Tannhäuser Cabaret

La tarasca

Notas sueltas sobre la tarasca

La tarasca
La tarasca en un grabado de Madrid de 1693

ideas dispersas sobre la tarasca que escribí hace unos años esperando el momento de profundizar sobre el tema. Aún no me ha dado tiempo : )

La tarasca medieval

La tarasca, en francés, la tarasque, pronunciado taRask, es una especie de dragón monstruoso cuyos orígenes podrían remontarse a la mitología celta. Durante la Edad media, alcanza gran popularidad una leyenda sobre la tarasca y santa Marta en la región francesa de Provenza, que se recoge en La leyenda Dorada de Jacobo de Vorágine (c. 1256).

«Al dispersarse los discípulos de Cristo después de la Ascensión de su Maestro al cielo, Marta, María Magdalena, san Maximino –que las había bautizado y estaba encargado por el Espíritu Santo de velar por ellas–, Lázaro su hermano y muchas otras personas mis, por orden de los infieles embarcaron en un navío desprovisto de remos, velar, timón, de cualquier instrumento que pudiera servir para gobernarlo, y de alimentos para sustentarse; y a bordo del mismo, conducido milagrosamente por Dios, arribaron a Marsella, donde desembarcaron; poco después se trasladaron a Aix y convirtieron a la fe de Cristo a los habitantes de la región.

»Marta fue una mujer simpática y muy elocuente. En un bosque situado en las proximidades del Ródano entre Arlés y Aviñón había por aquel tiempo un dragón cuyo cuerpo más grueso que el de un buey y más largo que el de un caballo, era una mezcla de animal terrestre y de pez; sus costados estaban provistos de corazas y su boca de dientes cortantes como espadas y afilados como cuernos. Esta fiera descomunal a veces salía de la selva, se sumergía en el río, volcaba las embarcaciones y mataba a cuantos en ellas navegaban. Se tenía por cierto que el espantoso monstruo había sido engendrado por Leviatán y por una fiera llamada onaco u onagro, especie de asno salvaje propio de la región de Galacia, y que desde este país asiático había venido nadando por el mar hasta el Ródano, y llegado a través del susodicho río al lugar donde entonces se encontraba. Se decía también que este dragón, si se sentía acosado, lanzaba sus propios excrementos contra sus perseguidores en tanta abundancia que podía dejar cubierta con sus heces una superficie de una yugada; y con tanta fuerza y velocidad como la que lleva la flecha al salir del arco; y tan calientes que quemaban como el fuego y reducían a cenizas cualquier cosa que fuera alcanzada por ellos.

»Marta, atendiendo a los ruegos de las gentes de la comarca, y dispuesta a librarlas definitivamente de los riesgos que corrían, se fue en busca de la descomunal bestia; en el bosque la hallo, devorando a un hombre; se acercó la santa, la asperjó con agua bendita y le mostró una cruz. La terrible fiera, al ver la señal de la cruz y al sentir el contacto del agua bendita, se tornó de repente mansa como una oveja. Entonces Marta se arrimó a ella, la amarró por el cuello con el cíngulo de su túnica y, usando el ceñidor a modo de ramal, la sacó de entre la espesura del bosque, la condujo a un lugar despejado, y allí los hombres de la comarca la alancearon y mataron a pedradas.

»Hasta entonces la zona aquella en que el monstruo se escondía, por lo sombrío y tenebroso del paraje, se llamaba Nerluc, que quiere decir lago negro; pero a partir de la captura y muerte del dragón, al que la gente designaba con el nombre de Tarascón, en recuerdo de la desaparecida fiera comenzó a llamar Tarascón a lo que antes había llamado Nerluc (1)».

Esta leyenda denota la popularidad de la tarasca durante la Edad Media en Provenza, pero habría que analizar esto con más profundidad. Un buen indicio a seguir son los topónimos, de los que conozco dos que podrían estar relacionados con esta criatura: –Tharaux y, claro está, Tarascoun (Tarascón)–, aunque hay que tener muchísimo cuidado con esto, que por ahí cerca estaba Tarraco y la Tarraconensis, cuyas etimologías no terminan de estar claras.

Imágenes de la tarasca medieval

Otra buena pista son las representaciones iconográficas. En general, la presencia de personajes folclóricos en las iglesias es un buen síntoma de su popularidad. Unas representaciones interesantes:

a) Un dibujo de la tarasca realizado por Opicino de Canistris durante su estancia en Avignon (1320-1359):

b) Un capitel en la abadía románica de Montmajour, cerca de Arlés.

c) Un relieve en la rue des tintoriers, una calle medieval de Avignon relacionada con los gremios artesanos desde tiempos medievales. El relieve podría ser de la Edad Moderna, cuando el rey Rene organiza los Chevaliers de la tarasque, pero me interesa mucho por su ubicación en una calle de artesanos de Avignon.

Los Chevaliers de la Tarasque

A pesar de que la Iglesia había establecido una normativa sobre la procesión del Chorpus Cristi (al parecer, tengo que cotejarlo, desde el concilio de Vienne de 1311 presidido por el papa Clemente V), en cada localidad se adaptaba al folclore y gusto particular. No sé si ya por entonces la tarasque formaba parte de las procesiones de Provenza, pero lo que sí está documentado es que en el año 1474, el rey francés René d'Anjou institucionaliza su presencia con los llamados Chevaliers de la tarasque. Lo explica David D. Gilmore (2):

La tarasca y don Quijote

A medida que los autos sacramentales (3) fueron siendo cada vez más alegóricos, las tarascas se fueron incorporando a varias procesiones del Corpus francesas, italianas y españolas: unas fiestas que, a lo largo del siglo XVI, se fueron enriqueciendo con dramaturgias alegóricas que cada tenían menos de religioso y más de folclórico. Es difícil reconstruir cómo se fue expandiendo esta incorporación de la tarasca a las fiestas de Semana Santa, pero es probable que fuera gracias a las compañías itinerantes de actores que iban de pueblo en pueblo representando estas obras. Don Quijote se cruza con una de estas compañías y, como es habitual, el caballero de la triste figura sale malparado:

XI. De la extraña aventura que le sucedió al valeroso Don Quijote con el carro o carreta de las Cortes de la muerte.

«[…] Responder quería Don Quijote a Sancho Panza; pero estórbaselo una carreta que salió al través del camino cargada de los más diversos y extraños personajes y figuras que pudieran imaginarse. El que guiaba las mulas y servía de carretero era un feo demonio. Venía la carreta descubierta al cielo abierto sin toldo ni zarzo. La primera figura que se ofreció a los ojos de Don Quijote fue la de la misma muerte con rostro humano: junto a ella venía un ángel con unas grandes y pintadas alas; al un lado estaba un emperador con una corona al parecer de oro en la cabeza; a los pies de la muerte estaba el dios que llaman Cupido sin venda en los ojos, pero con su arco, carcaj y saetas; venía también un caballero armado de punta en blanco, excepto que no traía morrión ni celada, sino un sombrero lleno de plumas de diversos colores: con estas venían otras personas de diferentes trajes y rostros.

»Todo lo cual visto de improviso, en alguna manera alborotó a Don Quijote y puso miedo en el corazón de Sancho; mas luego se alegró Don Quijote creyendo que se le ofrecía alguna nueva y peligrosa aventura; y con este pensamiento y con ánimo dispuesto de acometer cualquier peligro, se puso delante de la carreta, y con voz alta y amenazadora dijo: carretero, cochero, o diablo, o lo que eres, no tardes en decirme quién eres, a do vas, y quién es la gente que llevas en tu carricoche , que más parece la barca de Caronte, que carreta de las que se usan.

»A lo cual mansamente, deteniendo el diablo la carreta, respondió: señor, nosotros somos recitantes de la compañía de Angulo el Malo [un actor célebre de la época]; hemos hecho en un lugar que está detrás de aquella loma esta mañana, que es la octava del Córpus, el auto de las Cortes de la muerte, y le debemos hacer esta tarde en aquel lugar que desde aquí se parece; y por estar tan cerca y excusar el trabajo de desnudarnos y volvernos á vestir, nos vamos vestidos con los mismos vestidos que representamos.

»Aquel mancebo va de muerte, el otro de ángel, aquella mujer, que es la del autor, va de reina, el otro de soldado, aquel de emperador, y yo de demonio, y soy una de las principales figuras del auto, porque hago en esta compañía los primeros papeles: si otra cosa vuesa merced desea saber de nosotros, pregúntemelo, que yo le sabré responder con toda puntualidad, que como soy demonio todo se me alcanza. Por la fe de caballero andante, respondió Don Quijote, que así como vi este carro imaginé que alguna grande aventura se me ofrecía, y ahora digo que es menester tocar las apariencias con la mano para dar lugar al desengaño. Andad con Dios, buena gente, y haced vuestra fiesta, y mirad si mandáis algo en que pueda seros de provecho, que lo haré con buen ánimo y buen talante, porque desde muchacho fui aficionado a la carátula [teatro con máscaras], y en mi mocedad se me iban los ojos tras la farándula.

»Estando en estas pláticas quiso la suerte que llegase uno de la compañía, que venia vestido de bogiganga (4) con muchos cascabeles, y en la punta de un palo traía tres vejigas de vaca hinchadas, el cual moharracho llegándose a Don Quijote comenzó á esgrimir el palo y a sacudir el suelo con las vejigas, y a dar grandes saltos sonando los cascabeles, cuya mala visión así alborotó a Rocinante, que sin ser poderoso a detenerle Don Quijote, tomando el freno entre los dientes, dio a correr por el campo con mas ligereza que jamás prometieron los huesos de su anatomía. Sancho, que consideró el peligro en que iba su amo de ser derribado, saltó del rucio, y a toda priesa fue a valerle; pero cuando a él llegó ya estaba en tierra y junto a él Rocinante, que con su amo vino al suelo […]. (5).

El triunfo de la tarasca

Algunas representaciones de la fiesta de la Tarasca en Madrid en el siglo XVII.

La tarasca y los niños

En España, la tarasca cumplía las funciones de "monstruo asustador de niños", como el coco, es decir, ese monstruo que te come si te portas mal. Nos lo cuentan en su página, el equipo de "asustachicos":

Cucafera

Figura parecida a la Tarasca que aparece delante de la procesión de la Cinta, patrona de Tortosa (Tarragona), que sirve también para asustar a los niños. También la cita Amades, Costumari V, 94. Es una palabra compuesta de 'cuca' y 'fera'. [Albert Aragonés].

Tarasca

Asustachicos catalán, en forma de mula, también conocido como la Mula Guita. En el pueblo de Berga, durante la fiesta eucarística de la Patum, se construye una Tarasca disforme y monstruosa. Los niños de Berga no temen a la Tarasca, porque tienen sobrada ocasión de ver que se trata de un muñeco de cartón; pero los de las localidades cercanas son a menudo aterrorizados con este monstruo (Amades 1957: 269).

Durante las fiestas de Nuestra Señora de la Cinta, de la ciudad de Tortosa, salen tres extrañas tarascas, una mayor, que representa ser la madre de las otras dos más pequeñas, semejantes a unas tortugas, conocidas con el apelativo de cuca fera y que sirven de espantachicos a las madres del delta y de la ribera baja del Ebro (Amades 1957: 269).

La tarara

Mi tía Chata nos cantaba de chicos una canción popular que, probablemente, esté relacionada con la Tarasca: "la tarara sí, la tarara no". Esta es la letra:

Tiene la Tarara 
un vestido blanco
que sólo se pone
en el Jueves Santo.

La Tarara sí,
la Tarara no, (estribillo)
la Tarara madre
que la bailo yo.

Tiene la Tarara
un dedito malo
que no se lo cura
ningún cirujano.

(estribillo)

Tiene la Tarara
un cesto de frutas,
y si se las pido
me las da maduras.

(estribillo)

Tiene la Tarara
un cesto de flores,
que si se las pido
me las da mejores.

(estribillo)

Tiene la Tarara
unos pantalones
que de arriba a bajo
todo son botones.

(estribillo)

Tiene la Tarara
un vestido verde
lleno de volantes
y de cascabeles.

(estribillo)

Lorca recogió esta canción popular en su poema La tarara, que canta Camarón así de bien.

Notas

1. Santiago de la Vorágine, La Leyenda Dorada, ed. del doctor Grasse, Alianza Editorial, Madrid 1996. Vol. 1, págs. 419-420. En Borsari, Elisa. “Bestiario y tarascas alegóricas y carnavalescas del pueblo de Poggio Rusco (Mantua)”. Culturas Populares. Revista Electrónica 3. (septiembre-diciembre 2006).

2. David D. Gilmore. Monsters: evil beings, mythical beasts, and all manner of imaginary terrors. University of Pensylvania Press, 2003.

3. Corto y pego de la Wiki que estoy cansado. Otro día explico esto en detalle:

Un auto sacramental es una pieza teatral religiosa alegórica de un sólo acto y de tema preferentemente eucarístico que se representaba el día del Corpus entre los siglos XVI y XVIII, hasta la prohibición del género en 1765, por lo general con gran aparato escenográfico.

Biblio a consultar: Ignacio Arellano y J. Enrique Duarte, El auto sacramental. Madrid: Ediciones del Laberinto, 2003.

4. mojiganga: Fiesta pública que se hacía con disfraces estrafalarios, especialmente en figuras de diablos o animales.

5. Muy buena la nota que escribe Pellecer en la edición de 1864 que tiene digitalizada google:

«La representación de estos Autos, que son dramas alegóricos a los misterios de la religión, se hacía precisamente para solemnizar la festividad del Corpus y su octava, y era tan general, que no solo se ejecutaba en los teatros, sino delante de los Consejos de su Majestad y aun del tribunal de la Inquisición. Iban los comediantes a estas representaciones en carros triunfales , de donde salían las figuras alegóricas al tablado que se levantaba al descubierto en las calles y plazas, y por eso se significaba esta representación con la expresión técnico-dramática de hacer los carros.[…].

»Otras de las ceremonias con que se solemnizaba la festividad del Corpus y su octava, era la Tarasca, los Gigantones y las Danzas, aunque todo era simbólico y significativo. Hablando don Francisco de Quevedo, en su España defendida (id. s.) de las fiestas de España , dice que había en ellas «antiquísimas costumbres, como las danzas y matachines, y gigantones, y principalmente la que hoy llamamos Tarasca». Habla en efecto de ella Sexto Pompeyo, citado por el referido Quevedo, y dice: Uandueans efflgles in pompa antiquorum Inter caleras ridiculas formidolosanque iré sottbal, magnis malis, ac Itle dehitcens, el ingentem denlibus sonilum faciens. Que en español dice: «En las pompas y fiestas de los antiguos, solía ir la figura del Tragón entre las demás ridículas y espantosas, con grandes quijadas, con la boca desmesuradamente abierta, y haciendo gran ruido con los dientes». Así iba la que se usaba todavía en nuestros tiempos; y por esto y con alusión a su voracidad se decía y dice: echar guindas o caperuzas d la tarasca. Esta constaba de un serpentón engullidor, y de la figura de una mujer, estrambóticamente ataviada y sentada sobre él, y en ella se entendía a la meretriz de Babilonia sobre el Leviatán, esto es, el mundo, el infierno y la muerte vencidos por Jesús sacramentado que los llevaba delante como despojos de su triunfo. Con los gigantones se figuraba el gigante Goliat, degollado por David, y en ellos los pecados mortales destruidos por Cristo».

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