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El laberinto, historia y mito

Los caminos del laberinto


La idea de una casa hecha para que la gente se pierda es tal vez más rara que la de un hombre con cabeza de toro, pero las dos se ayudan y la imagen del laberinto conviene a la imagen del minotauro. Queda bien que en el centro de una casa monstruosa haya un habitante monstruoso.

J. L. Borges, El libro de los seres imaginarios

La primera sorpresa que depara el laberíntico estudio del laberinto es la multitud de formas y significados que ha adoptado a lo largo del tiempo. Hay laberintos que decoran las catedrales góticas de Francia y que simbolizan los pilares de la fe cristiana, pero también hay laberintos en los aristocráticos jardines del renacimiento más relacionados con el juego erótico que con la divinidad. Hay laberintos paganos que se confunden con el inframundo y se sitúan cerca de las tumbas para que los muertos no encuentren el camino hacia los vivos, pero también hay laberintos en los prados ingleses relacionados con la primavera y la fertilidad. Hay laberintos lóbregos que albergan espantosas criaturas dispuestas a zamparse al intruso en cuanto se pierda, mientras que en el alegre laberinto de Versalles los únicos que se perdían eran los amantes clandestinos que buscaban solaz intimidad.

Hay laberintos literarios, como el que le aguarda a Alicia tras el espejo o las minas de Moira que describe J. R. R. Tolkien en El señor de los anillos, al igual que haylaberintos cinematográficos, como el que recorre Jack Nicholson en El resplandor o Ivana Baquero en El laberinto del Fauno. Hay laberintos asociados con la danza y la música; hay laberintos en mitos, manifestaciones artísticas, dilemas filosóficos, videojuegos, problemas matemáticos, parques de atracciones, monasterios medievales... hasta en el juego de la oca hay un laberinto, que algunos autores relacionan con el Tarot. Sólo en las últimas dos décadas, se han dibujado cientos de laberintos en campos cultivados por todo el planeta. De hecho, seguro que en alguna ocasión el lector se ha encontrado perdido en medio de algún laberinto accidental, como un aeropuerto, el museo del Louvre o el barrio antiguo de una ciudad medieval.

Esta inmensa variedad de formas y significados se pone de manifiesto en la dificultad de encontrar una definición apropiada para el laberinto. El diccionario de la Real Academia Española define laberinto como:

Lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar con la salida.

La definición parece correcta, pero, como suele suceder en estos casos, en cuanto desenfundamos la lupa descubrimos que no resulta tan precisa. Así, por ejemplo, en
muchos laberintos la dificultad no es «acertar con la salida», sino llegar al centro, al corazón del laberinto, momento en el que el reto se da por superado. Tampoco sería exacto el verbo confundir, puesto que en algunos laberintos no hay confusión posible al constar de un solo camino, así que, más bien, el verbo apropiado sería dificultar, ya sea bifurcando los caminos, ya sea haciéndolos largos y tortuosos.

También podríamos decir que en ocasiones los laberintos tienen encrucijadas, pero en otras no. Al igual que resulta discutible el que se deban haber formado artificiosamente, ya que en la naturaleza también hay laberintos, como el constituido por las galerías de una cueva, los arrecifes de coral o los canales del oído. Incluso, se podría discutir que el laberinto siempre sea un lugar, pues no son pocas las metáforas donde los laberintos designan conceptos abstractos imposibles de localizar, como la confusión (El laberinto sentimental), la soledad y el aislamiento (El general en su laberinto) o la dificultad (El laberinto de Palestina).

Paolo Santarcangeli, una autoridad en materia de laberintos, resumió perfectamente este problema:

Cuanto más lo pensamos, mejor comprendemos que el objeto de nuestro interés, a mayor abundamiento laberíntico, no cabe en ninguna definición que lo abarque por entero y sin equívocos. Conformémonos, pues, con decir: «Recorrido tortuoso, en el que a veces es fácil perder el camino sin un guía».

La acertada definición de Santarcangeli pone de manifiesto otro problema en lo que nos atañe, la infinitud y variedad de los laberintos, pues, por extensión, también se puede considerar laberinto cualquier recorrido tortuoso, como los viajes accidentados, de los que La Odisea constituye el mejor ejemplo, o los imaginarios senderos que, según los aborígenes australianos, trazaron los antepasados durante la mítica edad del sueño por toda Australia.

Los laberintos del libro

En suma, los caminos del laberinto son infinitos o, cuanto menos, se aproximan. Sin embargo, la intención de la obra no es abordar todas y cada una de las formas laberínticas que imaginó el ser humano desde que bajamos de los árboles. Más bien, este libro es un viaje por los laberintos derivados del mito de Teseo y el Minotauro.

Como se explica en este ensayo, el laberinto tomó forma en la mitología griega, quizá como herencia de referencias más antiguas de Egipto, Mesopotamia y la cultura minoica de Creta. Los romanos lo llevaron por todo el Imperio y, tras las invasiones bárbaras, sobrevivió camuflado en alegorías cristianas de críptico significado. Mientras tanto, en algún momento llegó a las islas Británicas y a Escandinavia, donde los vikingos terminaron de extenderlo desde Islandia hasta el principado de Moscú. Con el renacimiento volvió a florecer su naturaleza pagana y los jardines se llenaron de laberintos a cada cual más sofisticado y, por último, tras un período de decadencia decimonónica, volvió a resurgir a finales del siglo XX con tal variedad de formas que hoy en día resulta imposible seguirle la pista. Por lo tanto, un mito como el del Minotauro que ha sobrevivido a tantas culturas bien merece convertirse en nuestro hilo de Ariadna.

portada del libro El laberinto, historia y mito

 

Índice del libro

Los caminos del laberinto
Los laberintos de este libro
Tipos de laberinto
Espirales peligrosas
Interpretaciones arriesgadas

1. Teseo y el Minotauro
El extraño amor de Pasífae
El toro del mar
Amores taurinos
Crimen y castigo 36
La casa de Asterión
Ariadna en Naxos
¡Las velas!
Dédalo e Ícaro
La muerte de Minos

2. Tras los pasos de Teseo
Un laberinto mítico
Una leyenda hecha realidad
El culto al toro en la Creta minoica
La cueva de Gortyna
El laberinto de Pilos

3. La danza del laberinto
Danzar en el laberinto
La gerantomaquia
La reina de los muertos
Perséfone en el laberinto
El laberinto de los herreros

4. Laberintos en la piedra
El laberinto de Mogor
Laberintos, ciervos y guerreros
El santuario de Lucillo
¿Qué significan?
El laberinto de Val Camonica
Dioses cornudos
El laberinto de la Casa de las Hadas
Los dos laberintos del mago Merlín
La piedra de Hollywood

5. Tumbas, dioses y laberintos
El laberinto de Hawara
El más allá, instrucciones de uso
Un laberinto visceral
El laberinto del bosque de los cedros
Gilgamesh en el Infierno

6. Labyrinthus, urbi et orbe
El laberinto de Lars Porsenna
Laberintos de Pompeya
Un laberinto popular
Ariadna vindicada
Laberintos fortificados
Truia
El laberinto protector
Hadrumetum
El hombre Laberinto
El laberinto de Cumas

7. Laberintos cristianos
Un Minotauro en la Iglesia
Diabólico Minotauro
Una cruz en el Infierno
Los laberintos de Pascua
El laberinto de Chartres
Un laberinto apocalíptico
El camino de Jerusalén

8. Laberintos góticos
Un laberinto masónico
El misterio del obispo descabezado
¿Laberintos alquímicos?
La mansión de Dédalo
Los cuatro laberintos

9. Dragones, jinetes y peregrinos
Ariadna alegorizada
Laberintos perdidos
El laberinto y el dragón
El laberinto y la vieira
El polémico peregrino
Los dos caballeros
Vikingos calabreses

10. Laberintos escandinavos
Tierra de laberintos
El laberinto y la serpiente Selma
Un laberinto bien realizado
Laberintos en rojo y azul
Un laberinto sonoro
El laberinto y el barco
La cruz de Julskov
Una mujer en el laberinto

11. Los misteriosos trojeborg
De nuevo en Troya
Egeas y el onocentauro
Una antigua costumbre
La danza de la doncella
Combate estacional
Rösaring
Unos muertos muy pesados
Los barcos de la muerte

12. Viejos dioses, nuevos laberintos
La villa pagana del cardenal
Ariadna desnudada
El hortus conclusus
La imposible ciudad de Sforzinda
El sueño de Polífilo
Tratados de jardinería

13. Almas peregrinas y amores enredados
Un mundo de peligros
Laberintos de amor
Laberintos secretos
Laberintos de fortuna
Los peligros de la corte
El juego de la oca
Templarios en el Camino de Santiago
El juego del laberinto
El Minotauro desahuciado

14. Laberintos en el jardín
Los tres laberintos de Boboli
El laberinto y la gruta del demonio de fuego
El laberinto de Barbarigo de Valsanzibio
El laberinto del Alcázar de Sevilla
Hampton Court
Los autómatas de Salomon de Caus

15. Magos y alquimistas
El Sagrado Bosque de Bomarzo
Los jardines de Eros
La alquimia en Bomarzo
Dos laberintos alquímicos
Un conjuro de amor
El arcano perdido del Tarot
La misteriosa prisión de Salomón

16. El laberinto y el rey
Una fiesta trágica
Un jardín faraónico
El laberinto de Versalles
El jardinero y el señor de los secretos
Un laberinto libidinoso
La granja de San Ildefonso
Un laberinto caprichoso
El laberinto de Horta
El laberinto de Altjessnitz
El último laberinto del Véneto

17. Laberintos en el prado
El laberinto de Alkborough
¿Un laberinto medieval?
El escurridizo Julián
El laberinto de William Sparrow
El laberinto del estudiante
El laberinto de Saffron Walden
Cuatro turf maze históricos
Los laberintos de Beltain

18. Laberintos decimonónicos
Tres laberintos armónicos
Laberintos de cristal
Laberintos victorianos
Un laberinto imposible
Cómo salir de un laberinto
Un laberinto temporal
La muerte de Asterión

El hilo de Ariadna
Para saber más
Referencias y lecturas complementarias