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El códice Boturini: 8. El primer señor mexica

Los mexicas comienzan el recorrido histórico

El códice Boturini: 8. El primer señor mexica

Después de la digresión del capítulo anterior retomamos el viaje con los mexicas. Como vimos, después de diversas peripecias terminaron por llegar a Tollan. A partir de aquí comienza otra gran etapa narrativa que concluirá con la fundación de México Tenochtitlan, aunque la Tira de la peregrinación termina antes por razones que no están del todo claras.

Salvo por algún que otro episodio, como la guerra con Copil, parece que en este recorrido se narran acontecimientos históricos o, mejor dicho, protagonizados por grupos humanos antes que por dioses y demás personajes mitológicos, por lo que resulta muy tentador pensar que se trata de un recorrido real, es decir, que llegaron a los sitios que se enuncian y que les pasaron los acontecimientos que cuentan.

Este es un tema muy complejo sobre el que no hay consenso entre los especialistas, que a veces centran este debate en la reivindicación o la crítica de otras maneras de registrar y contar la historia distintas a la canónica occidental. Sin embargo, quizás no se encuentre tanto ahí el problema, sino en el tiempo transcurrido entre los hechos y el relato de los hechos, sobre todo porque entremedias sucedieron acontecimientos que condicionaron en gran medida lo que interesaba recordar del pasado.

Los códices históricos que se han conservado sobre la migración mexica, así como las crónicas que tratan el tema, datan de los siglos XVI y XVII, una vez que se produjo la caída de Tenochtitlan en 1521. Sin embargo, los mexicas, al igual que otros grupos chichimecas, comenzaron a desplazarse hacia el Valle de México tras el colapso de la cultura tolteca a mediados del siglo XII. Es decir, entre los hechos y el relato de los hechos pasaron unos 400 años, unas 8 generaciones a una media de 50 años. Y entre tanto ocurrieron cambios tan drásticos como el asentamiento en Tenochtitlan, la formación de la Triple Alianza y el fin del imperio tepaneca y, sobre todo, la incorporación de México al imperio español. Dicho de otra forma, el problema no es que la tradición oral o la historia contada en un códice carezca de rigor, sino que cuanto más se retroceda en el tiempo, más posibilidades hay de que algunos acontecimientos se cuenten de manera tergiversada, ya sea de forma fortuita o intencionada.

¿Significa esto que debemos desechar todas estas fuentes de forma sistemática? No, por supuesto que no. Solo que debemos avanzar con cautela y siendo conscientes de que algunas partes de la narración pueden estar muy condicionadas por los distintos intereses que había en el posclásico tardío y los primeros tiempos de la conquista.

Hecha esta advertencia, vamos ya sin más preámbulos con los mexicas.

Principales localidades por las que pasan los mexicas según la Tira de la peregrinación. (Pulsa para ampliar).

Hacia el sur

Según se cuenta en la octava lámina de la Tira de la peregrinación, tras abandonar Tollan, los mexicas comienzan un viaje largo hacia el centro de México, que les lleva primero a Atlitlalacyan, «el lugar donde el agua entra en la tierra», un topónimo formado por por atl, «agua»; el adjetivo posesivo i-; tla, «tierra », y ac, «entra». El agua está representada por el torrente con ramas rematadas en borlas y la tierra por un rectángulo con puntos, lo que quizás signifique que estaba cultivada. Aquí estuvieron desde el año 1 pedernal hasta el año 6 casa.

Es probable que el nombre del sitio, que hoy se encuentra cerca de la localidad actual de Atitalaquia en el estado de Hidalgo, se debiera a algún tipo de formación geológica, un río que se adentraba por una cueva cárstica.

El siguiente sitio que aparece en la lámina es Tlemaco, un nombre que deriva de ese objeto con forma de serpiente. Se trata de un sahumador o incensario, que en náhuatl se denomina tlemaitl, literalmente, «mano de fuego» (1). De la copa, donde parece que hay una especie de bolas, probablemente de copal, salen volutas de humo. Aquí estuvieron desde el año 7 conejo al 11 conejo.

Lámina 8 de la Tira de la Peregrinación.

En la lámina siguiente vuelven a aparecer otros dos sitios. El primero se suele traducir como Atotonilco y seguramente se encontrase en las cercanías del municipio actual de Atotonilco de Tula, también en el estado de Hidalgo. El topónimo derivaría de a(tl), «agua»; totonil(ia), «calentar» y co(mitl), «olla». Como señala Patrick Johannsson, no es que aquí se pasaran el día calentando agua, sino que en el lugar probablemente hubiera unas corrientes termales de agua caliente. Aquí se detuvieron otros cinco años (2).

A continuación marcharon hacia Apazco, un topónimo formado por las raíces de los términos a(tl), «agua»; apaz(tli), «vasija para el agua», «calentar» y -co, «lugar». Aquí se produce un cambio llamativo en los vestidos de los cuatro personajes que representan a los mexicas, que empiezan a pintarse con una especie de borde en el exterior, lo cual denota una vestimenta más señorial. No tengo claro si esta diferencia significa algo o es fruto del mero proceso artístico, pero podría estar relacionada con el sitio que viene a continuación, el más importante de todo este tramo.

Lámina 9 de la Tira de la Peregrinación.

El primer señor de los mexicas

En la lámina siguiente se encuentra Tzompanco, un sitio que está representado por un tzompantli, que era una estructura donde colocaban las cabezas cortadas de los cautivos sacrificados. Entre Tzompanco y Apazco hay un cerro con una especie triángulo invertido en el centro, cuya identificación no tengo clara, quizás Huiztepec, el cerro de la espina, y en la cima vemos el glifo de la celebración de la atadura de años, un momento, como vimos, de gran trascendencia que significaba el fin de un ciclo de 52 años.

Lámina 10 de la Tira de la Peregrinación.

Aunque difieren en algunos detalles, en algunas crónicas se cuenta que aquí los mexicas se emparentaron con la dinastía gobernante de Tzompanco. Así, por ejemplo, según la Crónica Mexicáyotl de Tezozomoc:

«Inmediatamente partieron, se establecieron allá en Atenco, a donde fueron a dar (el rey de cuyos habitantes, llamado Tlahuizcalpotonqui Teuctli, quería mucho a los mexicanos, les matrimoniaba) y donde inmediatamente colocaron su "tzompantli", llamaron el sitio y así ahora se le llama Tzompanco (les dio allá Tlahuizcalpotonquí Teuctli a su hija doncella, a la llamada Tlaquilxochtzin, quien engendró, de quien nacieron tres hijos: la primera, mujer, de nombre Chimallaxochitl. el segundo fue él, el de nombre Huitzilihuitl. el tercero de nombre Toxpanxochtzin».

Linaje de Huitzilihuitl según Tezozomoc.

Aquel Huitzilihuitl se convirtió en el caudillo de los mexicas y fue el primero en estar emparentado con un gran señor, lo que podría interpretarse según Federico Navarrete (2011: 242) como un primer intento de fundar un altépetl propio al amparo de alguien más poderoso:

«El hecho de que Tlahuizcalpotonqui, el gobernante de Atenco-Tzompanco, definido como un teuhctli chichimeca, diera su hija en matrimonio a los mexicas significa que estableció una relación de alianza que probablemente implicaba la subordinación de estos últimos a su poder. Por otra parte, el que los mexicas levantaran su tzompantli en ese lugar indica que lo convirtieron en un asentamiento más o menos permanente, con un templo y un altar sacrificial para su dios tutelar».

En la Tira de la peregrinación no se menciona este hecho, aunque más adelante aparecerá Huitzilihuitl al menos una vez. Este silencio podría deberse a varias razones, quizás fuera porque el tlacuilo dio el episodio por sabido y no consideró necesario reflejarlo en el códice. De hecho, en general, la Tira es más escueta que otras fuentes relacionadas con la peregrinación mexica y omite algunos pasajes muy importantes como la separación de los tarascos en Michoacán; aunque quizás también podría ser debido a que en general aquel enlace no encajaba muy bien con la ideología del imperio tenochca, en la que se decía que su primer gran señor oficial había sido Acamapichtli, emparentado con la dinastía de Culhuacan que, como vimos, se hacían herederos de los toltecas.

El paso de los mexicas por Tzompanco en un detalle de la lámina 32 del Códice Mexicanus.

Prosigue la marcha

Después de permanecer un tiempo en Tzompanco, los mexicas llegan a Xaltocan, uno de los altépetl más poderosos del posclásico. El topónimo está formado por las raíces de xalli «arena», tócatl, «araña» y el sufijo locativo -can, «lugar». Es decir, «el lugar de las arañas de arena. Y cuatro años después marcharon a un lugar representado por una canoa. Se trata de Acalhuacan, un topónimo que deriva de acalli, «canoa».

Lámina 11 de la Tira de la Peregrinación.

En el siguiente lugar al que llegan tampoco pasó nada trascendente que yo conozca. Se representa como un cerro, tepec, coronado por el dios Quetzalcóatl caracterizado como dios del viento, Ehécatl, por lo que los especialistas lo identifican con Ehecatépec, un sitio que hoy en día se encuentra en el estado de Morelos.

También está en el estado de Morelos la localidad que viene a continuación, Túlpetlac, cuyo nombre se forma a partir de las raíces de tullin, «tule y pétlatl, «estera», «la estera de tules».

Lámina 12 de la Tira de la Peregrinación.

Según la Tira, de Túlpetlac marcharon a un lugar representado por una serpiente y que por comparación con otras fuentes sabemos que se trata de Cohuatitlan, «el lugar de las serpientes». Aquí permanecieron varios años y en el ínterin marcharon hasta tierra de los chalcas, un pueblo que se reconoce enseguida por el dibujo de los círculos concéntricos con cuatro redondeles que representa la piedra preciosa chalchihuite, que ya vimos en el análisis de la segunda lámina.

Los chalcas eran una confederación de pueblos muy poderosa. Se encontraban repartidos al sur del lago de Texcoco en varios altépetl agrupados en cuatro parcialidades: Tlalmanalco, Amaquemecan, Chimalhuacan y Tenanco-Tepopollan. Fueron uno de los grandes rivales de la Triple Alianza, que hasta el año 1465 no consiguió dominarles, y es muy probable que hubieran llegado a la cuenca de México entre las primeras oleadas de pueblos chichimecas.

Lámina 13 de la Tira de la Peregrinación.

El pulque de los chalcas

Al lado del glifo de la tierra de los chalcas, un lugar que quizás se podría concretar en el altépetl de Chalco Atenco, hay otro en el que se ve una planta de maguey encima de un campo cultivado, que se representaba como un rectángulo con puntos o rayas.

Este conjunto está relacionado con el principio de la escena de la siguiente lámina, donde vemos que en el año 7 caña hay dos figuras haciendo cosas. El hombre que está más arriba sostiene un cuenco en la mano y está enfrente de una olla de la que sobresalen unos puntos. El de abajo sostiene una especie de caña sobre una planta, en cuyo centro hay una bola con los mismos puntos. Están destilando pulque, que en náhuatl se conocía como octli, una bebida alcohólica que se obtenía de la fermentación del del agave o maguey.

Detalle de la lámina 14 de la Tira de la Peregrinación.

Según se cuenta en el Códice Aubin, en esta escena se estaría contando cómo los chalcas enseñaron a los mexicas a cultivar esta planta y obtener el licor.

«Año 7 Ácatl. En este cumplieron los mexica veinte años allí en Cohuatitlan. Y luego fueron a coger de Chalco el maguey. Y también sacaron la miel [del maguey]. Más allí enseñaron los mexica a beber octli en Cohuatitlan».

En la Historia mexicana desde 1221 también se relaciona a los chalcas con el descubrimiento del pulque, pero esta vez el suceso fue más violento.

«Y aquí [en el año siete caña] cumplieron veinte años allá en Cohuatitlan los mexica y fueron a sacar el agave de Chalco. Y ciertamente vinieron a raspar el corazón [del maguey] para sacar la miel. Allá vinieron a someterlos en la guerra los mexica».

El maguey era una planta de gran importancia entre los antiguos mesoamericanos, ya que, además de utilizarse para obtener pulque, también se usaba como material de construcción en las viviendas, para preparar recipientes de la vida cotidiana y hasta en la elaboración de tejidos, por lo que no resulta extraño que se mencione en las crónicas indígenas; sin embargo, como sucedía con el episodio del árbol truncado, uno se queda con cierto reconcome sobre el significado real del episodio. ¿Pudiera ser que la anécdota escondiera algo más profundo?

Según Federico Navarrete (2011: 250), el episodio no debe interpretarse de forma literal, ya que es muy probable que los mexicas ya conocieran las virtudes de esta planta rica en vitaminas y minerales, sino que podría estar relacionado con el asentamiento de los mexicas que vimos antes:

«Seguramente recibieron de los chalcas un bien cultural tolteca, que probablemente incluía la tecnología para el cultivo del maguey y la producción del pulque, junto con los conocimientos religiosos y rituales asociados a esta práctica y los concomitantes derechos políticos y sociales para utilizarlos. Se trataría entonces de uno más de los intercambios de bienes culturales entre toltecas y chichimecas que fueron una parte fundamental del proceso de establecimiento de los altépetl en el valle».

Así, indica este historiador, «es probable que este intercambio haya incluido también el establecimiento de una alianza matrimonial o política entre mexicas y chalcas, pues las transferencias de bienes culturales solían incluir también pactos dinásticos y políticos, ya que estos bienes pertenecían a linajes específicos de gobernantes».

Es decir, según Navarrete, el don de pulque podría estar representando de alguna manera el reconocimiento por parte de los chalcas de este nuevo vecino que ya tenía su propio señor, Huitzilihuitl, emparentado con la dinastía reconocida de Tzompanco (3).

Una guerra funesta

Investidos pues con mayor alcurnia por los chalcas, quizás por su nueva relación con la dinastía de Tzompanco, los mexicas prosiguen su camino y llegan hasta Huixachtitlan, un lugar representado por el árbol de huizache, huixachin, que es una especie de mimosa de grandes espinas. Aquí permanecen cuatro años, y a continuación vuelven a ponerse en marcha y llegan a Tecpayocan, «el sitio del pedernal».

Lámina 14 de la Tira de la Peregrinación.

En la lámina siguiente vemos que han celebrado la ceremonia del fuego nuevo en Tecpayocan, lo que podría interpretarse quizás como un intento de asentarse de forma independiente en este lugar; sin embargo, el episodio debió de terminar mal, pues a continuación aparece el glifo para denotar guerra, el escudo con la macuahuitl rodeado por pisadas, y debajo tres personajes cuyos ojos cerrados denotan que están muertos.

Detalle de la lámina 15 de la Tira de la Peregrinación.

En el Códice Aubin se mencionan sus nombres con el sufijo -tzin, que indica un rango señorial: Tecpatzin, señor pedernal; Huitzilihuitzin, señor pluma de colibrí; y Tetepantzin, señor muro de piedra, cuyo vestido carece de la franja con que comenzaron a dibujarse en Tzompanco, lo cual podría indicar que era menos importante (4).

La Crónica Mexicayotl no menciona nada sobre este percance, quizás por que no dejaba en buen lugar a los tenochcas, pero sí hay referencias en otras fuentes, aunque son demasiado escuetas para saber qué sucedió en Tecpayocan realmente. Entre las más reveladoras se encuentra un pasaje de Historia de los mexicanos por sus pinturas en el que se habla de la fundación de un templo y de un nuevo señor llamado Tloci:

«[...] y de ahí vinieron a un cerro que llaman visachichitlan, donde al
presente los del barrio de Santiago tienen suchiles, y de ahí vinieron al cerro que llaman Téubulco, y de ahí vinieron a Tenayucan, y porque murió allí un principal mexicano que le pusieron Tepayuca o Tepayuco, porque así se llamaba el principal que murió, y hallaron en este lugar a un chichimeca por señor, el cual se llamaba tloçi: en este pueblo hicieron un templo a vchilogos y le sacrificaron una mujer, e hicieron mucha fiesta, sacándola muy ataviada, porque ansí lo acostumbraban cuando alguna mujer habían de sacar a sacrificar».

Esto, como ha señalado Federico Navarrete, podría estar relacionado con un intento de formar un asentamiento independiente que no debió de gustar nada a sus vecinos.

Detalle de la lámina 84 del Códice Telleriano Remensis narrando la batalla de Tecpayocan.

El lugar de las banderas

Lámina 15 de la Tira de la Peregrinación.

Después de esta batalla, los mexicas marchan a un lugar representado por una bandera, pantli, rodeada por un círculo, un signo circular que se solía añadir para incorporar el sufijo -tlan, que significa algo parecido a «entre». Se trata por lo tanto de Pantitlan, «entre banderas». En Pantitlan pasan otros cuatro años y es el último sitio donde nuestros cuatro personajes lucen la franja en el vestido, lo que podría ser consecuencia de haber perdido cierto rango tras la derrota de Tecpayocan.

De allí marchan a Amalinalpan, «el lugar de la hierba malinalli en el agua», que pertenecía al señorío de Azcapotzalco, pero antes parece que algo les debió de ir mal en Pantitlan, pues al cuarto año se encuentra un muerto que apenas está vestido. En el Códice Aubin se habla de algún tipo de plaga:

«Año 6 ácatl. En éste cumplieron los mexica cuatro años en Pantitlan. En éste se extendió allí la enfermedad; todo el cuerpo se hendió».

En la Historia de Tlatelolco se concreta algo más aquella enfermedad:

«Levantaron un asiento de piedra y después de dos años de estancia los mexica padecieron hambre y se volvieron leprosos y sarnosos en el año 8 calli. Allá entonces Tozcuécuex tomó a su hija y la sacrificó para remediar en Pantitlan la culpa de la enfermedad en el año 8 calli».

Tomado de Navarrete, 2011, pág. 256.

Efectivamente, podría estar haciendo referencia a una enfermedad de infausto recuerdo, sin embargo, al menos en el caso de la Tira, por la fecha y el lugar en que sucede, también podría estar relacionado con un ritual del presente proyectado en el pasado, quizás el más terrible que practicaban los tenochcas imperiales.

Las banderas rectangulares se utilizaban con frecuencia en los grandes acontecimientos, como las celebraciones sagradas y la guerra, y en relación a Pantitlan servían para delimitar una zona del lago de Texcoco donde había un gran sumidero, un lugar donde el agua se adentra por una gruta subterránea formando remolinos en la superficie. Como explica Chrystian Reyes (5), el sumidero de Pantitlan también se conocía como cueva de Aoztoc y desde el posclásico tardío, una vez fundada Tenochtitlán, se convirtió en un sitio sagrado donde se rendía culto a Tláloc, dios de la lluvia y la fertilidad, quizás porque se consideraba un punto de convergencia entre el plano terrenal de los seres humanos y el Tlalocan, el paraíso donde viven los dioses de la lluvia.

Según Reyes, se hacían ceremonias en Pantitlan durante las veintenas de Atlcahualo, Etzalcualiztli y Atemoztli. En la primera, además de ofrecer al remolino alimentos, plumas y piedras preciosas (chalchihuites), asesinaban a varios bebés y adultos cautivos con cuya sangre regaban unas banderas que añadían en sustitución de las antiguas. Según se cuenta en el Códice Florentino de Sahagún, parece que conseguían los niños comprándoselos a las familias, supongo que a las más humildes. Después de matarlos, los cocían y se los comían.

«En las calendas del primer mes del año que se llama cuauitleoa, y los mexicanos le llamaban altacoalo, el cual comenzaba el segundo día de febrero, hacían gran fiesta a honra de los dioses del agua o de la lluvia llamados tlaloque. Para esta fiesta buscaban muchos niños de teta comprándolos a sus madres; escogían aquellos que tenían dos remolinos en la cabeza y que hubiesen nacido en buen signo; decían que estos eran más agradable sacrificio a estos dioses para que diesen agua en su tiempo.

»A estos niños llevaban a matar a los montes altos, donde ellos tenían hecho voto de ofrecer. A unos de ellos sacaban los corazones en aquellos montes, y otros en ciertos lugares de la laguna de México; el un lugar llamaban Tepetzinco, monte conocido que está en la laguna; y a otros en otro monte que se llama Tepepulco, en la misma laguna; y a otros en el remolino de la laguna que llamaban Pantitlan. Gran cantidad de niños mataban cada año en estos lugares; después de muertos los cocían y comían».

(Libro II, cap. 27)

Y aquel sacrificio de niños en Pantitlan estaba muy relacionado con el año uno conejo, que es justo la fecha en la que los mexicas pasan por allí según la Tira de la peregrinación.

Ilustración del Códice Florentino. Un sacerdote pintado de negro y con el pelo suelto lleva un niño a hombros para el sacrificio.

El año de la gran hambruna

Según explica el investigador y arqueólogo Leonardo López Luján, el año 1454 fue el cenit de una temporada espantosa de sequías que asoló todo el Valle de México (6):

«[...] el Atlas Mexicano de Sequía muestra de forma incontrovertible que una sequía de proporciones gigantescas tuvo lugar en el Centro de México de 1452 a 1454 y que, tras esos años de crisis sucesiva, se dio una recuperación hacia 1455-1456. Todo parece indicar que las sequías en el verano temprano habrían afectado la germinación, el crecimiento y el florecimiento de las plantas previos a la canícula, en tanto que las heladas del otoño habrían atacado al maíz antes de su maduración plena. Así, la coocurrencia de ambos fenómenos –sequías y heladas– habría acabado con las cosechas y conducido a situaciones de hambruna prolongada, tal y como se corrobora en las fuentes documentales del siglo XVI».

Según cuentan las crónicas y atestiguan hallazgos de restos óseos de niños desnutridos, aquella sequía provocó gran mortandad, migraciones y además algunas familias tuvieron que vender a sus hijos a otros pueblos menos afectados por la crisis ambiental, como los totonacos de la costa del Golfo.

La situación debió de ser realmente dramática y se debieron practicar sacrificios de niños aún más tremendos, explica López Lujan, como el que se descubrió en 1980 en la la llamada Ofrenda 48 del Templo Mayor de Tenochtitlan, un hallazgo macabro en el que se encontraron los restos de unos 42 niños sacrificados junto a distintas ofrendas al dios de la lluvia Tláloc. Y el caso es que aquel año infausto en el calendario mexica fue precisamente uno conejo, ce tochtli, el año según Chimalpahin que «se dice y se llama necetochhuíloc», es decir, cuando todo el mundo «se uno-aconejó».

Los sacrificios de niños, que durante el ritual desempeñaban el papel de tlaloques, los ayudantes de tlaloc, se siguieron practicando los años siguientes a la crisis a pesar de que ya fueron de bonanza. De hecho, según López Luján, se debían de realizar al menos durante las veintenas de atlcahualo, tlacaxipehualiztli, tozoztontli, huei tozoztli, atemoztli e izcalli. Y además del remolino de Pantitlan se practicaban en islotes y cerros cercanos a Tenochtitlan:

«Entre los escenarios rituales por excelencia de la Cuenca de México se enumeran islotes (Tepetzinco, Tepepulco), cerros (Cuauhtépetl, Yoaltécatl, Poyauhtla, Cócotl, el Tetzacualco del Monte Tláloc) y cuerpos de agua (el Lago de Texcoco). Más tarde, los cadáveres seguían destinos diversos: eran arrojados al interior de cavernas o cañadas, lanzados al remolino de Pantitlan, sepultados en cajas de piedra o simplemente cocidos e ingeridos por los participantes de la ceremonia».

En síntesis, en 1454 el año 1 conejo pasó a la historia de los tenochcas como un año horrible y asociado a los sacrificios de niños para aplacar a Tlaloc en Pantitlan y esto podría explicar el difunto que se muestra en la Tira de la peregrinación, un reflejo del ritual que se institucionalizó por entonces y que en cierta manera, al situarse en el transcurso de la migración legendaria, contribuía a legitimar los intereses de quien formulaba aquel discurso oficial: esto es así porque así lo quieren los dioses, porque así lo hicimos en el pasado... Y así la élite que gobernaba Tenochtitlan, incluidos los altos sacerdotes, se aseguraban a costa de los más desfavorecidos una despensa de carne aunque cuando todo fuera mal y les fallara la cosecha humana de los cautivos obtenidos en guerra.

Bueno, de momento vamos a dejarlo aquí.

Posible lectura de la lámina

Los mexicas siguieron su viaje y pasaron por Atlitlalacyan, Tlemaco, Atotonilco, Apazco, Tzompanco, Xaltocan, Acalhuacan, Ehecatépec, Túlpetlac, Cohuatitlan -donde obtuvieron el pulque de los chalcas, Huixachtitlan, y Tecpayocan. Aquí hubo una batalla en la que murieron los señores Tecpatzin, Huitzilihuitzin y Tetepantzin. Luego siguieron hasta Pantitlan, donde sucedió algo que provocó muerte, y Amalinalpan.

ver otras entradas de esta serie

Notas y referencias

1. Este tipo de objetos hechos de barro cocido se utilizaban con fines religiosos, como la consagración de un edificio, y en ocasiones como ofrendas. Se han encontrado sahumadores tecnochas con el magno con forma de serpiente y en algún códice también hay ejemplos de este tipo de tlemaitl.

A la izquierda, un tlemaitl con forma de serpiente en un detalle del Códice Borbónico; a la derecha, Tlemaco en el Códice Aubin.
Un tlemaitl expuesto en el Museo del Templo Mayor. © Travis.

2. Es probable que Atotonilco estuviera muy próximo al actual municipio de Atotonilco de Tula. Miguel Guevara Chumacero ha estudiado la zona en profundidad y a apenas unos 8 km de este municipio, en el yacimiento arqueológico de El Pedregal, han localizado lo que seguramente era una de las cabeceras de Tollan, centros urbanos desde los que controlaban los recursos de un territorio. Y en el registro arqueológico han identificado señales muy claras de un abandono masivo del sitio hacia 1200, al mismo tiempo que caía Tollan. Hay huellas también de algún edificio destruido intencionalmente, un altar, lo que quizás esté relacionado con las destrucciones simbólicas que también hay en Tollan y que supusieron una manera de desacralizar la capital tolteca para volverla a consagrar para los dioses mexicas. De hecho, al igual que sucede en Tollan, a partir de 1350 se vuelve a ocupar el sitio, que experimentó por entonces un gran crecimiento demográfico.

Resulta muy tentador asociar estos datos con este pasaje de la Tira de la peregrinación. ¿Era El Pedregal el Atotonilco del códice? y, en ese caso, ¿refleja el paso de los mexicas la invasión que provocó su abandono o fue incluido en el códice porque tiempo después fue conquistado por Moctezuma Ilhuicamina, tal y como se indica en la Matrícula de Tributos?

Ver por ejemplo, Miguel Guevara Chumacero y Patricia Castillo Peña. La caída de los centros provinciales toltecas. El caso de Atotonilco de Tula, Hidalgo. En Estudios de Antropología e Historia, págs. 101-122, UAEH, 2010. Consultar.

Atotonilco en la Matrícula de Tributos (izquierda) y en el Códice Aubin (derecha). Curiosamente, aquí se representa sin la olla al fuego.

3. Por otro lado, habría que investigar más sobre por qué les dieron precisamente el pulque. Esto podría estar relacionado con la presencia de este licor en el ciclo cósmico. Ver:

Guilhem Olivier. Los dioses ebrios del México antiguo. De la transgresión a la inmortalidad. En Arqueología Mexicana, 114, págs. 26-33.

4. Ipan naühxiulitique in oncan Tecpayocan oncan impan moclimh m yaoyahualoloque oncan micque initoca Tecpatzin, ihuan Huitzilihuitzin. no yehuatl in Tetepantzin, oncan impan molpi in xiliuitl icpac huetztlequaliiutl in lecpayo.

5. Dos referencias de Chrystian Reyes:

Versión larga: Chrystian Reyes. De banderas, remolinos y desagües. Una breve historia sobre el Sumidero de Pantitlán (1521 d.C-1800). Tesis de licenciatura. Consultar.

Versión breve: Chrystian Reyes. De remolinos, banderas y esmeraldas. Cultos al agua en el sumidero de Pantitlán. En Diacronía, 13, págs. 51 - 69, 2020. Consultar.

Además, sobre el sacrificio de niños, consultar:

Johanna Broda. La fiesta de Atlcahualo y el paisaje ritual de la cuenca de México. En Trace 75, págs. 9 - 45, 2019. Consultar.

6. Leonardo López Luján. Cuando la gente “se uno-aconejó”: la gran sequía de 1454 en la Cuenca de México”, en Arqueología Mexicana, 149, págs. 36-45, 2018. Consultar.

Comentarios

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  1. Daniel Tubau dice:

    Tan interesante como siempre. Lo cuentas realmente bien. Continuará, ¿no?

  2. marcos dice:

    ¡Gracias!

    Sí, sí, queda uno : )