Tannhäuser Cabaret

El códice Boturini (I)

Análisis de la primera lámina del códice Boturini

El códice Boturini (I)

En mayo de 2010 me propuse analizar lámina a lámina el códice Boturini, uno de los códices mexicas que más me gustan, sin embargo, por una razón u otra, no conseguí sacar tiempo para ir más allá de la primera lámina de las veintiuna que tiene. Aún así, creo que el post es interesante para ver como «escribían» en la antigua Mesoamérica, por lo que lo recupero en este blog donde espero recopilar algún día todo lo que tengo por ahí desperdigado.

Introducción

A diferencia de los mayas, los mexicas o aztecas no desarrollaron un sistema de escritura propiamente dicho. A pesar de la complejidad de su modelo económico, donde el control de los tributos resultaba fundamental, y de su sofisticado modelo religioso, les bastaba con una escritura pictográfica, en la que se combinaban dibujos con algunos signos jeroglíficos.

Los códices donde dibujaban esta peculiar escritura solían realizarse en

En este fragmento del Códice Mendoza vemos a un tlacuilo realizando un dibujo con tinta negra y roja. El uso de estos dos colores, habituales en los códices, era un signo de su profesión
En este fragmento del Códice Mendoza vemos a un tlacuilo realizando un dibujo con tinta negra y roja. El uso de estos dos colores, habituales en los códices, era un signo de su profesión

papel de amate y piel de venado. De esta labor se encargaban unos trabajadores especializados que se llamaban tlacuiloque. Los códices se doblaban a modo de biombos y se protegían con cubiertas de madera.

Durante las primeras décadas de la conquista, muchos códices fueron destruidos por el temor que despertaban en algunos religiosos estos «libros pintados», las biblias paganas de los indios, pero por fortuna más adelante comenzaron a cuidarse con celo por parte de la administración colonial, ya que les resultaban de gran ayuda para resolver problemas legales, sobre todo los relacionados con la propiedad de la tierra, y para comprender la cultura que pretendían dominar.

Se han conservado unos 550 códices, de los que menos de 20 data de época prehispánica. Por áreas culturales, son:

  • Mayas: Códice de Dresde, Códice de París o Peresiano, Códice de Madrid o Tro-cortesiano.
  • Mixtecos: Códice Becker I, Códice Bodley, Códice Colombino, Códice Nuttall, Códice Vindobonensis, Manuscrito Aubin nº 20, Códice Waldeck, Códice Selden.
  • Del centro de México: Códice Borgia, Códice Cospi o de Bolonia, Códice Fejervary-Mayer, Códice Laud, Vaticano B, Códice Borbónico, Tonalamatl de Aubin, Matrícula de Tributos.

El códice Boturini, también denominado Tira de la peregrinación, fue realizado a mediados del siglo XVI, probablemente como copia de un códice prehispánico, y aborda la migración mítica de los mexicas desde el norte al centro de México. Hacia el siglo XII, un vacío de poder en el área central de México permitió que diversas tribus del norte, llamadas genéricamente chichimecas, marcharan desde sus desérticas e inhóspitas tierras hasta el sur, mucho más fértil. Entre estas tribus se encontraban los mexicas, quienes después de diversas penalidades consiguieron levantar el gran imperio que se encontraría Cortés. El códice forma una larga tira que se divide en 21 láminas.

1. Lámina 1

Fol. 1. Códice Boturini (Pulsa la imagen para verla ampliada).
Fol. 1. Códice Boturini (Pulsa la imagen para verla ampliada).

1.1. Una pareja misteriosa

A la izquierda vemos una pequeña isla en la que se encuentran un hombre y una mujer. Los expertos sostienen que es casi seguro que la isla represente la mítica Aztlan, lugar de garzas, o lugar de las aguas blancas, que aparece mencionada en muchas crónicas como el lugar desde donde salieron los mexicas. Curiosamente, no suele identificarse este sitio mediante ningún glifo específico.

Detalle del folio 4v del Codex Mendoza. Para indicar que un glifo se corresponde con el nombre de una persona, dibujaban una línea ligando ambos elementos. Así, por ejemplo, en este fragmento se señala que ese señor se llama Chimalpopoca (Escudo que humea), combinando los glifos de "chimalli", escudo y "popoca", humear, que son esas volutas pardas encima del escudo redondo.
Detalle del folio 4v del Codex Mendoza. Para indicar que un glifo se corresponde con el nombre de una persona, dibujaban una línea ligando ambos elementos. Así, por ejemplo, en este fragmento se señala que ese señor se llama Chimalpopoca (Escudo que humea), combinando los glifos de "chimalli", escudo y "popoca", humear, que son esas volutas pardas encima del escudo redondo.

En el centro de la isla, debajo, hay una pareja. Encima de la mujer se encuentra un signo que representa un escudo (chimalli). Como está unido a la mujer por una línea, podemos suponer que se trata de su nombre, Chimalma. Según una tradición, la madre de Quetzalcoatl, el dios más importante de las culturas mesoamericanas, se llamaba Chimalma, así que quizás podría referirse a ella.

Quetzalcoatl, la Serpiente Emplumada, es uno de los dioses más antiguos y extendidos de Mesoamérica. José Luis de Rojas y Juan José Batalla Rosado lo resumen de la siguiente manera:

«El Tezcatlipoca Blanco o Quetzalcoatl es una de las figuras más complejas de Mesoamérica. Parte de nuestra confusión es que aparece como uno de los dioses principales, con muchos aspectos y una participación decisiva en los grandes momentos de la humanidad, pero también es el nombre de los señores toltecas, al que se atribuye la oposición a los sacrificios humanos y que figura como gran héroe civilizador. Su representación como Serpiente Emplumada, que es uno de los significados de su nombre, aparece desde muy antiguo y es muy notoria en lugares como Teotihuacan y Xochicalco en el centro de México y Chichén Itzá en la península de Yucatán. Como Quetzalcoatl suele ser representado con barba y pintado de negro, como los sacerdotes de su culto, al tiempo que lleva en la mano un sahumador con forma de serpiente y una bolsa de copal. También es muy característico su gorro cónico y el pectoral en forma de caracol cortado. Como Ehecatl, el dios del Viento, lleva una máscara característica que llamamos de pico de pato» (1).

Quetzalcoatl. Detalle del folio 22 del Códice Borbónico.
Quetzalcoatl. Detalle del folio 22 del Códice Borbónico.

El hombre, en cambio, no aparece nombrado, pues no hay línea alguna que lo ligue con el dibujo del templo de arriba. Esto resulta muy extraño. Es de suponer que esta pareja son dos personas muy importantes, algún tipo de ancestro mítico, por lo que no se explica que no se diga quién es el chico. De hecho, sin la parte del templo, el símbolo que está en su cabeza lo volveremos a encontrar más adelante identificando claramente a un personaje que detenta una posición muy importante (será el encargado de oficiar un ritual de sacrificios y de expulsar a una parte del grupo).

María Castañeda de la Paz sostiene que:

«El elemento que predomina en la escena es el de un templo que se alza entre ellos. Éste ha sido interpretado en alguna ocasión como un séptimo calpulli o bien como el glifo de Aztlán, pero la icnografía no engaña y lo que el pintor dibujó es claramente un templo, no una casa. Un templo en forma de tablero-talud con unas escalinatas, en cuya parte superior vemos una flecha o caña con agua. Siguiendo a Barlow, el conjunto de estos elementos nos proporcionaría el nombre de Amímitl [flecha de agua]. Estaríamos por tanto ante el templo de esta deidad, relacionada con la pareja que está sedente a sus pies.

»La figura sedente es Chimalma, a quien reconocemos por su glifo de un escudo (chimalli). Él no tiene glifo, pero el hecho de ella esté sentada detrás de él es una indicación de que son pareja y, por lo tanto, una pista para identificarlo.

»De acuerdo con Johansson, el personaje masculino debe tratarse de Mixcóatl, dios de la caza y de la guerra, quien según la Leyenda de los Soles y la Historia de los mexicanos por sus pinturas estaba casado con Chimalma y eran padres de Quetzalcóatl. Pero además, el hecho de que a él se le dibuje a los pies del templo es una indicación de que no se trata de la deidad misma sino del sacerdote de este templo […]

»Sea como fuere, cabe entonces formularse qué hace Mixcóatl y un templo del dios Amímitl en la isla. La clave para descifrar esta pregunta se encuentra en la Historia de los mexicanos por sus pinturas,documento que nos ilumina al decir que Amímitl era la vara del dios Mixcóatl y que a ésta llevaban por dios los de Cuitláhuac […] Esto significa que lo que la Tira de la peregrinación representa es al dios Mixcóatl venerado aquí a través de su vara. (2).

Bueno, no sé si el hombre es efectivamente Mixcóatl, ni si el templo está dedicado a Amímitl. Analicemos el dibujo con más detalle. La parte inferior, como señala Castañeda representa un templo, esto está fuera de toda duda. El glifo superior está formado por dos signos.

05_b_l1_ataltl

El de la derecha, esa especie de estaca con borlas, los expertos suelen señalar que equivale a agua, atl, pero me entra una duda. Como el códice está inconcluso, sin colorear, no sé por qué están tan seguros de que se trata de agua en vez de sangre. Estos dos pictogramas son muy parecidos y prácticamente sólo se diferencian por el color: azul para el agua, rojo para la sangre.

En estos detalles del Códice Borbónico (fol. 14, el de la izquierda; fol. 15, a la derecha) se aprecia bien la diferencia entre la sangre y el agua.
En estos detalles del Códice Borbónico (fol. 14, el de la izquierda; fol. 15, a la derecha) se aprecia bien la diferencia entre la sangre y el agua.

Otro detalle en el que se diferencian estos dos glifos es en la forma en que terminan los caracolillos. Como explica Juan José Batalla:

«Agua y sangre se representaban mediante un líquido de color azul y rojo, respectivamente, que se dibujaba acotado por una línea negra. En su fluir ambas formaban generalmente “regueros” finalizados en caracolillos circulares y puntiagudos en el primer caso y en círculos de color verde en el segundo, como indicativos del chalchiuitl, piedra preciosa. De esta forma, la sangre-eztli recibía también el nombre dechalchihuatl, “agua o líquido precioso” como resultado de la unión de las palabras chalchiuitl, “piedra preciosa” y atl, “agua” (Reyes-Valerio 1989: 72-73)» (3).

El caso es que no sé si los caracolillos de nuestro glifo se corresponden a los habituales de la sangre o a los del agua. El que se encuentra en la parte superior parece claro que es del tipo redondeado, pero los otros dos, aunque son redondos, como los de la sangre, tienen un dibujo distinto en el interior. En vez del círculo concéntrico son una raya, más similar a los caracolillos del agua.

Amimitl. Primeros Memoriales de Sahagún.
Amimitl. Primeros Memoriales de Sahagún.

El glifo de la izquierda se corresponde a una lanzadora de dardos, un tipo de arma mesoamericana equivalente a un arco que los mexicas denominaban atlatl. Por lo que explica María Castañeda, Barlow llega a la conclusión de que se trata de Amímitlporque traduce el signo de la izquierda como mitl, es decir, flecha.

«Barlow, "El Códice Azcatitlan", en Journal de la Societé des Americanistes, p. 104. El nombre lo traduce como agua (atl) y flecha (mitl), o sea “Flecha de agua”. Tenemos aquí la duplicación del radical flecha (mi), lo cual sucede con ciertos nombres […] Empero este nombre también podría ser como "Caña de agua" pues la palabra mitl da lugar a esta traducción. Es lo que sucede con la palabra chimantli que se traduce como "seto o cerca de cañas"».

No tengo ni la más remota idea de lengua nahua (la que hablaban los mexicas), así que quizá sea así, pero lo que no entiendo es por qué prefiere traducirlo como flecha en vez de cómo atlatl. Además, al parecer, por lo que señala Guilhem Oliver (4), existían varias formas de nombrar a las flechas en función de su uso:

«De alguna manera, la variedad del vocabulario relativo a las flechas vuelve a quedar manifiesta en las diferentes lecturas posibles del glifo “flecha” en los códices. En un estudio minucioso, Marc Thouvenot (1999:161) encontró para lo que llama "el elemento mitl", nada menos que trece valores fónicos: "aca-, cacal-, chichimeca, cotz-, itz, mamalhuaz, mi-, mic, min, mitl, tlacoch, zo"».

Por último, señalar que en una de las escasas representaciones del dios Amimitl que hay en los códices, la que aparece en los Primeros Memoriales de Sahagún, aunque el dios empuña una flecha, no está acompañado de ningún signo de agua.

Ahora bien, la traducción de caña de agua —Ácatl—, me parece, en mi ignorancia, más sugerente, dado que uno de los nombres que recibía Quetzalcoatl era precisamente Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, lo cual resulta más coherente con la presencia de su madre Chimalma.

1.2. ¿Quetzalcoatl? ¿Amimitl?

Entonces, ¿quién es este hombre y a qué dios está dedicado el templo? No está claro. Quizá, como señala Castañeda, el personaje se trata del dios Mixcoatl, esposo de Chimalma (según algunas versiones), y el templo es del dios Amímitl. Sin embargo, el mayor problema que veo a esta hipótesis es que el hecho de que la chica aparezca detrás del hombre no implica necesariamente una relación matrimonial. Quizá sólo sea fruto de la necesidad compositiva. Es decir, en algún lado tenía que pintarla el tlacuilo y ¿por qué iba a pintarla debajo o encima del templo? Además, en algunas versiones del mito, el nombre del padre de Quetzalcóatl es otro o ni siquiera aparece por su escasa relevancia. Por ejemplo, en los Anales de Cuauhtitlan se dice:

«Año 1-Caña [Ce acatl]. En él según se dice, se refiere,
nació Quetzalcóatl,
el que fue llamado nuestro príncipe,
el sacerdote 1-Caña [Ce acatl] Quetzalcóatl.
Y se dice que su madre fue
la llamada Chimalman.
Y así se refiere,
cómo se colocó Quetzalcóatl
en el seno de su madre:
ésta se tragó una piedra preciosa […]
En el año 9-Caña buscó
a su padre Quetzalcóatl,
cuando ya tenía un poco de discernimiento,
tenía ya nueve años.
Dijo: ¿cómo era mi padre?,
¿acaso puedo verlo?,
¿acaso puedo mirar su rostro?
En seguida le fue dicho:
En verdad se murió,
allá fue enterrado,
¡ven a verlo!
Luego fue allá Quetzalcóatl,
en seguida escarbó y escarbó,
buscó sus huesos.

»Y cuando hubo sacado sus huesos,
allá los fue a enterrar
en el interior de su templo,
en el que se nombra de la diosa Quillazti […]».

Otra opción es que el templo, y por lo tanto el hombre que está a sus pies, estuvieran relacionados con Quetzalcóatl si traducimos el glifo como Acatl, caña de agua. A mí casi me convence más esta posibilidad, dado que Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl aparece en otros contextos relacionados con las migraciones.

Una de las leyendas sobre Quetzalcoatl lo hacía gobernante de una ciudad llamada Tula, la cual representaba para los aztecas la ciudad civilizada por excelencia, un edén perdido de abundancia y esplendor. Así, por ejemplo, en el códice Matritense (fols. 132-134v) leemos:

«Quetzalcóatl reinaba en Tula… Todo era abundancia y dicha, no se vendían por precio los víveres, todo cuanto es nuestro sustento. Es fama que eran tan grandes y gruesas las calabazas y tenían tan ancho su contorno que apenas podían ceñirlo los brazos de un hombre abiertos. Eran tan gruesas y largas las mazorcas de maíz, cual la mano del metate. Por todas partes rodaban, caídas cual cosa inútil. Y las matas de los bledos, semejantes a las palmas, a las cuales se podía subir, bien se podía trepar por ellas.

»También se producía el algodón de mil colores teñido: rojo, amarillo, rosado, morado, verde, verdeazulado, azul marino, verde claro, amarillo rojizo, moreno y matizado de diferentes colores y de color león. Todos estos colores los tenía por su naturaleza, así nacían de la tierra, nadie tenía que pintarlos. También se criaban allí aves de rico plumaje: color de turquesa, de verde reluciente, de amarillo, de pecho color de llama. Y aves preciosas de todo linaje, las que cantan bellamente, las que en las montañas trinan.

»También las piedras preciosas y el oro era visto como si no tuviera precio: tanto era el que todos tenían. También se daba el cacao, el cacao más rico y fino, y por todas partes se alzaban las plantas del cacao. Todos los moradores de Tula eran ricos y felices, nunca sentían pobreza o pena, nada en sus casas faltaba, nunca había hambre entre ellos, y las mazorcas mal dadas sólo servían para calentar el baño».

Un día llegaron tres magos, entre los que se encontraba Tecatlipoca (el dios Espejo humeante), los cuales odiaban a Quetzalcoatl, probablemente por su negativa a realizar sacrificios humanos. Con cierta ingenuidad, Quetzalcoatl cae en las diversas trampas que le tienden estos magos, como una vez que consiguen emborracharle para que se acueste con su hermana Quetzalpeatl, y un día, cansado, decide marcharse.

«Fijó la vista en la Montaña Matizada y allá se encaminó. Por todas partes iba haciendo prodigios y dejando señales maravillosas a su paso. Al llegar a la playa, hizo un armazón de serpientes y una vez formada, se sentó sobre ella y se sirvió de ella como de un barco. Se fue alejando, se deslizó en las aguas y nadie sabe cómo llegó al lugar del Color Rojo, al lugar del Color negro, a Tlilan Tlapalan, el país de la Sabiduría».

Los mitos también decían que algún día habría de regresar este rey-dios legendario, Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, esencia de la abundancia y el conocimiento, y no parece descabellado pensar que los mexicas quisieran emparentarse con él. En fin… algo que resolver, pues quizá no sea ni uno ni otro, pero ahora sigamos analizando esta parte de la lámina.

1.3. En marcha

En torno al signo del templo vemos 6 pequeños signos de casas, que denotan «pueblo», «tribu», «lugar», y que se puede leer como calli, «casa». Por multitud de fuentes, sabemos que los mexicas se dividían en varias subtribus o clanes denominados calpulli. En esta primera lámina solo aparecen seis, quizá por descuido o por mera composición pictórica, pero normalmente se mencionan 7 linajes míticos. De hecho, en la siguiente lámina veremos ocho.

Al lado de esta isla está representado un hombre, pintado de negro, a bordo de una barca. El pelo anudado y el color negro indican que se trata de un sacerdote. Lo que no sé es si el negro estaba reservado a los sacerdotes de Quetzalcóatl.

A su lado, ya en la orilla, están representadas unas pisadas. Este signo es muy frecuente y equivale a «marcha», «camino», «viaje». Encima de las pisadas se indica en qué año comenzó este viaje. Hagamos una pausa para ver en esto con cierto detalle, que es muy interesante.

En Mesoamérica, el cómputo del tiempo constituyó uno de los ejes principales de la cultura y la religión. Los mexicas integraron la medición del tiempo en su sistema de creencias religiosas, aunque sin llegar al extremo obsesivo de los mayas. Su principal calendario religioso era el tonalpohualli, «la cuenta de los destinos». Constaba de 260 días resultantes de combinar 13 números con veinte nombres de día. Solo los sacerdotes tonalpouhque, «los lectores del destino», sabían cómo interpretar los augurios de cada día y qué rituales se debían seguir para contrarrestar las influencias nefastas. Al igual que sucedía con los mayas, este calendario se complementaba con uno solar, de 365 días, el xiuhpohualli, para computar un ciclo de 52 años, el siglo azteca.

Este ciclo de 52 años se obtenía de la combinación de 13 numerales con una serie de cuatro signos: pedernal (tecpatl), casa (calli), conejo (tochtli) y caña (acatl). Así, por ejemplo, el primer año de este gran ciclo era el 1 pedernal y luego seguían el 2 casa, 3 conejo, 4 caña, 5 pedernal, etcétera. Al cabo de 52 años, el ciclo concluía y volvía a empezar con el año 1 pedernal.

Los numerales se indican mediante círculos con un punto dentro y son: 1 - ce, 2 -ome, 3 - yei, 4 - naui, 5 -  macuilli, 6 - chicuace, 7 - chicome, 8 - chicuey, 9 -chicunaui, 10 - matlactli, 11 - matlactlionce, 12 - matlactliomome, 13 – matlactliomey.

Los numerales se indican mediante círculos con un punto dentro y son: 1 - ce, 2 - ome, 3 - yei, 4 - naui, 5 -  macuilli, 6 - chicuace, 7 - chicome, 8 - chicuey, 9 - chicunaui, 10 - matlactli, 11 - matlactlionce, 12 - matlactliomome, 13 – matlactliomey
Los numerales se indican mediante círculos con un punto dentro y son: 1 - ce, 2 - ome, 3 - yei, 4 - naui, 5 - macuilli, 6 - chicuace, 7 - chicome, 8 - chicuey, 9 - chicunaui, 10 - matlactli, 11 - matlactlionce, 12 - matlactliomome, 13 – matlactliomey

Por lo tanto, la migración empezó en el año ce tecpatl, uno pedernal.

1.4. El cerro torcido

Las huellas se dirigen al interior de un lugar que sabemos llamaban Teoculhuacan (de teo – divino y Culhuacan, lugar del cerro torcido) y que también recibe en diversos códices y crónicas y el nombre de Chicomoztoc, el lugar de las siete cuevas (dechicome – siete; oztotl – cueva), que probablemente se encontraría hacia el norte. Desde allí habrían partido hacia el sur en una larga diáspora que iba a culminar con su asentamiento en Tenochtitlan. Aunque algunos autores han tratado de localizar Teoculhuacan / Chicomoztoc (5), aún no se han encontrado evidencias arqueológicas suficientes para determinar ni su ubicación ni su existencia real.

Tal vez, vivieran de verdad en cuevas. De hecho, aquellos pueblos debían de llevar una existencia bastante sencilla, por lo menos en cuanto a desarrollo tecnológico. Mientras que en el sur y el centro de Mesoamérica habían florecido sofisticadas culturas urbanas, en el desértico e inhóspito norte predominaban pueblos nómadas que basaban la existencia en la caza y la recolección. Sin embargo, puede que esta referencia a 7 cuevas en concreto fuera de carácter simbólico. Así, por ejemplo, en el Origen de los mexicanos, una crónica que escribió en el año 1578 el sacerdote jesuita Juan Tovar a partir de fuentes indígenas, nos describen cómo veían los aztecas a sus remotos antepasados de Chicomoztoc:

«… los cuales hallaron los nahualtaca [los aztecas] viniendo de otra tierra hacia el norte, donde ahora se ha descubierto un reino que llaman el Nuevo México. En esta tierra están dos provincias: la una llamadaAztlan, que quiere decir "Lugar de garzas", y la otra se diceTeuculhuacan, que quiere decir "tierra de los que tienen abuelos divinos", en cuyo distrito están 7 cuevas de donde salieron 7 caudillos de los nahualtaca que poblaron esta Nueva España, según tienen por antigua tradición y pinturas.

»Y es de advertir que aunque dicen que salieron de siete cuevas no es porque habitaban en ellas, pues tenían sus casas y sementeras con mucho orden y policía de república, sus dioses, ritos y ceremonias por ser gente de muy política como se echa bien de ver en el modo y traza de los de Nuevo México de donde vinieron, que son muy conformes en todo. Usase en aquellas provincias de tener cada linaje en su sitio y lugar conocido: el que señalaban en una cueva diciendo la cueva de tal o cual linaje, o descendencia como en España se dice: la casa de los Velasco, de los Mendoza, etcétera» (6).

Este texto es muy interesante aunque como todas las fuentes antiguas conviene manejarlo con cautela. Antes que nada, hay que tener en cuenta que cada pueblo reescribe la historia a su propia conveniencia. El hecho de que las fuentes oficiales aztecas del siglo XVI dijeran que –al contrario que otros pueblos chichimecas– ellos vivían en asentamientos permanentes y con un elevado desarrollo cultural y social puede ser más un ejercicio propagandístico que amor por la verdad histórica. Sobre todo cuando un pueblo más atrasado se hace con el poder, la necesidad de legitimarse suele provocar este tipo de manipulaciones.

Sin embargo, sí que llama la atención el hecho de que diferencie claramente dos "distritos" (Aztlan y Teuculhuacan) al igual que ocurre en esta primera lámina del Códice Boturini. Tal vez, y no es más que otra especulación más, sí que tuvieran dos espacios diferenciados: uno donde vivían, de carácter civil; y otro reservado al culto y la religión, el cual podía estar situado en una montaña sagrada. Si esto fuera cierto, es probable que las siete cuevas fueran lugares de culto relacionados con los siete linajes míticos en que se dividían los mexicas. Las cuevas son espacios muy sugerentes, misteriosos, que en muchas culturas se asocian con los dioses (véanse, por ejemplo, todas las vírgenes cristianas que se adoran en cuevas). Son un punto de encuentro entre la superficie terrestre, donde viven los humanos, y el inframundo subterráneo, morada de todo tipo de criaturas extraordinarias, entre las que destacan las figuras relacionadas con la maternidad y la fertilidad.

Chicomoztoc, el mítico lugar de origen de los mexicas representado en La Historia Tolteca-Chichimeca. En este caso, se distinguen con claridad las 7 cuevas y como cada una está relacionada con un linaje (identificable por el signo que se encuentra al lado de las pequeñas cabezas).
Chicomoztoc, el mítico lugar de origen de los mexicas representado en La Historia Tolteca-Chichimeca. En este caso, se distinguen con claridad las 7 cuevas y como cada una está relacionada con un linaje (identificable por el signo que se encuentra al lado de las pequeñas cabezas).

1.5. El dios colibrí

En el interior de Teoculhuacan se encuentra un templo de madera y cañas, que alberga al dios principal de los mexicas, Huitzilopochtli (el colibrí zurdo o el colibrí el sur), al que podemos distinguir por la cabeza de colibrí. Las volutas que salen de su cabeza son el signo que utilizaban para representar las palabras.

Huitzilopochtli era el dios de la guerra y era la principal deidad de los mexicas, por lo menos de las clases gobernantes y los estamentos militares. En el Códice Florentino se encuentra recogida la leyenda de su azaroso nacimiento. Mientras su madre, Coatlicue, estaba barriendo se encontró con una pelota de plumas, se la puso en su seno y se quedó embarazada, lo cual no le sentó nada bien a su hija Coyolxauqui, la diosa de la Luna, que intentó convencer al resto de los hermanos para que matasen a la pobre madre. Dentro de su vientre, Huitzilopochtli la tranquilizaba asegurándola que la defendería y, efectivamente, cuando Coyolxauqui se acercó con sus 400 hermanos para matarla, Huitzilopochtli nació totalmente preparado para la batalla: llevaba una vara y un lanzadardos azul, una pluma pegada en la cabeza y una culebra hecha de teas.

Tras vencer a los Centzon Huitznahua o "400 guerreros del sur " (que representan a las estrellas), Huitzilopochtli se convirtió en el quinto Sol, al que se debía alimentar constantemente con sangre humana para que no se extinguiera.  Aunque no deja de ser una interpretación, resulta muy tentador asociar el mito del nacimiento de Huitzilopochtli con el origen y la evolución de los mexicas. Como veremos, en su periplo debieron enfrentarse a un sinfín de pueblos hasta que encontraron un lugar donde asentarse, Tenochtitlan. Tras un período de sometimiento y vasallaje, consiguieron hacerse fuertes y pasaron a dominar a sus vecinos. ¿No nos recuerda a Huitzilopochtli? Al igual que el dios colibrí, los mexicas debieron aguantar los embates de sus hermanos, que estuvieron a punto de aniquilarlos, hasta que "nacieron" como una poderosa nación.

Huitzilipochtli
Huitzilipochtli

Notas

1. Pág. 32. La religión azteca. Trotta. Madrid, 2008.

2. María Castañeda de la Paz. La Tira de la peregrinación y la ascendencia chichimeca de los tenochca. Estudios de cultura Náhuatl, nº 38. 2007.

3. Juan José Batalla Rosado. Datación del Códice Borbónico a partir del análisis iconográfico de la representación de la sangre. Revista Española de Antropología Americana, 24. 47-74, Edit. Complutense, Madrid, 1994.

4. Pág. 316. De flechas, dardos y saetas. Mixcóatl y el simbolismo de las flechas en las fuentes nahuas. En De historiografía lingüística e historia de las lenguas. Siglo XXI. México DF, 2004.

5. Por ejemplo, Gerald A. Eberwein lo sitúa en un cerro llamado Chiconauhtla (por el valle de Teotihuacan), a partir del análisis del Mapa de Cuauhtinchan II, un códice topográfico del siglo XVI. (Muy interesante su web: http://www.mc2-map.org). (Otros lo ubican en la actual Culhuacán).

6. Origen de los mexicanos. Libro I (pág. 36). Edición de Germán Vázquez Chamorro. Historia 16 (Madrid, 1987).

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