Tannhäuser Cabaret

p. balcánica 7: Ohrid

Por la capital intelectual del I imperio Búlgaro

p. balcánica 7: Ohrid

Malditas fronteras

Después de varios días por Albania tocaba ya cruzar a Macedonia del Norte, por lo que desperté ya un poco intranquilo y es que las fronteras me producen angustia y me da un no sé qué cada vez que paso una a pie… Me imagino que de repente va a suceder algo y no me van a dejar cruzar. Es un miedo irracional, pero igual que hay gente que tiene claustrofobia e incluso agorafobia, que es miedo al aire, yo tengo fronterofobia y de repente me achico y pongo sonrisa de imbécil del tipo soy un ángel que no lleva nada ilegal en la mochila y entrego el pasaporte esperando que ningún sello les resulte sospechoso… Patético, lo sé, pero es que además en este caso se sumaba que no tenía muy claro cómo cruzarla.

El plan era ir a Progradec, preguntar si había autobuses hasta la frontera y a las malas ir andando, que son solo unos 7 kilómetros, y luego seguir andando hasta San Naum, el primer pueblo macedonio a ese lado de la frontera, donde hay un monasterio espectacular. Al final fue más sencillo de lo esperado. En Pogradec encontré un taxi compartido que me costó unos 3 euros y me dejó muy cerca de la frontera, eché a andar y no habían pasado 5 minutos cuando me recogió una pareja de ingleses muy simpáticos que iban justo hasta San Naum. Gracias Hermes por cuidar de tus fieles.

La frontera se cruza sin problemas a pesar de mis temores

San Naum

San Naum se encuentra en el Parque Nacional de Galicica, a orillas del lago Ohrid, que es impresionante. En un promontorio del pueblo hay un monasterio de principios del siglo X que fue fundado por dos monjes llamados Naum y Clemente y se convirtió en uno de los principales centros culturales del medioevo macedonio, que por entonces era búlgaro, como veremos más adelante.

El sitio más importante del monasterio, que hoy en día se ha convertido casi en un parque temático, es una iglesia ortodoxa dedicada a los arcángeles Miguel y Gabriel que está en la plaza del centro.

El interior de la iglesia está completamente decorado con unos frescos del siglo XVIII.

Por lo que descubrí en San Naum, tenía tres formas de llegar a Ohrid, con un barco que salía a las 15:00, con un taxi que me iba a costar unos 20 euros o en un bus que salía a las 12:20. Por no estar ahí toda la mañana decidí coger el autobús. En la parada había una pareja joven de eslovenos y, a los cinco minutos de espera, un señor mayor todo huesos y pocos dientes nos ofreció llevarnos a Ohrid por 2 euros cada uno. Como costaba casi lo mismo que el precio del autobús y parecía que al menos esa mañana el señor estaba sobrio, aprovechamos la ocasión y llegamos a Ohrid poco después.

Cuando llegué me sorprendió ver una gran cantidad de ramas y árboles por el suelo y es que la noche anterior había sucedido una "catastrofa", como me decía un paisano de ahí y una tormenta descomunal había roto varios árboles. Luego me enteré que un poco más abajo, ya en Grecia, había provocado víctimas mortales : (

El centro intelectual del imperio búlgaro

Ohrid es una ciudad pequeña a orillas del lago homónimo, uno de los más antiguos del mundo. En la Antigüedad fue un enclave importante en la ruta que enlazaba el mar Adriático con el mar Negro y hoy es uno de los sitios más bonitos de Macedonia o, al menos, el más famoso. Para entender un poco mejor su importancia histórica hay que hablar de los búlgaros de hace 1.500 años.

Como toda Europa al sur del Danubio, Macedonia formaba parte del imperio Romano hasta que se se fue al garete en el siglo V, entre otras razones, por la invasión de Atila y los hunos, tatatatarabuelos de los kirguisos. Macedonia pasó a formar parte entonces del imperio bizantino, los herederos directos de la Roma clásica, pero al poco, en el siglo VII, les salió un rival por el control del territorio, los búlgaros.

Aquí unos amigos búlgaros. © Vasil Goranov

Hoy en día sigue sin estar claro de dónde diantres salen los búlgaros, que eran un pueblo estepario clásico, es decir, unos jinetes formidables que se agrupaban en clanes en torno a una familia real. Aliados con los eslavos, en el siglo VII eran ya una potencia formidable que ocupaba todo el territorio de la actual Bulgaria y poco después se expandieron hacia Macedonia y Albania.

Después de tropecientas mil batallas, los bizantinos llegaron a un acuerdo con ellos en el año 864. Los búlgaros debían dejar de dar la tabarra, se convertirían al cristianismo y a cambio reconocerían a su Khan, Boris I, como caesar de Bulgaria. Del término caesar se formaría con el tiempo la palabra tzar (zar). Los bizantinos pretendían así domesticar a este pueblo belicoso situándolos bajo su esfera religiosa, pero les salió mal la jugada, porque los reyes búlgaros -que eran muy despabilados- se dieron cuenta de la jugada e impulsaron la formación de su propia iglesia ortodoxa. Fue en esa época cuando se formó la Escuela literaria de Orhid, que entre otras cosas fue clave en la formación y difusión del cirílico, el alfabeto ininteligible que aún siguen usando por aquí, basado en el griego.

Así, en torno al lago Ohrid se levantaron una montonera de iglesias y monasterios y se consolidó una conciencia religiosa muy marcada. Búlgaros y bizantinos siguieron a la gresca durante siglos, hasta que llegaron los otomanos en el siglo XV y conquistaron a unos y otros, pero vale ya de historia y vamos con la ciudad actual.

El lago Ohrid

Ohrid

Ohrid es muy bonita y durante el verano acoge muchos turistas. El centro es uno de esos sitios un tanto espantosos de gente consumiendo sin parar mientras se fotografía a sí misma...

Pero a la que sales del centro desaparece ese turista cansino y la verdad es que la ciudad es preciosa. El recorrido por el casco histórico va siguiendo el lago en el sentido de las agujas del reloj por un laberinto de cuestas, escaleras y callejuelas formado por las casas tradicionales que se se conservan. La parte inferior era de piedra y la superior de madera encalada, menos las vigas, que de pintaban de negro o marrón oscuro.

La primera parada importante es la iglesia de santa Sofía, del siglo X y frescos de los siglos XI al XIV.

Cuando entré estaba casi vacía y un hombre de barba blanca tocaba un piano cerca del altar. Una delicia.

Los frescos me encantaron, sobre todo el central de la virgen con el niño.

El recorrido sigue hasta el extremo de la bahía, donde se encuentra la iglesia de San Juan Kaneo, del XIII, en un sitio muy acogedor, con el lago de fondo.

El camino continúa por un sendero bordeando el lago hasta que llegas a la llamada Fortaleza de Samuel, el castillo de la ciudad, reconstruido un porrón de veces y vuelto a tirar cada vez que llegaba un pueblo invasor nuevo, es decir, cada dos por tres, que esta zona era muy transitada y codiciada.

La fortaleza es bastante flojeras, casi que solo se conservan los muros, pero como me pirran los castillos allá que fui de cabeza. Las vistas compensaron la p#@# cuesta que hay que subir para llegar.

Cerca de la fortaleza de conserva un anfiteatro clásico, que hoy de sigue usando para eventos culturales.

Hay alguna iglesia más, pero esos fueron los sitios que más me gustaron. Estuve en Ohrid día y medio y de haber tenido varios días me habría gustado dar una vuelta por todo el lago, que hay muchísimos sitios chulos. Bueno, para la próxima vez que pase por ahí...

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