Tannhäuser Cabaret

Lloricas medievales

Un texto breve que escribí en 2009 sobre el simbolismo del lloro en la edad media.

Lloricas medievales

En más de una ocasión, leyendo literatura medieval, me llamó la atención la facilidad con que los héroes se entregaban a las lágrimas. ¡Lloricas! Pensaba para mí mismo, pero si no es para tanto.

—Señora, rezad por Garin, el de buen nombre, pues no volveréis a verlo en esta vida. —¡Por Santa María!, señor, ¿qué me decís?, ¿que mi señor ha dejado este mundo?. —Si señora, es la pura verdad, y de ello me duelo mucho. —Entonces la dama se desmaya cuatro veces seguidas. Huon llorando mansamente, la levanta del sueño…

(Huon de Burdeos, vs. 8700 y ss.).

Con sus ojos muy grandemente llorando
tornaba la cabeza y estábalos mirando:
vio las puertas abiertas, los postigos sin candado,
las perchas vacías sin pieles y sin mantos
y sin halcones y sin azores mudados.
Suspiró mío Cid triste y apesadumbrado.
Habló mío Cid y dijo resignado:
«¡Loor a ti, señor Padre, que estás en lo alto!
Esto me han urdido mis enemigos malos».

(Poema de Mío Cid. Cantar Primero: Destierro del Cid).

Los héroes lloran cuando se reencuentran, cuando abandonan el hogar, cuando regresan, al amar, al vencer en combate, al ver al rey, mientras contemplan a la amada, en presencia de la Virgen, con la madre, con el hijo… ¿Es que la templanza se esfumó al llegar el Medioevo?

En el ensayo Una historia del cuerpo en la Edad Media, Jacques Le Goff y Nicolas Truong explica la razón de tanto puchero:

«Los Padres del Desierto de Siria y Egipto son los primeros en convertir los llantos en uno de los centros de la vida espiritual […] Si la exhortación a llorar participa de la renuncia a la carne en el cristianismo de la Antigüedad tardía, es ante todo porque los llantos se inscriben en la economía de los líquidos del cuerpo que el asceta debe dominar. Beber poco reduce la cantidad de líquidos y en consecuencia la incitación al pecado; del mismo modo, llorar evacua estos líquidos y evita así su uso pecaminoso por parte del cuerpo en la sexualidad.

»Pero las lágrimas adoptarán otro significado en el medio monástico de la reforma gregoriana. La tensión entre el rechazo del cuerpo y la encarnación hará bascular la significación del llanto en beneficio de una cierta corporeidad. Las lágrimas se convertirán en el signo de la imitación, de la encarnación de Cristo en el hombre. Jesús llora tres veces en la Biblia […]

»Don de lágrimas y lágrimas de gracia son, pues, apreciadas y premiadas. Y otro tanto las lágrimas de plegaria y penitencia. Is qui luget: en la Edad Media, el monje se define, pues, como «aquel que llora». Y «aquel que no puede llorar sus pecados no es un monje», responde una santa al monje Walter que desea adquirir con ella la gracia de las lágrimas».

Notas

1. Esto aumenta la semblanza espantosa de otro llorica, el Diablo de la Divina Comedia, que «con seis ojos lloraba, y por tres barbas corría el llanto y baba sanguinosa». Sus lágrimas son el reflejo inverso de las lágrimas de Cristo, al igual que tiene tres rostros como oposición a la santa trinidad.

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