Avignon (1320-1359):

b) Un capitel en la abadía románica de Montmajour, cerca de Arlés.

c) Un relieve en la rue des tintoriers, una calle medieval de Avignon relacionada con los gremios artesanos desde tiempos medievales. El relieve podría ser de la Edad Moderna, cuando el rey Rene organiza los Chevaliers de la tarasque, pero me interesa mucho por su ubicación en una calle de artesanos de Avignon.
3. Los Chevaliers de la Tarasque
A pesar de que la Iglesia había establecido una normativa sobre la procesión del Chorpus Cristi (al parecer, tengo que cotejarlo, desde el concilio de Vienne de 1311 presidido por el papa Clemente V), en cada localidad se adaptaba al folclore y gusto particular. No sé si ya por entonces la tarasque formaba parte de las procesiones de Provenza, pero lo que sí está documentado es que en el año 1474, el rey francés René d'Anjou institucionaliza su presencia con los llamados Chevaliers de la tarasque. Nos lo explica David D. Gilmore (2):

4. La tarasca y don Quijote
A medida que los autos sacramentales (3) fueron siendo cada vez más alegóricos, las tarascas se fueron incorporando a varias procesiones del Corpus francesas, italianas y españolas: unas fiestas que, a lo largo del siglo XVI, se fueron enriqueciendo con dramaturgias alegóricas que cada tenían menos de religioso y más de folclórico. Es difícil reconstruir cómo se fue expandiendo esta incorporación de la tarasca a las fiestas de Semana Santa, pero es probable que fuera gracias a las compañías itinerantes de actores que iban de pueblo en pueblo representando estas obras. Don Quijote se cruza con una de estas compañías y, como es habitual, el caballero de la triste figura sale malparado:
XI. De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con el carro o carreta de las Cortes de la muerte.
«[…] Responder quería Don Quijote a Sancho Panza; pero estórbaselo una carreta que salió al través del camino cargada de los más diversos y extraños personajes y figuras que pudieran imaginarse. El que guiaba las mulas y servía de carretero era un feo demonio. Venía la carreta descubierta al cielo abierto sin toldo ni zarzo. La primera figura que se ofreció á los ojos de Don Quijote fue la de la misma muerte con rostro humano: junto a ella venía un ángel con unas grandes y pintadas alas; al un lado estaba un emperador con una corona al parecer de oro en la cabeza; a los pies de la muerte estaba el dios que llaman Cupido sin venda en los ojos, pero con su arco, carcaj y saetas; venía también un caballero armado de punta en blanco, excepto que no traía morrión ni celada, sino un sombrero lleno de plumas de diversos colores: con estas venían otras personas de diferentes trajes y rostros.
»Todo lo cual visto de improviso, en alguna manera alborotó á Don Quijote y puso miedo en el corazón de Sancho; mas luego se alegró Don Quijote creyendo que se le ofrecía alguna nueva y peligrosa aventura; y con este pensamiento y con ánimo dispuesto de acometer cualquier peligro, se puso delante de la carreta, y con voz alta y amenazadora dijo: carretero, cochero, o diablo, o lo que eres, no tardes en decirme quién eres, a do vas, y quién es la gente que llevas en tu carricoche , que más parece la barca de Caronte, que carreta de las que se usan.
»A lo cual mansamente, deteniendo el diablo la carreta, respondió: señor, nosotros somos recitantes de la compañía de Angulo el Malo [un actor célebre de la época]; hemos hecho en un lugar que está detrás de aquella loma esta mañana, que es la octava del Córpus, el auto de las Cortes de la muerte, y le debemos hacer esta tarde en aquel lugar que desde aquí se parece; y por estar tan cerca y excusar el trabajo de desnudarnos y volvernos á vestir, nos vamos vestidos con los mismos vestidos que representamos.
»Aquel mancebo va de muerte, el otro de ángel, aquella mujer, que es la del autor, va de reina, el otro de soldado, aquel de emperador, y yo de demonio, y soy una de las principales figuras del auto, porque hago en esta compañía los primeros papeles: si otra cosa vuesa merced desea saber de nosotros, pregúntemelo, que yo le sabré responder con toda puntualidad, que como soy demonio todo se me alcanza. Por la fe de caballero andante, respondió Don Quijote, que así como vi este carro imaginé que alguna grande aventura se me ofrecía, y ahora digo que es menester tocar las apariencias con la mano para dar lugar al desengaño. Andad con Dios, buena gente, y haced vuestra fiesta, y mirad si mandáis algo en que pueda seros de provecho, que lo haré con buen ánimo y buen talante, porque desde muchacho fui aficionado á la carátula [teatro con máscaras], y en mi mocedad se me iban los ojos tras la farándula.
»Estando en estas pláticas quiso la suerte que llegase uno de la compañía , que venia vestido de bogiganga (4) con muchos cascabeles, y en la punta de un palo traía tres vejigas de vaca hinchadas, el cual moharracho llegándose á Don Quijote comenzó á esgrimir el palo y a sacudir el suelo con las vejigas, y a dar grandes saltos sonando los cascabeles, cuya mala visión así alborotó á Rocinante, que sin ser poderoso a detenerle Don Quijote, tomando el freno entre los dientes, dio a correr por el campo con mas ligereza que jamás prometieron los huesos de su anotomía. Sancho, que consideró el peligro en que iba su amo de ser derribado, saltó del rucio, y a toda priesa fue a valerle; pero cuando á él llegó ya estaba en tierra y junto á él Rocinante, que con su amo vino al suelo […]. (5).
5. El triunfo de la tarasca
Algunas representaciones de la fiesta de la Tarasca en Madrid en el siglo XVII.

Corpus de Madrid de 1623.

Corpus de Madrid de 1663.

Corpus de Madrid de 1663.

Madrid, 1685
6. La tarasca y los niños
En España, la tarasca cumplía las funciones de "monstruo asustador de niños", como el coco, es decir, ese monstruo que te come si te portas mal. Nos lo cuentan en su extraordinaria página, el equipo de "asustachicos":
Cucafera
Figura parecida a la Tarasca que aparece delante de la procesión de la Cinta, patrona de Tortosa (Tarragona), que sirve también para asustar a los niños. También la cita Amades, Costumari V, 94. Es una palabra compuesta de 'cuca' y 'fera'. [Albert Aragonés].
Tarasca
Asustachicos catalán, en forma de mula, también conocido como la Mula Guita. En el pueblo de Berga, durante la fiesta eucarística de la Patum, se construye una Tarasca disforme y monstruosa. Los niños de Berga no temen a la Tarasca, porque tienen sobrada ocasión de ver que se trata de un muñeco de cartón; pero los de las localidades cercanas son a menudo aterrorizados con este monstruo (Amades 1957: 269).
Durante las fiestas de Nuestra Señora de la Cinta, de la ciudad de Tortosa, salen tres extrañas tarascas, una mayor, que representa ser la madre de las otras dos más pequeñas, semejantes a unas tortugas, conocidas con el apelativo de cuca fera y que sirven de espantachicos a las madres del delta y de la ribera baja del Ebro (Amades 1957: 269).
7. La tarara
Mi tía Chata nos cantaba de chicos una canción popular que, probablemente, esté relacionada con la Tarasca: "la tarara sí, la tarara no". Esta es la letra:
Tiene la Tarara
un vestido blanco
que sólo se pone
en el Jueves Santo.La Tarara sí,
la Tarara no, (estribillo)
la Tarara madre
que la bailo yo.Tiene la Tarara
un dedito malo
que no se lo cura
ningún cirujano.(estribillo)
Tiene la Tarara
un cesto de frutas,
y si se las pido
me las da maduras.(estribillo)
Tiene la Tarara
un cesto de flores,
que si se las pido
me las da mejores.
(estribillo)Tiene la Tarara
unos pantalones
que de arriba a bajo
todo son botones.(estribillo)
Tiene la Tarara
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.(estribillo)
Lorca recogió esta canción popular en su poema La tarara, que canta Camarón así de bien:
Notas
1. Santiago de la Vorágine, La Leyenda Dorada, ed. del doctor Grasse, Alianza Editorial, Madrid 1996. Vol. 1, págs. 419-420. En Borsari, Elisa. “Bestiario y tarascas alegóricas y carnavalescas del pueblo de Poggio Rusco (Mantua)”. Culturas Populares. Revista Electrónica 3. (septiembre-diciembre 2006).
2. David D. Gilmore. Monsters: evil beings, mythical beasts, and all manner of imaginary terrors. University of Pensylvania Press, 2003.
3. Corto y pego de la Wiki que estoy cansado. Otro día explico esto en detalle:
Un auto sacramental es una pieza teatral religiosa alegórica de un sólo acto y de tema preferentemente eucarístico que se representaba el día del Corpus entre los siglos XVI y XVIII, hasta la prohibición del género en 1765, por lo general con gran aparato escenográfico.
Biblio a consultar: Ignacio Arellano y J. Enrique Duarte, El auto sacramental. Madrid: Ediciones del Laberinto, 2003.
4. mojiganga: Fiesta pública que se hacía con disfraces estrafalarios, especialmente en figuras de diablos o animales.
5. Muy buena la nota que escribe Pellecer en la edición de 1864 que tiene digitalizada guglebucs:
«La representación de estos Autos, que son dramas alegóricos a los misterios de la religión, se hacía precisamente para solemnizar la festividad del Corpus y su octava, y era tan general, que no solo se ejecutaba en los teatros, sino delante de los Consejos de su Majestad y aun del tribunal de la Inquisición. Iban los comediantes a estas representaciones en carros triunfales , de donde salían las figuras alegóricas al tablado que se levantaba al descubierto en las calles y plazas, y por eso se significaba esta representación con la expresión técnico-dramática de hacer los carros.[…].
»Otras de las ceremonias con que se solemnizaba la festividad del Corpus y su octava, era la Tarasca, los Gigantones y las Danzas, aunque todo era simbólico y significativo. Hablando don Francisco de Quevedo, en su España defendida (id. s.) de las fiestas de España , dice que había en ellas «antiquísimas costumbres, como las danzas y matachines, y gigantones, y principalmente la que hoy llamamos Tarasca». Habla en efecto de ella Sexto Pompeyo, citado por el referido Quevedo, y dice: Uandueans efflgles in pompa antiquorum Inter caleras ridiculas formidolosanque iré sottbal, magnis malis, ac Itle dehitcens, el ingentem denlibus sonilum faciens. Que en español dice: «En las pompas y fiestas de los antiguos, solía ir la figura del Tragón entre las demás ridículas y espantosas, con grandes quijadas, con la boca desmesuradamente abierta, y haciendo gran ruido con los dientes». Así iba la que se usaba todavía en nuestros tiempos; y por esto y con alusión a su voracidad se decía y dice: echar guindas o caperuzas d la tarasca. Esta constaba de un serpentón engullidor, y de la figura de una mujer, estrambóticamente ataviada y sentada sobre él, y en ella se entendía a la meretriz de Babilonia sobre el Leviatán, esto es, el mundo, el infierno y la muerte vencidos por Jesús sacramentado que los llevaba delante como despojos de su triunfo. Con los gigantones se figuraba el gigante Goliat, degollado por David, y en ellos los pecados mortales destruidos por Cristo».
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