Tannhäuser Cabaret

p. balcánica 5: Berati

Un paseo por el pueblo de las mil ventanas

p. balcánica 5: Berati

Hacia Berati

Después de un día por Tirana, marché a Berati, en el sur, en una marshrutka, una especie de furgoneta grande que, con sus variantes, es muy popular en Asia y África. Cómo allí, solo salen cuando están llenas y las estaciones se encuentran en espacios abiertos al lado de alguna calle. En Tirana hay varias estaciones, por lo que conviene preguntar antes desde dónde sale la de cada destino. Y no hay que agobiarse por el caos aparente de los descampados donde están buses y marshrutkas: uno se acerca, pregunta al primer paisano que vea y en un santiamén todos se movilizan para buscar el que te toca, que son la ostia de maja esta gente.

Autobuses y marshrutkas en la estación de los que van al sur, que curiosamente se encuentra al norte

Me tocó al lado de una señora de unos 70 años muy simpática. Ella hablaba en albanés, yo en español y creo que en alguna vez hasta nos entendimos. En algún momento me quedé frito, pero la señora me despertó amablemente preocupada por la posición forzada de mi cuello, así como de gallina desnucada. El paisaje, una vez más, espectacular.

Berati

Berati es una de las localidades más antiguas de Albania y tal vez la más hermosa. Se la conoce como la ciudad de las mil ventanas por las casas del barrio antiguo de Mangalem, a orillas del río Osum. Son casas blancas con muchas ventanas que bajan escalonadas por la colina. Para disfrutarla con calma hay que echarle dos días, pero yo solo pude dedicarle uno.

Mangalem

La parte antigua se divide en cuatro zonas: el barrio de Gorica, al que se llega cruzando un puente sobre el Osum; el barrio de Mangalem, la ciudadela y el barrio musulmán, que no me dio tiempo a ver. Sus orígenes se remontan cuanto menos al siglo IV a. C. y es probable que se tratase de la ciudad griega de Antipatrea.

Gorica
Mangalem

Mangalem y Gorica son dos barrios muy bonitos, pero a mí me gustó aún más la ciudadela del castillo. Para llegar hay que subir una loma por una cuesta algo fatigosa, pero ya solo las vistas compensan cualquier esfuerzo. Son magníficas.

Gorica y el río Osum desde el castillo

La ciudadela está rodeada por una muralla medieval y tiene dos entradas principales, una al norte, más arriba, y otra al sur. Conviene empezar la visita por la del norte e ir bajando hacia la del sur. Para entrar se paga una nimiedad simbólica, no recuerdo si era el equivalente a uno o dos euros, que sirve para ayudar a conservarla. En la antigüedad era el centro del asentamiento, ya que estaba situada en un emplazamiento estratégico sobre una colina de unos 187 metros de altura que permitía controlar todo el valle que dificultaba su conquista.

Además, en la ciudadela se conservan ocho iglesias medievales y las ruinas de dos mezquitas, un caso muy raro en Albania, ya que en 1967 Hoxha declaró que la nación era oficialmente atea y, en línea con la revolución cultural china, ordenó destruir hasta la última piedra de la última iglesia y mezquita del país. Los fieles terminaron rezando en búnkeres y el país perdió gran parte de su legado cultural. Gracias a su importancia histórica, Berati se salvó de aquella campaña irracional y hoy podemos disfrutar de un buen bocado de historia del arte mientras paseamos por las callejuelas del castillo.

Iglesia de San Teodoro (siglo XVI)
Iglesia de San Nicolás (siglo XVI)
Iglesia de la Santa Trinidad, quizás la más bonita de todas (siglos XIII - XIV)
Ruinas de la Mezquita Roja (siglo XV)

El maestro Onufri

La única iglesia abierta al público que encontré fue la de Santa María construida en el siglo XIII sobre otra más antigua, que hoy sirve de museo a los pintores de arte sacro albaneses, entre los que destaca el maestro Onufri, un gran especialista en la decoración de iconostasios, que es como se llama una pared llena de iconos que suele separar el santuario de la nave principal.

Iconostasio de la iglesia de Santa María. © StefaniaB  

Onufri nació en algún momento del siglo XVI en Berati o Kastoria y pasó su juventud en Venecia, donde aprendió las nuevas maneras artísticas del Renacimiento. De vuelta en Albania y ya ordenado sacerdote de la iglesia ortodoxa, se especializó en la pintura de iconos, pero con un estilo personal que rompía por completo con la norma hierática y convencional del arte bizantino. Incorpora detalles realistas y rasgos de carácter a unas figuras que tradicionalmente eran iguales unas a otras, con la misma expresión, pose y aspecto. Pero lo que realmente me chifla es cómo manejaba los colores, que conseguía con mezclas personales dignas de un alquimista. De hecho, mola tratar de abstraerse de la línea, del dibujo, y centrarse solo en los colores como si fuera una obra de Kandinsky.

El nacimiento de Jesús. Esos caballos de colores me chiflan. Entre todos los colores Onufri destaca por su dominio del rojo

Fin de jornada

Terminé el día cenando un pincho de pollo con una ensalada de hortalizas y queso que estaba deliciosa. Fuera de Tirana, solo se encuentra verdura que cultivan ellos mismos, vegetaloides del tipo tomates, pepinos, pimientos, cebollas y calabacines. No le echan nada, tal vez porque no tienen dinero para comprar pesticidas y demás quimiascos con que se suele envenenar la comida por otros lados, y está espectacular.

Además, suelen comer carne a la brasa, pinchos varios y queso, que solo conviene comer en las zonas urbanas, donde estemos seguros de que se ha tratado, ya que en las zonas rurales puede estar con bacterias que provocan enfermedades jodidas, como la tuberculosis, al igual que sucede en cualquier otra zona del mundo, ojo, donde se tomen productos lácteos sin tratar.

Y hasta aquí Berati, donde me quedé con ganas de ver más cosas, al igual que me sucedió con el resto de Albania tal y como contaré en la próxima entrada de este viaje por la península Balcánica.

Berati desde el castillo

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