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El códice Boturini: 2. Los pueblos legendarios

Análisis de la segunda lámina del códice Boturini

El códice Boturini: 2. Los pueblos legendarios

Retomo un estudio que comencé hace tiempo sobre el códice Boturini o Tira de la Peregrinación, un códice que narra la emigración de los aztecas-mexicas desde el norte hacia el sur. En este capítulo todavía me centraré en el análisis de los dibujos para que terminemos de comprender cómo funcionaba el sistema pictográfico de escritura que utilizaban y ya en el próximo haré un excurso, espero que no sea muy tedioso, para hablar de otras fuentes que nos permitirán entender mejor este códice.

Termino este preámbulo recomendando la lectura del capítulo anterior si te perdiste el análisis de la primera lámina.

Lámina 2

En la segunda lámina vemos dos grupos de personajes. En el de la izquierda hay ocho señores ordenados de arriba a abajo y en el de la derecha tres hombres y una mujer llevando una especie de saco a la espalda. Además hay unas pisadas, que ya sabemos que denotan movimiento cruzando el centro de la lámina.

Lámina 2 de la Tira de la Peregrinación.

Los señores del habla

El primer conjunto está formado por ocho subgrupos dispuestos verticalmente. Cada uno de ellos se compone de tres dibujos ligados entre sí por una línea horizontal: el signo de la casa que ya conocemos, un pictograma y el dibujo de un hombre.

Hay pocas dudas de que estos personajes estén representando a distintos caudillos. Como explica Justyna Olko (1), la vestimenta suntuaria, la lujosa de los grandes señores, estaba muy reglamentada. Los gobernantes mexicas solían vestir entre otros adornos con una diadema turquesa (xiuhuitzolli), una manta de algodón que le cubría más abajo de las rodillas y sandalias. Además, solían representarse encima de un petate (petlatl), una especie de tapete tejido con fibras de palma de petate.

Moctezuma Xocoyotzin, también conocido como Moctezuma II, tlatoani de los mexicas entre 1502 y 1520 representado en el códice Mendoza.

Pero hay un signo aún más importante para identificar a un señor mexica y es la vírgula del habla. Los mexicas denominaban a sus gobernantes tlatoque, en singular, tlatoani, que literalmente podría traducirse como «el que habla», «el señor de la palabra» y que vendría a significar «el que manda». Hay un tema fascinante y es la relación entre el derecho a hablar y el mando -y que vemos, por ejemplo, en la asamblea que celebran los caudillos aqueos que van a tomar Troya y se van cediendo el cetro de oro que permite hablar-, pero analizarlo ahora sería desviarnos del tema, así que quedémonos soltanto con que la vírgula del habla identifica a un señor, a un gobernante. Y esta es precisamente la que aparece al lado de los ocho personajes que hay a la izquierda.

Ocho pueblos

El pictograma repetitivo que hay en el extremo de estos ocho señores representa una casa, calli en náhuatl, un pictograma que ya vimos en la entrada anterior de esta serie y que en ese caso parecía hacer referencia a los calpulli o clanes en los que estaba dividido el altepetl azteca; pero por el contexto es probable que aquí esté haciendo referencia a distintos «pueblos».

Por lo tanto, retomando la lectura de la lámina anterior, parece que este grupo está representando a ocho pueblos que se juntaron con los aztecas en Teoculhuacan en el año ce tecpatl, uno pedernal. De arriba abajo son los siguientes estos son pueblos que aparecen en la Tira acompañando a los aztecas.

Primer pueblo

En el primero vemos una red, que en náhuatl se dice matlatl, por lo que es probable que haga referencia al pueblo de los matlazincas, un gentilicio cuya traducción literal vendría de matlatl, red, y -tzin, que es una partícula reverencial, y que se podría interpretar como «los señores de las redes», quizás de la pesca.

Segundo pueblo

El pictograma del siguiente pueblo representa una piedra, tec, y los especialistas lo asocian sin dudar con los tepanecas, un gentilicio que derivaría de tec y pan, que es una partícula que significa «encima, sobre». En cambio hay cierto debate sobre qué significa en realidad esta expresión cuya traducción literal sería «el pueblo encima de las piedras», pero que quizás haga referencia a que en su origen vivían asentados en sitios amurallados y con cierta complejidad socioeconómica respecto a sus vecinos, tal y como explica Carlos Santamarina (3).

Tercer pueblo

El tercer pictograma es mucho más complicado de interpretar. Parece que se trata de un arco, en náhuatl tlahuitolli, una de las armas favoritas de los aztecas. El arco está encima de una flecha, mitl. Había distintos tipos de flechas y algunas terminaban precisamente como se muestra en este pictograma, con dientes, para que fuera más difícil extraerlas.

En general, se suele considerar que este pictograma representa a los chichimecas, un término despectivo que vendría a significar «linaje de perros» y que se utilizaba para designar genéricamente a diversos pueblos nómadas del norte de México que desde la perspectiva de los pueblos del centro eran unos bárbaros atrasados que solo sabían cazar.

En Tlachia, una web formidable de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde analizan numerosos códices, indican que este pictograma relacionado con los chichimecas se encuentra en varios códices:

«[Además del códice Xolotl] La Matrícula de huexotzinco brinda varios ejemplos de glifos similares que están anotados chichimeca. Por otra parte en la lista de los señores que se encuentra en los Primeros Memoriales algunos llevan delante de ellos un arco y una flecha en los textos que corresponden a estas imágenes se puede ver que estos personajes están calificados de chichimeca».

El pictograma que según Tlachia representa a los chichimecas en tres escenas del códice Xolotl. (Pulsa sobre la imagen para verla más grande).

La relación, por lo tanto, entre el pictograma y el gentilicio representado no se produciría por una similitud directa entre los fonemas o las palabras, sino por una asociación simbólica indirecta: los chichimecas se caracterizan por ser cazadores nómadas que usan arcos, un arma que se convierte en el símbolo que los representa.

El historiador Michael E. Smith, sin embargo, no está de acuerdo con esta interpretación, entre otras razones, porque el término chichimecas se solía usar de forma genérica para referirse a un conjunto de pueblos, no a una etnia en concreto, y defiende que se trata de los tlahuicas, lo que estaría en consonancia con las lecturas fonéticas que hemos visto hasta ahora.

En cualquier caso, también es cierto que podría ser cualquier tribu específica de los chichimecas. Por ejemplo, en el códice Florentino de Sahagún se cuenta que: «los que se nombraban chichimecas eran de tres géneros. Los unos eran otomíes, los segundos eran los que se llamaban tamime, y los terceros son los que decían teuchichimecas y por otro nombre çacachichimecas [...]. Este vocablo que dicen tami quiere decir "tirador de arco y flechas", y los de este género de tamimes son deudos y de la generación de los que se llamaban teuchichimecas [...]» (Libro XI, cap. 29).

Con esto no quiero decir ni que el pictograma esté representando a los tamimes ni que esas eran las tribus chichimecas, solo que un arco y una flecha por sí solos no son suficientes para identificar con cierta seguridad cuál era este pueblo. Por lo demás, remito al lector interesado a las notas bibliográficas (4).

Cuarto pueblo

El pictograma del cuarto pueblo se suele relacionar con los malinalcas, cuyo gentilicio se forma a partir del término náhuatl malli, que significa «hierba de carbonero» (baccharis conferta), un tipo de arbusto muy ramificado de flores blancas y amarillas que puede alcanzar hasta los dos metros de altura y que se usaba con fines medicinales en la antigua Mesoamérica.

Sin embargo, no puedo evitar que me entre una duda cuando comparo este pictograma con el que aparece en el códice Mendoza. Este códice se realizó hacia 1540 por tlacuilos mexicas, aunque luego alguien escribió unas glosas en español interpretando los dibujos. El códice se divide en tres partes: en la primera hay una lista muy extensa de todos los pueblos conquistados por los mexicas, y en la tercera, quizás añadida posteriormente, algunas escenas de la vida cotidiana.

Como aparecen una montonera de sitios anotados, el códice Mendoza es una fuente formidable para cotejar los topónimos y gentilicios de otros códices. Y el caso es que cuando se refiere a Malinalco, además de las hierbas, añade un cráneo sonriente. Igual es que el pictograma evolucionó o hay distintas variantes. Tengo pendiente aclarar esto.

Quinto pueblo

El pictograma del siguiente pueblo es muy complejo y se presta a diferentes interpretaciones. Formalmente, parece un cuadrado sobre el que hay algún tipo de fluido que es complicado de identificar al no estar coloreado.

En general, se suele pensar que representa a los cuitlahuacas, un gentilicio que deriva de la palabra cuitla, que significa «abono, estiércol, excremento». Podría ser, pero esta hipótesis presenta al menos dos problemas.

El primero es que esta interpretación no explica qué significa el cuadrado que hay debajo del fluido, que se supone que representa el excremento. Y el segundo es que no sé si la caca se representaba más bien como una especie espiral retorcida, tal y como vemos en una lámina del códice Borgia en la que aparece Mictlantecuhtli, el señor del inframundo, alimentándose de unos excrementos humanos, que así de asquerosito era este dios.

Mictlantecuhtli en el códice Borgia.

De hecho, en el códice Mendoza o Matrícula de tributos la ciudad de Cuitlahuac se representa con esta especie de virgulilla sobre una superficie acuática (que, por otra parte, podría ser el significado del cuadrado que vemos en el códice Boturini).

El investigador Patrick Johansson Keraudren, por el contrario, piensa que este pueblo no hace referencia a los Cuitlahuacas, sino a los propios aztecas, que en teoría son el pueblo protagonista de esta historia, lo que explicaría su posición central en este listado de pueblos, justo por donde pasan las pisadas (5). El pictograma entonces vendría a estar formado por la combinación del signo del agua (atl) con una piedra de mármol (tezcalli), que a su vez está cargada de significados.

El tema es muy complejo, pero tampoco creo que esté representando a los aztecas, ya que como veremos en la lámina siguiente, los miembros de este pueblo abandonan la narración. De hecho, sospecho que los aztecas no están incluidos en el listado de pueblos, sino que están representados por los teomamaque. Esta interpretación nos daría un número más acorde con las creencias religiosas de los aztecas, nueve, pues nueve eran los niveles del inframundo, de Mictlan. Y me parece razonable que los aztecas no se incluyeran en un dibujo con el resto de pueblos en el mismo nivel de importancia visual. De hecho, en algunas crónicas, como la Monarquía indiana de fray Juan de Torquemada o la Historia Mexicana desde 1221..., se habla de 8 pueblos más el noveno de los aztecas. Retomaré este tema más adelante, de momento vamos a dejarlo aquí.

Sexto pueblo

El siguiente pueblo está representado por una flor, xochi, sobre un campo cultivado, milli, que esa especie de rectángulo punteado que hay en la parte inferior, por lo que se suele interpretar como una referencia a los xochimilcas que más adelante poblaron Xochimilco, el lugar donde se cultivaban las flores o algo similar.

He visto algunos sitios donde hacen referencia a la milpa como genérico de milli; pero, desde mi ignorancia, este término parece más apropiado para referirse a los campos donde se cultivaban especies comestibles, que se podían transformar en pan, como el maíz.

El pictograma de Xochimilco se encuentra en muchos otros códices, pero a veces aparecen dos flores en lugar de una, tal y como suceden en el códice Mendoza.

El pictograma de Xochimilco en el Códice Mendoza.

Séptimo pueblo

El séptimo pictograma está formado por tres círculos concéntricos, el último separado por líneas, y por otros cuatro que se distribuyen en los extremos del primer conjunto. Por numerosas referencias, sabemos que representaba al chalchíhuitl, que en las fuentes antiguas hacía referencia al jade, aunque en ocasiones también a la esmeralda o a las piedras preciosas en general (6).

Como podemos ver, parece que en este caso no existe una relación muy clara entre el concepto y el dibujo, o al menos yo no se la encuentro, sino que debía de hacer referencia a ciertas concepciones simbólicas sobre las piedras preciosas que de momento desconozco. En cualquier caso, es seguro que esté haciendo referencia a los chalcas, cuyo gentilicio deriva de la raíz de chalchíhuitl.

Chalco representado en el Códice Mendoza.

Octavo pueblo

El pictograma del último pueblo también es extraño. Está formado por dos signos: en el superior vemos una especie de flores y en el inferior una pierna flexionada. Los especialistas suelen estar de acuerdo en que representa en este caso a los huexotzincas, un gentilicio que deriva de huexotl, el árbol del sauce, y la partícula tzintli, que literalmente sería «ano, trasero» y que en este contexto también podría significar algo así como «base, cimiento».

Hay una web fantástica llamada Amoxcalli, la casa de los libros, en la que ponen a disposición del público muchos códices muy bien anotados. Entre ellos hay uno llamado Códice en Cruz por su forma, en el cual se recogen diversos acontecimientos históricos entre los años 1401 y 1553. Y el caso es que en una de las láminas aparece también un pictograma muy parecido, solo que en este caso la pierna está al revés, con el pie apuntando hacia arriba. También en este caso lo asocian con Huexotzinco.

En la llamada Matrícula de Huexotzinco, un códice muy extenso de naturaleza administrativa que se realizó hacia 1563, en el glifo del topónimo de Huexotzinco vuelve a aparecer el sauce, pero por razones que desconozco ya no añadieron el trasero (7).

Matrícula de Huexotzinco

Los portadores del dios

En el segundo conjunto vemos a cuatro personas, tres hombres y una mujer, llevando unos sacos a la espalda. De uno de ellos asoma la cabeza del dios Huitzilopochtli que conocimos en el capítulo anterior de esta serie. Debajo de ellos se encuentra la línea de pisadas central que denota movimiento y encima cuatro pictogramas que hacen referencia a su nombre.

Por numerosas fuentes, no cabe duda de que se trata de cuatro teomamaque o «portadores de dioses» , término que se forma de unir las palabras teotl, dios, y mama, cargar en la espalda. Y los sacos que llevan a la espalda son tlaquimilolli, una palabra que, como explica Guilhem Olivier, significa «“cosa envuelta”, y se deriva del verbo quimiloa, “envolver algo en mantas”, que significa también “amortajar muerto”» (8).

Estos bultos sagrados eran muy importantes en las creencias nahuas. Se custodiaban en el templo principal de la ciudad y eran el bien religioso más importante de una comunidad. Solían estar realizados con mantas blancas de algodón, a veces teñido, de papel amate y de cuero de venado y contenían todo tipo de objetos de culto y veneración asociados con dioses y personajes legendarios, como piedras preciosas, cenizas, huesos, cabellos, puntas de pedernal, semillas de diferentes frutos y espejos, entre otros (9). En el de Huitzilopochtli había dos espinas de maguey.

Hay una historia por cierto muy interesante sobre el destino final del bulto sagrado de Huitzilopochtli. Cuando estaba a punto de caer conquistada la ciudad de Tenochtitlán en 1521, decidieron ponerlo a salvo y lo llevaron en secreto a otro lugar. Años después, el 20 de junio de 1539, por razones desconocidas, quizás por alguna intriga política, un tlacuilo de nombre cristiano Mateo denunció a un comerciante llamado Tlaylotlac, bautizado como Miguel, de herejía ante la feroz inquisición, que por entonces estaba dirigida en México por el obispo Juan de Zumárraga. Y, según se explica en el acta inquisitorial, su delito había sido precisamente haber custodiado y rendido culto diversos bultos sagrados, entre los que se encontraba el de Huitzilopochtli.

El delator era un tlacuilo, un pintor de códices, y entre sus pruebas incluyó un dibujo de los ídolos tal y como estaban en la casa de Miguel Tlaylotlac. En este documento, conocido como la Pintura de los ídolos del templo de Huitzilopochtli, se muestran cinco bultos sagrados y podemos saber a qué dioses se correspondían por unas glosas que se añadieron en alfabeto latino. De izquierda a derecha eran el de Huitzilopochtli, envuelto en lo que parece una manta morada, de Cihuacoatl, de Telpochtli de Tlatlauhqui Tezcatlipoca y de Tepehua, una divinidad, explica María Castañeda de la Paz, que podría estar relacionada con la lluvia (10).

La Pintura de los ídolos del templo de Huitzilopochtli.

El pobre Miguel, un hombre ya anciano y muy delgado, fue sometido a diversos tormentos, pero no reveló el paradero de los bultos, que aún deben seguir escondidos en algún lugar secreto, quizás una cueva. También él sobrevivió a la inquisición, aunque fue condenado a pasar el resto de su vida enclaustrado en un convento.

Volviendo a la Tira, parece, por lo tanto, que estos teomamaque, en singular teomama, son los que van a encabezar el camino de los ocho pueblos que se han puesto en marcha después de recibir las instrucciones de Huitzilopochtli en Teoculhuacan. Tratemos ahora de identificar quiénes eran.

A la mujer ya la conocemos de la primera lámina. Se trata de Chimalma, identificada por el pictograma en forma de escudo (chimalli), que podría estar relacionada con el culto a Quetzalcoatl, uno de los dioses más importante de las culturas mesoamericanas.

En el segundo vemos un pictograma compuesto por dos signos: un penacho de plumas y un cañizo de agua, atl. El penacho podría estar relacionado con un tipo de tocado de los gobernantes muy prestigioso que se llamaba quetzalapanecáyotl, tal y como apunta Carmen Aguilera (10), lo que nos dejaría un nombre parecido a Quetzalapanecatl, que es el que se intuye en las glosas en español que hay encima de la figura.

El pictograma del tercer teomama representa un águila, cuauhtli, con cuerpo de serpiente, coatl, por lo que podría llamarse Cuauhcoatl, un personaje que aparece en otras crónicas también como portador del dios.

El cuarto teomama parece el más importante y su nombre está representado por una serpiente, coatl, con el cuerpo formado por espejos, tezcatl, así que parece que se trata de Tezcacoacatl o Tezcacoatl, un nombre que aparece en otras fuentes relacionado con caudillos legendarios.

Posible lectura de la lámina

Después de escuchar a Huitzilopochtli en Teoculhuacan, se pusieron en camino nueve pueblos: los matlazincas, los tepanecas, unos que podrían ser los chichimecas o tal vez los tlahuicas o quizás otros, los malinalcas, unos que podrían ser los cuitlahuacas o quizás otros, los xochimilcas, los chalcas, los huexotzincas y los aztecas.

Estaban dirigidos por cuatro teomamaque: Chimalma (o quizás Petlachimaltzin), Quetzalapanecatl, Cuauhcoatl y Tezcacoatl, encargado de llevar el tlaquimilolli de Huitzilopochtli.

Continuará...

Detalle del códice de Sigüenza (siglo XVI) en el que vemos la salida de unos pueblos (el nombre varía) de Aztlán después de haber escuchado a Huitzilopochtli, que en este caso anómalo está representado como una paloma (12).

Notas y referencias

(Para una bibliografía pormenorizada, ver las notas de la primera entrada).

1. Justyna Olko. Traje y atributos del poder en el mundo azteca: significados y funciones contextuales. Anales del Museo de América, 2006.

3. Carlos Santamarina Novillo. Los azteca-tepaneca: en torno a sus orígenes y gentilicio. Revista española de antropología americana, 36, 63-83, 2006.

4. Sobre la hipótesis de que este pictograma represente a los tlahuicas ver:

5. Ver por ejemplo:

6. Miguel León-Portilla. El chalchíhuitl en la literatura náhuatl. Arqueología Mexicana núm. 133, 74-78.

7. Sobre la Matrícula de Huexotzinco hay disponible un artículo muy bueno online: Herrera M., María del Carmen y Marca Thouvenot. “Tributarios en la escritura indígena de la Matrícula de Huexotzinco”, en Dimensión
Antropológica, Año 22, vol. 65, septiembre-diciembre, 2015.

8. Guilhem Olivier. “Los bultos sagrados. Identidad fundadora de los pueblos mesoamericanos”, en Arqueología Mexicana 106, 53-59.

9. Paulo Correa Valdivia. Los envoltorios sagrados en los códices del centro de México. Tesis de maestría. 2013

10. Carmen Aguilera. El penacho de Motecuhzoma. Arqueología Mexicana, 64, 2020.

11. María Castañeda de la Paz. La nobleza del centro de México ante la amenaza a sus bultos sagrados. En Identidad en Palabras. Nobleza indígena Novohispana, págs. 45-74, 2015. Consultar.

12. Sobre el códice de Sigüenza, una lectura recomendada es:

María Castañeda de la Paz. La pintura de la peregrinación culhua-mexica (mapa de Sigüenza). Relaciones. Estudios de historia y sociedad, 86, 2001.

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